The story of my life

martes, 14 de junio de 2016

¡Nueva historia!

¡Hola! Cuánto tiempo. Tras meses intensos de estudio por fin tengo un descanso para escribir una historia y no simples textos como los tenía acostumbrados últimamente.
He comenzado una historia de magia, como en los viejos tiempos. La historia la subiré a Wattpad pero no aquí, pueden encontrarla por :
El Aquelarre: El Comienzo
Y si no les sale búsquenme por el nombre de usuario el cual es: ThePinkBlack
¡Gracias por la atención! Aquí les dejo el prólogo por si les gusta.

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Fue en una noche fría de febrero cuando los seis chicos se reunieron en la casa de vacaciones de uno de ellos, el viento soplaba y la nieve cubría algunos centímetros del suelo, pero eso a ellos no les importaba debido a que se encontraban en el interior de la casa de madera, junto a la chimenea de piedra.

Estaban sentados en círculo y en el centro tenían un libro abierto por la página doce. En el encabezado se podía leer "rituales de aprendizaje para brujas y brujos. ¿Cómo crear un aquelarre?". Sobre él había una chica inclinada, leyendo de lo más interesada.

-Esto es una mala idea. –Dijo una de las chicas, la única que temblaba a pesar de que no hacía frío en el interior, de hecho, el resto empezaba a tener bastante calor.

-Vamos, Harper, tranquilízate. –Le murmuró la chica que se encontraba inclinada en el libro a la castaña.

-¿Cómo quieres que me calme? No entiendo por qué estamos haciendo esto, es una tontería, no va a funcionar. Seguro que es una mentira. –Entonces la pelirroja alzó la cabeza en dirección hacia su amiga y sus ojos verdes, aquellos tenebrosos ojos verdes, la atravesaron duramente, sabía que se había pasado. –Vamos, Lex, sabes que no quería decir eso.

-Tú nunca quieres decir nada. –Harper suspiró, en tanto frustrada por la situación, sabía que no debía de nombrar nada que incumbiese a la madre de Lex, debido a que acababa de morir y su amiga todavía estaba bastante dolida. Era eso mismo lo que había hecho que fuese allí, si le demostraba a Lex que no venían de una generación de brujas y brujos que debían de enfrentarse al mayor aquelarre de la historia, podría superarlo y dejar el tema atrás.

Harper desvió la mirada hacia su otra amiga, Sophie, a pesar de que era gemela de Lex, no cualquiera lo diría. Físicamente eran como dos gotas de aguas, en cuanto a lo psicológico no tenían nada que ver. Ni si quiera se había inmutado por la indirecta mención de su madre, su mirada estaba perdida, como si pudiera mirar más allá, mucho más allá que todos ellos. Danny, el más atrevido de los chicos y aquél que había sido capaz de conquistar su corazón, cogió su mano. El único motivo por el que estaba allí era por ella, ni si quiera le caía bien Lex, pero haría cualquier cosa por su hermana, de la que estaba completamente enamorado. Sophie ni si quiera se dio cuenta de que quien sostenía su mano era aquel chico de ojos azules que tanto la atormentaba, no se fijó en que era el rubio quien la miraba. Quien la deseaba.

-¡Aquí está! Cogeos las manos todos, vamos. –Comenzó a decir Alexandra, animada. Entonces los dos chicos que hasta ese momento no habían hecho ningún comentario se miraron. Dylan, el más valiente de los dos, fue quien se lanzó a atraparle la mano a Nathan, la melena castaña del último se volvió al girar hacia su amigo y le sonrió, con aquellos hoyuelos que le salían siempre que lo hacía.–"Issi, Issi, Lissi, viaja y viaja por aquella montaña, recorre el prado y vuelve atrás. Issi, Issi, Lissi, desciende el río y recorre el sendero que te hará ver la señal. Issi, Issi, Lissi, concédenos el honor de entrar en tu reino y poder volar. Issi, Issi, Lissi, déjanos penetrar en tu reino de gloria y sanar todo aquello que roto está, déjanos reparar el dolor y volver a comenzar. Issi, Issi, Lissi, déjanos ser tu aquelarre, aquél que te sirva y ayude por los restos de la eternidad."

Mientras Alexandra recitaba aquello sus ojos verdes esmeraldas se habían oscurecido hasta quedar negros, su voz había ido subiendo de grado hasta casi gritar, pero sin quebrantarse, y las velas de un tono morado que había entorno a los seis chicos, apagadas, se encendieron en cuanto acabó, provocando que todos se diesen un susto tremendo. La luz del salón se apagó, junto con el fuego de la chimenea, quedando tan solo las velas para alumbrarlos. En la penumbra se observaron unos a otros, con las manos entrelazadas y una gota de sudor recorriéndoles la espina dorsal. Asustados, más asustados que nunca, mirándose unos a otros se dieron cuenta de que ya ninguno era igual que cuando llegaron. Algo había cambiado.

Comenzaron entonces a recitar lo que minutos antes Lex, una y otra vez, alzando más la voz, hasta que los gritos se escucharon en la última montaña de aquel lugar.

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