The story of my life

martes, 27 de agosto de 2013

En busca de la felicidad, capítulo cinco

Capítulo 5: ''La perdición de la esperanza''

Debe de ser media noche, aún camino por los extensos caminos que anteriormente había recorrido con Joe. Oh Joe, maldito Joe. Ese hombre realmente no merece la pena, y es que es por él el motivo de mi perdición, más no tiene ninguna explicación para el motivo de la actuación. Me siento decepcionada, realmente dolida. Nunca en mi vida me había sentido tan mal como ahora, ¿de verdad un hombre podía hacer tanto daño a una mujer? Al parecer sí.

¿De esto se trata el amor? De sufrir, sufrir y sufrir. Si es así espero que no venga a mi, porque no estoy dispuesta a aceptarlo. El amor no sirve para nada, igual que los hombres como Joe.
Mentiras, eso es lo único que saben decir. Decepcionarnos, eso es lo único que saben hacer. Amarnos, eso es lo que jamás podrán hacer.
Pero en cambio, nosotras, las mujeres, les decimos la verdad, intentamos hacer lo mejor por ellos, y los amamos incondicionalmente.
Y eso no es justo.
Un hombre, un hombre que sepa amar, respetar y decir la verdad, eso es lo que quiero. No un hombre que miente, decepciona e ilusiona, para eso prefiero no tener nada.
Y esa es la gran verdad, que los hombres no nos saben valorar... ¿Pero saben qué? Que algún día, las mujeres se cansarán dirán lo que sienten y el mundo cambiará. Y eso no tardará en llegar porque la mujer se tiene que hacer respetar.
Opiniones y opiniones, sentimientos y sentimientos, pensamientos y pensamientos, es lo que rozan nuestra cabeza y corazón.

¿Y si llega alguien y cambia esto? Quiero decir, una mujer que no ame, un hombre que ame, que se junten y lleguen a terminar esta tortura que se hace llamar amor, más yo no soy nadie para hacerlo así sin más.
Pero, si algún día eso llegase a pasar, crean me que sería la más feliz de los tiempos. ¿Y si este mundo cambiase? ¿Y si la mujer se hiciese valorar? Igual ya pido demasiado, pero ahora mismo es lo único en lo que puedo pensar.

Perdida, perdida estoy en mi mente y mi cuerpo. No sé donde estoy, es una extraña ciudad a la que nunca había ido. Se alzan grandes chozas, pero todo lo que se ve es oscuridad.

Y es ahí cuando me doy cuenta de que tengo miedo. Miedo del amor y de esta situación.

Pido un carruaje que me lleve a casa para así poder llegar sana y salva, no tengo dinero, en cuanto llegue a casa se lo daré. ¿Estarán mis padres preocupados? Probablemente, más yo no puedo hacer nada. Todo es culpa de Joe. Quizás soy egoísta al decir eso, más también es mi culpa por haber creído a semejante hombre, caí en la tentación del demonio, la tentación del amor, todos los hacemos, pero yo como la persona fuerte que soy salgo adelante y olvido ese tipo de tentaciones, no volveré a caer, nunca jamás, ¿que por qué estoy tan segura? Quién sabe, igual no tengo razón y sólo intento olvidar esto.

Miro por la ventana del carruaje, últimamente lo único que hago es reflexionar y eso no debe de ser muy bueno, porque nunca lo había hecho, aunque bueno, si tenemos en cuenta que ahora sólo hago cosas que antes no hacía.

¿Tengo miedo del amor? Estoy segura de que sí.
¿Estoy enamorada de Joe? No, y si alguna vez hubo amor lo ha destrozado con este acto tan impropio de un caballero.

El carruaje se detiene frente a mi casa, me bajo y le digo que espere.
Madre viene corriendo y me abraza entre lágrimas nada más verme.

-¿Dónde estabas? ¿Estás bien?

-Es sólo que me perdí, madre, no me ha ocurrido nada, estoy bien

Padre avanza y paga al señor del carruaje, éste sale a gran velocidad ya que aún le queda un gran viaje hasta llegar a su ciudad.

-¿Y Joe? -pregunta padre posicionándose a mi lado

-Él está bien, no os preocupéis

Madre asiente y nos hace entrar a casa.

Más tarde me encuentro en mi cama aseada y lista para dormir, cosa que hago nada más entrar en ella.

***

Abro los ojos molesta por el sol que entra desde la ventana, me revuelvo en las sábanas un poco más.

Pongo los pies en el frío suelo, me arrastro hasta llegar al aseo, allí me doy una rápida ducha y me pongo uno de mis mejores vestidos, hoy se daría una fiesta muy importante en casa.

-Buenos días, padres -digo al entrar en el comedor

-Buenos días hija, ¿cómo dormiste?

-Bien, gracias madre -digo mientras hago una pequeña sonrisa

-Desayuna rápido, tenemos que arreglar un montón de cosas para la fiesta de máscaras

-De acuerdo padre

Hago lo que me dice, me hago un bonito recogido, uno de los mejores que he llevado, me dejo un mechón rizado suelto en mi lado derecho, mi vestido es pomposo por debajo, tiene un pequeño escote por arriba, y unos bonitos lazos a ambos lados de mis brazos, tipo barco, es de color amarillo, pero en la parte de la falda justo en el centro hay un gran trozo blanco que hace que quede bonito y elegante. Uso tacones blancos y un bonito color carmesí en los labios.

Esta fiesta está dedicada para chicas como yo, habrán montones de hombres guapos y solteros, todos ellos llevarán máscaras, menos las chicas que estamos solteras, bajaremos la escalera y nos colocaremos todas en fila a un lado y un hombre apuesto estará esperándonos al otro, haremos un bonito baile y así esperan que surja el amor.

Más bien yo veo a mujeres y hombres desesperados por encontrar el amor, pero no puedo opinar aquí.
Seré la última en bajar.

Voy hacia el pasillo donde todas las chicas ya están preparadas para bajar, la fiesta empezará en breves, los hombres ya están colocados.

-Damas y caballeros, os presento a la preciosa Sheila Lastingne

Sheila baja las escaleras con una preciosa sonrisa mientras todos aplauden y se posiciona en el extremo contrario de la escalera donde se encuentra el chico con el cuál deberá bailar. Hace una reverencia y pasan a la siguiente chica.

Ya está, me toca bajar, estoy realmente nerviosa, nunca había hecho esto.

-Damas y caballeros, os presento a la chica más bonita del baile, ya saben que lo mejor hay que dejarlo para el final – dice mientras todos sueltan una risita – Magdalena Swaggy -todos aplauden y yo me siento realmente alagada

Bajo las escaleras con una gran sonrisa, me posiciono en mi lugar y hago mi mejor reverencia.

-Que las parejas procedan a bailar

Todas las chicas cogemos el brazo que nos tienden los chicos, bajamos y en la pista comenzamos a bailar una canción lenta y bonita.

-Tienes la sonrisa más bonita de todas las chicas, por favor, perdona me

Y no podía ser otro que Joe.

-¿Por qué lo hiciste?

-Pensé que si te sorprendía querrías estar conmigo

-¿Y crees que la mentira es la mejor opción?

-Realmente no sé en lo que estaba pensando, te pido de todo corazón que me perdones, no dormí en toda la noche pensando en ti, no me separé de ti en todo el camino desde la distancia para que no te ocurriese nada

-Todos los hombres sois iguales, no merece la pena intentarlo siquiera

-¿Por qué nos odias a todos? Vale que estés enfadada conmigo, pero no deberías de estarlo con todos

-Sólo te he dado mi opinión, o la tomas o la dejas, pero no me la vas a quitar

-Lena, no te puedes imaginar lo que siento cuando te veo, cuando has bajado las escaleras el corazón parecía que se me iba a salir, necesito que me digas lo que sientes por mi

-¿De verdad que lo quieres saber?

-Lo necesito

-Nada, no siento absolutamente nada por ti

-¿Por qué me mientes?

-Realmente no lo hago

-Tu mirada no dice lo mismo

-Tu corazón no dice lo mismo que tu boca, pero igual me he callado

-¿No me crees cuando te digo lo que siento?

-Hombre que siente mariposas no miente a su futura esposa

-¿Quieres ser mi esposa? ¿Es eso?

-No, no me refería a eso

Joe sonríe.

-¡Quieres ser mi esposa! ¡Sientes algo por mi! Esto es increíble

-Yo no dije eso -digo indignada

-Lo has insinuado, dios... Realmente me correspondes

-No, no lo hago

-¡Magdalena Swaggy me ama! -grita y todos los de la sala nos miran

-¡Es una broma! ¡Es una broma! -grito apresurada -¿Estás loco?

-Sí, por ti, y tú por mi

-Yo nunca dije eso, has entendido lo que has querido

-Te voy a proponer algo y me gustaría que aceptases

-Según lo que sea

-Casa te conmigo

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Siento la tardanza, estoy teniendo problemas familiares, intentaré escribir más amenudo, os dejo dos capis, espero que os gusten, love<3

Patri~ 

En busca de la felicidad, capítulo cuatro


Capítulo cuatro: ''Mentiras''

Vuelvo a mirar mi aspecto en el espejo, vestido de paseo, un moño perfecto. Son las cinco menos diez. Faltan diez minutos para que Joe llegue y estoy prácticamente desesperada, una nueva sensación, una que jamás había tenido.¿Por qué tengo tantas ganas de que venga? Es una pregunta sin respuesta que ronda en mi cabeza. Coloco un mechón rebelde y bajo las escaleras a su espera. Más le vale ser puntual si no yo me sé de alguien a quien no va a volver a ver. Miro hacia la ventana, un coche de caballos frena delante de la puerta y una gran sonrisa inunda mi cara, ¡ha venido! Realmente no pensé que lo haría.
Da tres toques en la puerta, salgo de mi ensoñación y me encamino a abrirle.

-Lena -dice con una reverencia

-Joe -digo mientras hago una reverencia perfecta

-¿Vamos? -dice y me tiende su brazo que cojo con gusto

Abre la puerta del coche y como todo un caballero me deja pasar a mi primero, cuando ya estoy posicionada, entra él y cierra la puerta con un fuerte estruendo haciendo que los caballos troten, no obstante, controlados por un buen señor.

-No pensé realmente que fueses a venir -dice y me mira con una sonrisa ladeada

-Yo pensaba que usted no vendría en mi busca

-¿Cómo no iba a ir un caballero en busca de una preciosa damisela?

-Oh por favor -digo negando con la cabeza

-¿Me va usted a decir que no es una preciosa damisela?

-Eso mismo

-Esto es ridículo

-Si usted lo dice -digo mientras me encojo de hombros

Se hace el silencio en el carruaje, miro hacia la ventana y veo bonitos paisajes pasar.

-¿Dónde vamos? -pregunto al ver que no conozco estos territorios

-Es una sorpresa

-No me gustan las sorpresas

-Vaya mentira acaba de decir, señorita, se nota en el brillo de sus ojos que le hace ilusión

-¿Ilusión? Siento desilusionarle, pero ilusión es una palabra que no está en mi diccionario

-Déjeme decirle señorita, que debería de renovar ese diccionario

-¿Por qué debería de hacerlo?

-Porque a veces, señorita, los cambios vienen muy bien

-No necesito ningún cambio, señor, mi vida está perfectamente así tal cual

Se inclina hacia atrás y ladea el rostro para poder observarme mejor.

-No pareces feliz

-Nunca dije que lo fuese

-¿No quieres ser feliz?

-Creo que todos queremos eso, señor

-Entonces, ¿por qué no dejas que yo te dé esa felicidad?

-Porque no creo que usted me la pueda dar

Hace una mueca bastante desagradable al oír mis palabras.

-¿Por qué piensa eso?

-Porque mi felicidad no depende de ninguna persona, y menos de un hombre

-Vaya, parece que tenemos aquí una feminista

-No lo niego, señor

-¿Puedo saber el motivo de esa decisión?

Me acerco a su oído mientras le susurro las siguientes palabras.

-No, no lo puedes saber

Suspira fuertemente y vuelve su rostro hacia la ventana que le corresponde y yo hago lo mismo.
Derrepente el carruaje se detiene en un gran estruendo haciendo casi que volquemos, fuera se oyen fuertes gritos, Joe me indica que me agache y eso hago inmediatamente. Ambos guardamos silencio e intentamos oír la conversación, pero las voces suenan demasiado distorsionadas como para poder interpretarlas. Fuera se oye un disparo, entonces es cuando me doy cuenta de que mi vida corre peligro. Mi respiración se vuelve fuerte y agitada, me aferro al brazo de Joe con brusquedad, y ahí es cuando se da cuenta de que tengo miedo. Me atrae hacia él y me abraza.

-No tengas miedo -me susurra

Y no es hasta ese momento en el que me doy cuenta de que estoy llorando y sollozando en voz baja. Joe me seca unas lágrimas que recorren mis húmedas mejillas.

-Estoy aquí, ¿vale? No te va a pasar nada mientras yo esté aquí -me mira a los ojos y entonces sé que me dice la verdad -voy a salir

-No, no lo hagas, por favor

-Si no lo hago, ellos entrarán, queda te aquí y no hagas ruido, así creerán que no hay nadie más

Asiento débilmente. Joe abre la puerta y sale, tengo el corazón en un puño, ¿y si le pasa algo? Sería mi culpa. Intento escuchar lo que dicen, y esta vez se oye con más claridad.
Pero un disparo acompañado de un grito hace que deje de oír para actuar, me levanto y abro la puerta, no puedo estar ahí sabiendo que la vida de Joe corre peligro, que le han hecho daño e incluso que ha muerto.
Bajo del carruaje y me encuentro con una escena que para nada pensaba encontrar.

-¿Qué es esto? -grito y los ojos de Joe parece que van a salirse de las órbitas

Y la escena es la siguiente: Joe discutiendo con una grabación.

-¿Intentabas hacerte el héroe? Esto me parece increíble -digo mientras lanzo lo brazos al aire

-No es lo que parece -dice mientras se a cerca a mi

-¿No? Pues explica me lo -grito

-Verás yo... -se queda en silencio

Doy los dos pasos que nos quedaban de separación y le doy una fuerte bofetada.

-¡No te vuelvas a acercar a mí en la vida!

Me doy la vuelta y empiezo a caminar de vuelta a casa, realmente no me importa si llego al anochecer. Oigo sus pasos detrás de mi.

-No me sigas -le grito

-Lena espera, esto no es lo que parece -dije en un tono lastimero

Paro en seco y me giro hacia él, mi cara está roja de la rabia.

-¡Esto no tiene ninguna otra explicación! -grito y vuelvo a andar

-Deja que te lleve a casa al menos

-No quiero que hagas nada por mí -escupo y me pierdo en mi caminar

martes, 6 de agosto de 2013

En busca de la felicidad, capítulo tres

Capítulo tres: ''Siento que tu sonrisa ilumina mi mundo''

Hoy el día es soleado, me visto con un vestido de paseo, me dejo mi larga melena suelta, bajo las escaleras lentamente, cojo el parasol y salgo a la calle.
Varios pájaros cantan, la gente pasea y sonríe, sin duda es un día espectacular, de estos en los que sólo te apetece salir y conocer el mundo. Mi melena se balancea con la suave brisa del viento, y yo tarareo una melodía. Doy un largo paseo, hasta llegar a las espectaculares vistas. El mejor lugar de todo el planeta. Donde todo comenzó.
Cuentan mis padres que cuando madre me contenía en su vientre, y ya estaba a punto de dar a luz, paseaban por este hermoso lugar, entonces fue cuando yo decidí que este sería mi lugar, marqué el territorio, y madre, dio luz en ese momento, aquí.
Cada vez que paseo por este lugar, la fuerte risa de un bebé resuena en mi cabeza, y es que la risa de un bebé es sin duda la mejor melodía que se puede oír.
Coloco un mantel debajo de la sombra del mejor árbol, de mi árbol. Cierro los ojos e imagino a un hermoso bebé correteando por aquí. Mi hijo. A pesar de no querer ningún amorío, si que quiero tener un hijo, no uno, si no muchos hijos, la sonrisa de un bebé es el mejor regalo de este mundo.

-¿Sigues sin creer en el destino? -susurra alguien en mi oído

Doy un respingo del susto y abro los ojos. Y entonces lo veo. Joe, o Joe, ¿qué hará él aquí?

-Me has asustado -digo intentando recuperar el pulso con normalidad

-Eso pretendía -dice con una sonrisa socarrona

Idiota.

-¿Qué haces aquí?

-Paseaba y te vi

-¿Me estás siguiendo? -digo con una ceja alzada

-¿Qué? O vamos, por favor , realmente no te creerás tan importante, ¿no?

-No encuentro otra explicación, señor

-Yo la tengo

-Pues dígame, ¿cuál es?

-El destino -susurra en mi oído haciendo que cada vello de mi piel se erice

-Por favor, deje de decir tonterías como esa

-¿No crees que ya tienes suficientes pruebas?

-Son casualidades

-Tal vez usted debería de madurar y darse cuenta de los hechos

-¿Me está llamando infantil? -digo alzando una ceja

-Puede -dice con una sonrisa ladeada

-Si yo soy infantil, ¿usted que es? ¿un feto?

-Señorita, le recuerdo que los fetos no hablan, ni comen, ni besan -dice diciendo esto último en mi oído -y yo sí

-Vaya, yo que creí que un neandertal tenía más cerebro que usted

Se ríe sonoramente provocando el mismo efecto en mi.

-Me encanta hacerla sonreír, señorita

-¿Por qué tanto interés en hacerlo?

-Porque señorita, debo decirle que, su sonrisa ilumina mi mundo

-Oh por favor, vaya se a decirle esas cursiladas a cualquiera de sus ligues, no soy como ellas

-Usted no es un ligue más, ni si quiera es un ligue, usted es mi adicción

-Deje se de hacerse el galán, que conmigo no va a funcionar

-Vaya señorita, ¿es que no va a creer mis sinceras palabras?

-Diga me buen señor, ¿A caso me conoce?

-Me encantaría hacerlo, si usted está dispuesta

-El caso es, señor, que no estoy dispuesta

-Vaya señorita, veo que sigue siendo usted la misma amargada de siempre

-¿Debería de tomármelo como un cumplido o un insulto?

-Como usted quiera, señorita, son sus sentimientos y puede interpretar mis palabras como mejor le parezca

-Vaya señor, eso es muy generoso por su parte

-Bueno, por una dama como usted hay que darlo todo

-Y por un caballero como usted, no hay que dar nada

Vuelve a reír.

-Me encanta cuando te pones chistosa

-No estoy haciendo bromas como para que andes riendo

-Hay señorita, ¿algún día cambiarás?

-Lo dudo mucho señor

-No lo hagas, por que así eres estupenda

-Señor, como siga mandándome indirectas, le aseguro que no me volverá a ver

-Oh venga, si sé que realmente se muere por que la bese

Suelto una carcajada amarga.

-¿Un beso? ¿De usted? Ni muerta, señor

-Lo estás deseando

-Se equivoca por completo

-No lo creo

Se acerca más a mi, tanto que oigo su respiración.

-Si me disculpa, me gusta respirar mi propio aire -digo señalando nuestra distancia

Suelta un bufido y yo sonrío por dentro. Nadie enamora a la fuerte Lena. Nadie. Ni si quiera un guapo caballero como él.

-Tengo que irme -digo mirando al cielo, que está empezando a tornarse oscuro

-¿Nos volveremos a ver? -dice con un deje de súplica

-Tal vez

-¿Le puedo pedir una cita?

-Me lo pensaré

-Necesito una respuesta ahora, señorita

-Está bien -digo finalmente

-Mañana a las cinco te paso a recoger

-De acuerdo

Me levanto, le hago una reverencia y me voy. Camino lentamente por el sendero, y el sonido de su risa se queda grabado en mi memoria.

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Como bien dije antes, aquí está el tercero, ya sé que es corto, pero bueno, no todos pueden ser largos, el próximo será más largo, les quiere

Patri.







En busca de la felicidad, capítulo dos

Capítulo dos: ''cosa del destino...''

-Magdalena, despierte se

Carraspee para que se diese cuenta de su error e inmediatamente soltó un pequeño oh

-Señorita Lena, el desayuno está servido, la están esperando

-Enseguida voy, Margared -digo con voz ronca

Margared sale de mi habitación, arrastro las sábanas y mi cuerpo queda al descubierto. Bajo las piernas lentamente, mis pies tocan las frías baldosas y un escalofrío recorre todo mi cuerpo. La seda de mi camisón rosa palo está un tanto arrugada dejando ver más parte de mi cuerpo de la que me gustaría, la aliso un poco para que me tape bien. Recorro la habitación en busca de mi armario, selecciono uno de mis vestidos para el té y procedo a bañarme. Entro al cuarto de baño y deslizo mi camisón posicionándolo en el suelo, recojo mi pelo todo lo que puedo para que no quede mojado. El agua fría se desliza por mi desnudo cuerpo lentamente, mi piel se eriza brevemente. Procedo a secarme y me visto con el vestido antes escogido. Suelto mi melena y la cepillo como puedo.

Cuando ya estoy lista bajo la gran escalera hasta llegar abajo, donde como bien había dicho Margared, me estaban esperando.

-Buenos días -digo con una reverencia

-Buenos días Magdalena – Dice madre con cara de aprobación al ver la ropa escogida

-¿Cómo has dormido? -Dice padre sirviéndose en su plato

-De maravilla padre, ¿Y ustedes?

-Dormimos bien -contestó madre secamente

-Esta tarde vendrán unos señores muy importantes a tomar el té, quiero que te comportes debidamente
-Lo haré padre, no tiene por qué preocuparse

-Eso esperamos, si te comportas del mismo modo que con los señores Jaderson, tendrás un severo castigo por tu actitud

-Esté tranquilo padre, no lo decepcionaré

Suelta un gruñido que podría entenderse como un ''eso espero''.

-Señorita Lena, ¿Está lista para sus clases?

-Sí, Margared

-Bien, entonces acompaña me

Margared me guía por un lujoso pasillo y nos adentramos en la tercera puerta del lateral izquierdo.

-Ponga se estos zapatos

Obedezco sus órdenes y procedo a ponérmelos.

-Bien

Coge unos libros de la estantería que posiciona en mi cabeza.

-Una señorita debe de aprender modales, pero sobretodo, debe aprender a andar bien -se toma una pausa para equilibrarlos, de este modo, no se caen – haz una reverencia de nivel uno

Tenemos diferentes reverencias:
  1. Las utilizamos cuando hay un rey o una reina, muestran más respeto que ninguna, son elegantes y profesionales.
  2. Las utilizamos cuando hay un señor o una señora importante.
  3. Las utilizamos para una persona de categoría baja.

La reverencia de nivel uno es la más difícil, sobretodo si tienes una tonelada de libros en la cabeza. La hago despacio, con delicadeza, procurando que los libros no se caigan, pero fallo en el intento y todos los libros acaban en el suelo.

-Lo siento -digo algo ruborizada

-Vuelve a intentarlo -recoge los libros del suelo y los vuelve a posicionar en mi cabeza

Con cuidado vuelvo a proceder a hacer la reverencia, aunque más que una reverencia, parece que voy a coger algo del suelo, pero al menos, los libros no se han caído.
Margared niega con la cabeza y yo muerdo mi labio con nerviosismo.
Con la regla que tiene en la mano derecha me propina un golpe en el brazo que hace que me frote con mi mano del otro brazo, acción que provoca que los libros se caigan y todo se vuelva un desastre. Margared me propina otro golpe provocando que la mire mal, y eso sólo hace que me de otro golpe, se me cristalizan los ojos, me escuece el brazo por los golpes, y mi cabeza duele por el peso de los libros, más Margared sólo mira indignada la escena murmurando que no valgo para nada.

-Coloca te los libros -dice- ¡Vamos!

Me inclino y recojo los libros esparcidos por la habitación, los coloco uno a uno con cuidado sobre mi cabeza, hago la reverencia y me sale medianamente bien.

-Eso está mejor -dice, más mi cara debe de ser todo un poema

Tras eso, hago el resto de reverencias que tengo que repetir varias veces y mis brazos se llevan muchos más golpes, golpes que dejan mi piel marcada e irritada.

-Camina -me dice con voz severa

Hago lo que me dice, al principio despacio pero al final con confianza.

-Bien, creo que ya hemos acabado por hoy.

Suelto un suspiro y quito los libros de mi cabeza. Me quito los zapatos y me coloco los míos, salgo de esa habitación la cual tengo apodada como tortura.
Miro mis brazos y están rojos por los golpes, puede que me quede marca, cuando da fuerte, se me quedan incluso moratones durante varios días.
Me dirijo al comedor donde la mesa ya está servida y mis padres sentados.

-¿Cómo te ha ido? -dice mi padre nada más sentarme

-Genial -intento que no suene con sarcasmo, pero fallo en el intento

Padre me mira con interrogación.

-No es nada -digo finalmente

Comemos en silencio, con el resonar de nuestros cubiertos y el sonido de nuestras bocas al masticar, más las palabras no vuelven a sonar.

-Los señores Swiftens ya están aquí -comunica Rafferson cuando terminamos de comer

-Haga los pasar a la sala del té, nosotros vamos en seguida -responde mi padre

Mi respiración se corta y mi corazón se acelera al oír ese apellido... Joe. Joe estará aquí.
Arrastro mi silla hacia atrás y me levanto junto con mis padres.
Andamos hasta la sala del té completamente en silencio, todos estamos nerviosos, ellos por sus negocios, yo por volver a verlo.

-Oh, señores Swiftens -dice madre nada más pasar, mientras hace una reverencia en la que yo la acompaño

-Querida, ¿como estás? -Le dice a mi madre mientras hace una reverencia

Miro por toda la habitación buscándolo, y entonces lo veo, mis ojos se encuentran con los suyos y mi corazón por un momento, juro, que deja de latir para luego hacerlo con más fuerza que nunca.
Hago una reverencia que él me devuelve y me sonríe.

-Siente sen, por favor -dice padre indicando con una mano los sofás

Trago saliva por que sé, que esto no va a acabar así.

Tomo asiento a un lado de madre, frente a Joe. Rafferson entra con una bandeja que contiene tazas de té y pastas que tomaremos a continuación. Las deja en la mesa y las coloca con sumo cuidado, haciendo un trabajo perfecto, al que por supuesto acompaño con un alago que él acepta con gusto, y vuelve a su trabajo.

-Y digan me, ¿qué me pueden aportar a mi? -dice madre

Inmediatamente desconecto de la conversación, cojo la taza y me pierdo en sus profundidades hasta que oigo una voz que me llama.

-Magdalena, ¿por qué no le enseñas a Joe el castillo?

-De acuerdo madre -digo, y salgo de la habitación con una reverencia

-Así que Magdalena -dice Joe cuando nos alejamos

-Lena -le corrijo

-Oh, pues no parece lo mismo

Refunfuño y decido no hacerle caso.

-Con que no crees en el destino, ¿eh?

-Es mera casualidad

-Señorita, perdone que le diga, que se equivoca

-Pues señor, déjeme decirle, que yo pienso que estoy en lo cierto

-Bueno, eso ya se verá

Le enseño la primera planta , subimos las escaleras y la primera habitación es la mía.

-Y este es mi cuarto -digo entrando en ella

-Muy bonito, como usted -dice y me dedica una mirada coqueta

Ruedo los ojos ante su comentario. Joe se tumba en mi cama y me indica que lo acompañe, cosa que hago pues estoy cansada de caminar.
Se gira hacia mi lado y me mira sonriendo.

-¿Qué? -le digo, alzando una ceja

-Nada, es solo que eres tan... Diferente

-¿En el buen o en el mal sentido?

-No lo sé

-Ah -digo

Levanta su brazo y me acaricia el pelo.

-Eh, no te pases -digo apartando su mano

-Oh, vamos...

-No -digo cortante

Se ríe mientras niega con la cabeza.

-No te conozco -digo mientras lo miro a lo ojos

-¿Me darás el placer de hacerlo?

-Eso lo decidirá ''el destino''

-¿No tienes ya las suficientes pruebas, señorita?

-Como bien ve, buen señor, no

-Vaya señorita, me decepciona

-Suelo hacerlo

-Eso puede cambiar -me dice y se acerca un poco más

-Estás sobrepasando mis límites -le digo mientras señalo la distancia

Ríe. Más fuerte que todas las otras veces. Y hace que suelte una leve risa.

-¿Vamos? -digo mientras me levanto

-No me apetece seguir viendo el castillo

-¿Y que te apetece hacer? -digo mientras me cruzo de brazos

-Quedarme aquí, contigo

Le miro y sonrío, será idiota, piensa que soy una mujer fácil, cosa que es totalmente mentira. Hago una reverencia de tercer grado, y salgo de la habitación.

-¿Acaba de insinuar que no valgo nada, señorita? -dice saliendo de la habitación y posicionándose a mi lado

-Puede -digo y sonrío para mis adentros al ver su cara descompuesta

-Usted realmente está loca

-Aquí el único loco es usted, que piensa que voy a quedarme ahí con usted

Termino de bajar las escaleras a toda prisa y salgo al jardín trasero, me adentro por el césped y los árboles, noto como me sigue, recojo la falda de mi vestido y empiezo a correr, me pierdo por el inmenso jardín, que ahora, se ha convertido en un frondoso bosque, el cual conozco a la perfección. Me pisa los talones, corro y corro, y cuando pienso que lo he perdido de vista, una mano me atrapa por la cintura. Tal es su fuerza que acabamos rodando por el césped, más no paramos de reír. A pesar de todo es divertido.
Paramos de rodar pero no de reír, la situación es graciosa, nuestros ojos tienen cierto brillo de la risa, Joe que estaba encima, se tumba a mi lado, miramos al cielo, el Sol desprende rayos cálidos.
Nos miramos y seguimos riendo, se me escapan varias lágrimas de la risa al igual que a él. No quiero que se acabe. Me gusta reír así, hacía años que no lo hacía.

-Me gusta este lugar

-A mi también -le digo mientras me seco las lágrimas

-¿Por qué huías?

Y esa pregunta me pilla desprevenida. ¿Por qué huía? No lo sé.

-Huía de ti -digo finalmente

-¿Por qué? No te voy a hacer nada

-No sé por que lo he hecho -digo mientras me encojo de hombros

-¿Lo volverás ha hacer? -me susurra al oído

-Puede -le susurro yo

-No lo harás

-¿Como estás tan seguro?

-No te dejaré marchar

Ahora quien ríe soy yo.

-Lo digo en serio -dice haciéndose el indignado

-Claro... -digo y sonrío

Me levanto del césped y camino al castillo. Joe camina a mi lado. Vamos en silencio todo el trayecto, contemplando la bella naturaleza.

-Recordaba el camino más corto -dice a medio camino

-Es lo que tiene ir corriendo

-¿Acaso quieres repetir? -dice alzando una ceja

-No, para nada

-Oh, vamos, lo estás deseando

-No -digo cortante -pesado

Murmura algo que no logro entender.
Llegamos al castillo, en la puerta están padre y madre junto a los señores Swiftens , supongo que esperando a Joe para irse.

-Gracias por la visita

-Oh, gracias a ustedes por el té y las pastas -murmuran madre y la señora Swiften

-Nos volveremos a ver, señorita -me dice Joe, besa mi mano, hace una reverencia y se va junto a sus padres

Noto un leve rubor en mis mejillas y mis padres me miran con un deje de interés. 

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¡Hola!
Aquí les traigo el segundo capítulo, lo siento por el retraso, por eso voy a subir también el tercero seguido, los tenía escritos pero he estado muy liada, la semana que viene (o antes) subiré el cuarto, espero que estén disfrutando, gracias por leer, y si les gusta si la recomiendan se lo agradecería, les quiere

Patri.