The story of my life

martes, 6 de agosto de 2013

En busca de la felicidad, capítulo dos

Capítulo dos: ''cosa del destino...''

-Magdalena, despierte se

Carraspee para que se diese cuenta de su error e inmediatamente soltó un pequeño oh

-Señorita Lena, el desayuno está servido, la están esperando

-Enseguida voy, Margared -digo con voz ronca

Margared sale de mi habitación, arrastro las sábanas y mi cuerpo queda al descubierto. Bajo las piernas lentamente, mis pies tocan las frías baldosas y un escalofrío recorre todo mi cuerpo. La seda de mi camisón rosa palo está un tanto arrugada dejando ver más parte de mi cuerpo de la que me gustaría, la aliso un poco para que me tape bien. Recorro la habitación en busca de mi armario, selecciono uno de mis vestidos para el té y procedo a bañarme. Entro al cuarto de baño y deslizo mi camisón posicionándolo en el suelo, recojo mi pelo todo lo que puedo para que no quede mojado. El agua fría se desliza por mi desnudo cuerpo lentamente, mi piel se eriza brevemente. Procedo a secarme y me visto con el vestido antes escogido. Suelto mi melena y la cepillo como puedo.

Cuando ya estoy lista bajo la gran escalera hasta llegar abajo, donde como bien había dicho Margared, me estaban esperando.

-Buenos días -digo con una reverencia

-Buenos días Magdalena – Dice madre con cara de aprobación al ver la ropa escogida

-¿Cómo has dormido? -Dice padre sirviéndose en su plato

-De maravilla padre, ¿Y ustedes?

-Dormimos bien -contestó madre secamente

-Esta tarde vendrán unos señores muy importantes a tomar el té, quiero que te comportes debidamente
-Lo haré padre, no tiene por qué preocuparse

-Eso esperamos, si te comportas del mismo modo que con los señores Jaderson, tendrás un severo castigo por tu actitud

-Esté tranquilo padre, no lo decepcionaré

Suelta un gruñido que podría entenderse como un ''eso espero''.

-Señorita Lena, ¿Está lista para sus clases?

-Sí, Margared

-Bien, entonces acompaña me

Margared me guía por un lujoso pasillo y nos adentramos en la tercera puerta del lateral izquierdo.

-Ponga se estos zapatos

Obedezco sus órdenes y procedo a ponérmelos.

-Bien

Coge unos libros de la estantería que posiciona en mi cabeza.

-Una señorita debe de aprender modales, pero sobretodo, debe aprender a andar bien -se toma una pausa para equilibrarlos, de este modo, no se caen – haz una reverencia de nivel uno

Tenemos diferentes reverencias:
  1. Las utilizamos cuando hay un rey o una reina, muestran más respeto que ninguna, son elegantes y profesionales.
  2. Las utilizamos cuando hay un señor o una señora importante.
  3. Las utilizamos para una persona de categoría baja.

La reverencia de nivel uno es la más difícil, sobretodo si tienes una tonelada de libros en la cabeza. La hago despacio, con delicadeza, procurando que los libros no se caigan, pero fallo en el intento y todos los libros acaban en el suelo.

-Lo siento -digo algo ruborizada

-Vuelve a intentarlo -recoge los libros del suelo y los vuelve a posicionar en mi cabeza

Con cuidado vuelvo a proceder a hacer la reverencia, aunque más que una reverencia, parece que voy a coger algo del suelo, pero al menos, los libros no se han caído.
Margared niega con la cabeza y yo muerdo mi labio con nerviosismo.
Con la regla que tiene en la mano derecha me propina un golpe en el brazo que hace que me frote con mi mano del otro brazo, acción que provoca que los libros se caigan y todo se vuelva un desastre. Margared me propina otro golpe provocando que la mire mal, y eso sólo hace que me de otro golpe, se me cristalizan los ojos, me escuece el brazo por los golpes, y mi cabeza duele por el peso de los libros, más Margared sólo mira indignada la escena murmurando que no valgo para nada.

-Coloca te los libros -dice- ¡Vamos!

Me inclino y recojo los libros esparcidos por la habitación, los coloco uno a uno con cuidado sobre mi cabeza, hago la reverencia y me sale medianamente bien.

-Eso está mejor -dice, más mi cara debe de ser todo un poema

Tras eso, hago el resto de reverencias que tengo que repetir varias veces y mis brazos se llevan muchos más golpes, golpes que dejan mi piel marcada e irritada.

-Camina -me dice con voz severa

Hago lo que me dice, al principio despacio pero al final con confianza.

-Bien, creo que ya hemos acabado por hoy.

Suelto un suspiro y quito los libros de mi cabeza. Me quito los zapatos y me coloco los míos, salgo de esa habitación la cual tengo apodada como tortura.
Miro mis brazos y están rojos por los golpes, puede que me quede marca, cuando da fuerte, se me quedan incluso moratones durante varios días.
Me dirijo al comedor donde la mesa ya está servida y mis padres sentados.

-¿Cómo te ha ido? -dice mi padre nada más sentarme

-Genial -intento que no suene con sarcasmo, pero fallo en el intento

Padre me mira con interrogación.

-No es nada -digo finalmente

Comemos en silencio, con el resonar de nuestros cubiertos y el sonido de nuestras bocas al masticar, más las palabras no vuelven a sonar.

-Los señores Swiftens ya están aquí -comunica Rafferson cuando terminamos de comer

-Haga los pasar a la sala del té, nosotros vamos en seguida -responde mi padre

Mi respiración se corta y mi corazón se acelera al oír ese apellido... Joe. Joe estará aquí.
Arrastro mi silla hacia atrás y me levanto junto con mis padres.
Andamos hasta la sala del té completamente en silencio, todos estamos nerviosos, ellos por sus negocios, yo por volver a verlo.

-Oh, señores Swiftens -dice madre nada más pasar, mientras hace una reverencia en la que yo la acompaño

-Querida, ¿como estás? -Le dice a mi madre mientras hace una reverencia

Miro por toda la habitación buscándolo, y entonces lo veo, mis ojos se encuentran con los suyos y mi corazón por un momento, juro, que deja de latir para luego hacerlo con más fuerza que nunca.
Hago una reverencia que él me devuelve y me sonríe.

-Siente sen, por favor -dice padre indicando con una mano los sofás

Trago saliva por que sé, que esto no va a acabar así.

Tomo asiento a un lado de madre, frente a Joe. Rafferson entra con una bandeja que contiene tazas de té y pastas que tomaremos a continuación. Las deja en la mesa y las coloca con sumo cuidado, haciendo un trabajo perfecto, al que por supuesto acompaño con un alago que él acepta con gusto, y vuelve a su trabajo.

-Y digan me, ¿qué me pueden aportar a mi? -dice madre

Inmediatamente desconecto de la conversación, cojo la taza y me pierdo en sus profundidades hasta que oigo una voz que me llama.

-Magdalena, ¿por qué no le enseñas a Joe el castillo?

-De acuerdo madre -digo, y salgo de la habitación con una reverencia

-Así que Magdalena -dice Joe cuando nos alejamos

-Lena -le corrijo

-Oh, pues no parece lo mismo

Refunfuño y decido no hacerle caso.

-Con que no crees en el destino, ¿eh?

-Es mera casualidad

-Señorita, perdone que le diga, que se equivoca

-Pues señor, déjeme decirle, que yo pienso que estoy en lo cierto

-Bueno, eso ya se verá

Le enseño la primera planta , subimos las escaleras y la primera habitación es la mía.

-Y este es mi cuarto -digo entrando en ella

-Muy bonito, como usted -dice y me dedica una mirada coqueta

Ruedo los ojos ante su comentario. Joe se tumba en mi cama y me indica que lo acompañe, cosa que hago pues estoy cansada de caminar.
Se gira hacia mi lado y me mira sonriendo.

-¿Qué? -le digo, alzando una ceja

-Nada, es solo que eres tan... Diferente

-¿En el buen o en el mal sentido?

-No lo sé

-Ah -digo

Levanta su brazo y me acaricia el pelo.

-Eh, no te pases -digo apartando su mano

-Oh, vamos...

-No -digo cortante

Se ríe mientras niega con la cabeza.

-No te conozco -digo mientras lo miro a lo ojos

-¿Me darás el placer de hacerlo?

-Eso lo decidirá ''el destino''

-¿No tienes ya las suficientes pruebas, señorita?

-Como bien ve, buen señor, no

-Vaya señorita, me decepciona

-Suelo hacerlo

-Eso puede cambiar -me dice y se acerca un poco más

-Estás sobrepasando mis límites -le digo mientras señalo la distancia

Ríe. Más fuerte que todas las otras veces. Y hace que suelte una leve risa.

-¿Vamos? -digo mientras me levanto

-No me apetece seguir viendo el castillo

-¿Y que te apetece hacer? -digo mientras me cruzo de brazos

-Quedarme aquí, contigo

Le miro y sonrío, será idiota, piensa que soy una mujer fácil, cosa que es totalmente mentira. Hago una reverencia de tercer grado, y salgo de la habitación.

-¿Acaba de insinuar que no valgo nada, señorita? -dice saliendo de la habitación y posicionándose a mi lado

-Puede -digo y sonrío para mis adentros al ver su cara descompuesta

-Usted realmente está loca

-Aquí el único loco es usted, que piensa que voy a quedarme ahí con usted

Termino de bajar las escaleras a toda prisa y salgo al jardín trasero, me adentro por el césped y los árboles, noto como me sigue, recojo la falda de mi vestido y empiezo a correr, me pierdo por el inmenso jardín, que ahora, se ha convertido en un frondoso bosque, el cual conozco a la perfección. Me pisa los talones, corro y corro, y cuando pienso que lo he perdido de vista, una mano me atrapa por la cintura. Tal es su fuerza que acabamos rodando por el césped, más no paramos de reír. A pesar de todo es divertido.
Paramos de rodar pero no de reír, la situación es graciosa, nuestros ojos tienen cierto brillo de la risa, Joe que estaba encima, se tumba a mi lado, miramos al cielo, el Sol desprende rayos cálidos.
Nos miramos y seguimos riendo, se me escapan varias lágrimas de la risa al igual que a él. No quiero que se acabe. Me gusta reír así, hacía años que no lo hacía.

-Me gusta este lugar

-A mi también -le digo mientras me seco las lágrimas

-¿Por qué huías?

Y esa pregunta me pilla desprevenida. ¿Por qué huía? No lo sé.

-Huía de ti -digo finalmente

-¿Por qué? No te voy a hacer nada

-No sé por que lo he hecho -digo mientras me encojo de hombros

-¿Lo volverás ha hacer? -me susurra al oído

-Puede -le susurro yo

-No lo harás

-¿Como estás tan seguro?

-No te dejaré marchar

Ahora quien ríe soy yo.

-Lo digo en serio -dice haciéndose el indignado

-Claro... -digo y sonrío

Me levanto del césped y camino al castillo. Joe camina a mi lado. Vamos en silencio todo el trayecto, contemplando la bella naturaleza.

-Recordaba el camino más corto -dice a medio camino

-Es lo que tiene ir corriendo

-¿Acaso quieres repetir? -dice alzando una ceja

-No, para nada

-Oh, vamos, lo estás deseando

-No -digo cortante -pesado

Murmura algo que no logro entender.
Llegamos al castillo, en la puerta están padre y madre junto a los señores Swiftens , supongo que esperando a Joe para irse.

-Gracias por la visita

-Oh, gracias a ustedes por el té y las pastas -murmuran madre y la señora Swiften

-Nos volveremos a ver, señorita -me dice Joe, besa mi mano, hace una reverencia y se va junto a sus padres

Noto un leve rubor en mis mejillas y mis padres me miran con un deje de interés. 

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¡Hola!
Aquí les traigo el segundo capítulo, lo siento por el retraso, por eso voy a subir también el tercero seguido, los tenía escritos pero he estado muy liada, la semana que viene (o antes) subiré el cuarto, espero que estén disfrutando, gracias por leer, y si les gusta si la recomiendan se lo agradecería, les quiere

Patri. 


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