Capítulo
dos: ''cosa del destino...''
-Magdalena,
despierte se
Carraspee
para que se diese cuenta de su error e inmediatamente soltó un
pequeño oh
-Señorita
Lena, el desayuno está servido, la están esperando
-Enseguida
voy, Margared -digo con voz ronca
Margared
sale de mi habitación, arrastro las sábanas y mi cuerpo queda al
descubierto. Bajo las piernas lentamente, mis pies tocan las frías
baldosas y un escalofrío recorre todo mi cuerpo. La seda de mi
camisón rosa palo está un tanto arrugada dejando ver más parte de
mi cuerpo de la que me gustaría, la aliso un poco para que me tape
bien. Recorro la habitación en busca de mi armario, selecciono uno
de mis vestidos para el té y procedo a bañarme. Entro al cuarto de
baño y deslizo mi camisón posicionándolo en el suelo, recojo mi
pelo todo lo que puedo para que no quede mojado. El agua fría se
desliza por mi desnudo cuerpo lentamente, mi piel se eriza
brevemente. Procedo a secarme y me visto con el vestido antes
escogido. Suelto mi melena y la cepillo como puedo.
Cuando
ya estoy lista bajo la gran escalera hasta llegar abajo, donde como
bien había dicho Margared, me estaban esperando.
-Buenos
días -digo con una reverencia
-Buenos
días Magdalena – Dice madre con cara de aprobación al ver la ropa
escogida
-¿Cómo
has dormido? -Dice padre sirviéndose en su plato
-De
maravilla padre, ¿Y ustedes?
-Dormimos
bien -contestó madre secamente
-Esta
tarde vendrán unos señores muy importantes a tomar el té, quiero
que te comportes debidamente
-Lo
haré padre, no tiene por qué preocuparse
-Eso
esperamos, si te comportas del mismo modo que con los señores
Jaderson, tendrás un severo castigo por tu actitud
-Esté
tranquilo padre, no lo decepcionaré
Suelta
un gruñido que podría entenderse como un ''eso espero''.
-Señorita
Lena, ¿Está lista para sus clases?
-Sí,
Margared
-Bien,
entonces acompaña me
Margared
me guía por un lujoso pasillo y nos adentramos en la tercera puerta
del lateral izquierdo.
-Ponga
se estos zapatos
Obedezco
sus órdenes y procedo a ponérmelos.
-Bien
Coge
unos libros de la estantería que posiciona en mi cabeza.
-Una
señorita debe de aprender modales, pero sobretodo, debe aprender a
andar bien -se toma una pausa para equilibrarlos, de este modo, no se
caen – haz una reverencia de nivel uno
Tenemos
diferentes reverencias:
- Las utilizamos cuando hay un rey o una reina, muestran más respeto que ninguna, son elegantes y profesionales.
- Las utilizamos cuando hay un señor o una señora importante.
- Las utilizamos para una persona de categoría baja.
La
reverencia de nivel uno es la más difícil, sobretodo si tienes una
tonelada de libros en la cabeza. La hago despacio, con delicadeza,
procurando que los libros no se caigan, pero fallo en el intento y
todos los libros acaban en el suelo.
-Lo
siento -digo algo ruborizada
-Vuelve
a intentarlo -recoge los libros del suelo y los vuelve a posicionar
en mi cabeza
Con
cuidado vuelvo a proceder a hacer la reverencia, aunque más que una
reverencia, parece que voy a coger algo del suelo, pero al menos, los
libros no se han caído.
Margared
niega con la cabeza y yo muerdo mi labio con nerviosismo.
Con
la regla que tiene en la mano derecha me propina un golpe en el brazo
que hace que me frote con mi mano del otro brazo, acción que provoca
que los libros se caigan y todo se vuelva un desastre. Margared me
propina otro golpe provocando que la mire mal, y eso sólo hace que
me de otro golpe, se me cristalizan los ojos, me escuece el brazo por
los golpes, y mi cabeza duele por el peso de los libros, más
Margared sólo mira indignada la escena murmurando que no valgo para
nada.
-Coloca
te los libros -dice- ¡Vamos!
Me
inclino y recojo los libros esparcidos por la habitación, los coloco
uno a uno con cuidado sobre mi cabeza, hago la reverencia y me sale
medianamente bien.
-Eso
está mejor -dice, más mi cara debe de ser todo un poema
Tras
eso, hago el resto de reverencias que tengo que repetir varias veces
y mis brazos se llevan muchos más golpes, golpes que dejan mi piel
marcada e irritada.
-Camina
-me dice con voz severa
Hago
lo que me dice, al principio despacio pero al final con confianza.
-Bien,
creo que ya hemos acabado por hoy.
Suelto
un suspiro y quito los libros de mi cabeza. Me quito los zapatos y me
coloco los míos, salgo de esa habitación la cual tengo apodada como
tortura.
Miro
mis brazos y están rojos por los golpes, puede que me quede marca,
cuando da fuerte, se me quedan incluso moratones durante varios días.
Me
dirijo al comedor donde la mesa ya está servida y mis padres
sentados.
-¿Cómo
te ha ido? -dice mi padre nada más sentarme
-Genial
-intento que no suene con sarcasmo, pero fallo en el intento
Padre
me mira con interrogación.
-No
es nada -digo finalmente
Comemos
en silencio, con el resonar de nuestros cubiertos y el sonido de
nuestras bocas al masticar, más las palabras no vuelven a sonar.
-Los
señores Swiftens ya están aquí -comunica Rafferson cuando
terminamos de comer
-Haga
los pasar a la sala del té, nosotros vamos en seguida -responde mi
padre
Mi
respiración se corta y mi corazón se acelera al oír ese
apellido... Joe. Joe estará aquí.
Arrastro
mi silla hacia atrás y me levanto junto con mis padres.
Andamos
hasta la sala del té completamente en silencio, todos estamos
nerviosos, ellos por sus negocios, yo por volver a verlo.
-Oh,
señores Swiftens -dice madre nada más pasar, mientras hace una
reverencia en la que yo la acompaño
-Querida,
¿como estás? -Le dice a mi madre mientras hace una reverencia
Miro
por toda la habitación buscándolo, y entonces lo veo, mis ojos se
encuentran con los suyos y mi corazón por un momento, juro, que deja
de latir para luego hacerlo con más fuerza que nunca.
Hago
una reverencia que él me devuelve y me sonríe.
-Siente
sen, por favor -dice padre indicando con una mano los sofás
Trago
saliva por que sé, que esto no va a acabar así.
Tomo
asiento a un lado de madre, frente a Joe. Rafferson entra con una
bandeja que contiene tazas de té y pastas que tomaremos a
continuación. Las deja en la mesa y las coloca con sumo cuidado,
haciendo un trabajo perfecto, al que por supuesto acompaño con un
alago que él acepta con gusto, y vuelve a su trabajo.
-Y
digan me, ¿qué me pueden aportar a mi? -dice madre
Inmediatamente
desconecto de la conversación, cojo la taza y me pierdo en sus
profundidades hasta que oigo una voz que me llama.
-Magdalena,
¿por qué no le enseñas a Joe el castillo?
-De
acuerdo madre -digo, y salgo de la habitación con una reverencia
-Así
que Magdalena -dice Joe cuando nos alejamos
-Lena
-le corrijo
-Oh,
pues no parece lo mismo
Refunfuño
y decido no hacerle caso.
-Con
que no crees en el destino, ¿eh?
-Es
mera casualidad
-Señorita,
perdone que le diga, que se equivoca
-Pues
señor, déjeme decirle, que yo pienso que estoy en lo cierto
-Bueno,
eso ya se verá
Le
enseño la primera planta , subimos las escaleras y la primera
habitación es la mía.
-Y
este es mi cuarto -digo entrando en ella
-Muy
bonito, como usted -dice y me dedica una mirada coqueta
Ruedo
los ojos ante su comentario. Joe se tumba en mi cama y me indica que
lo acompañe, cosa que hago pues estoy cansada de caminar.
Se
gira hacia mi lado y me mira sonriendo.
-¿Qué?
-le digo, alzando una ceja
-Nada,
es solo que eres tan... Diferente
-¿En
el buen o en el mal sentido?
-No
lo sé
-Ah
-digo
Levanta
su brazo y me acaricia el pelo.
-Eh,
no te pases -digo apartando su mano
-Oh,
vamos...
-No
-digo cortante
Se
ríe mientras niega con la cabeza.
-No
te conozco -digo mientras lo miro a lo ojos
-¿Me
darás el placer de hacerlo?
-Eso
lo decidirá ''el destino''
-¿No
tienes ya las suficientes pruebas, señorita?
-Como
bien ve, buen señor, no
-Vaya
señorita, me decepciona
-Suelo
hacerlo
-Eso
puede cambiar -me dice y se acerca un poco más
-Estás
sobrepasando mis límites -le digo mientras señalo la distancia
Ríe.
Más fuerte que todas las otras veces. Y hace que suelte una leve
risa.
-¿Vamos?
-digo mientras me levanto
-No
me apetece seguir viendo el castillo
-¿Y
que te apetece hacer? -digo mientras me cruzo de brazos
-Quedarme
aquí, contigo
Le
miro y sonrío, será idiota, piensa que soy una mujer fácil, cosa
que es totalmente mentira. Hago una reverencia de tercer grado, y
salgo de la habitación.
-¿Acaba
de insinuar que no valgo nada, señorita? -dice saliendo de la
habitación y posicionándose a mi lado
-Puede
-digo y sonrío para mis adentros al ver su cara descompuesta
-Usted
realmente está loca
-Aquí
el único loco es usted, que piensa que voy a quedarme ahí con usted
Termino
de bajar las escaleras a toda prisa y salgo al jardín trasero, me
adentro por el césped y los árboles, noto como me sigue, recojo la
falda de mi vestido y empiezo a correr, me pierdo por el inmenso
jardín, que ahora, se ha convertido en un frondoso bosque, el cual
conozco a la perfección. Me pisa los talones, corro y corro, y
cuando pienso que lo he perdido de vista, una mano me atrapa por la
cintura. Tal es su fuerza que acabamos rodando por el césped, más
no paramos de reír. A pesar de todo es divertido.
Paramos
de rodar pero no de reír, la situación es graciosa, nuestros ojos
tienen cierto brillo de la risa, Joe que estaba encima, se tumba a mi
lado, miramos al cielo, el Sol desprende rayos cálidos.
Nos
miramos y seguimos riendo, se me escapan varias lágrimas de la risa
al igual que a él. No quiero que se acabe. Me gusta reír así,
hacía años que no lo hacía.
-Me
gusta este lugar
-A
mi también -le digo mientras me seco las lágrimas
-¿Por
qué huías?
Y
esa pregunta me pilla desprevenida. ¿Por qué huía? No lo sé.
-Huía
de ti -digo finalmente
-¿Por
qué? No te voy a hacer nada
-No
sé por que lo he hecho -digo mientras me encojo de hombros
-¿Lo
volverás ha hacer? -me susurra al oído
-Puede
-le susurro yo
-No
lo harás
-¿Como
estás tan seguro?
-No
te dejaré marchar
Ahora
quien ríe soy yo.
-Lo
digo en serio -dice haciéndose el indignado
-Claro...
-digo y sonrío
Me
levanto del césped y camino al castillo. Joe camina a mi lado. Vamos
en silencio todo el trayecto, contemplando la bella naturaleza.
-Recordaba
el camino más corto -dice a medio camino
-Es
lo que tiene ir corriendo
-¿Acaso
quieres repetir? -dice alzando una ceja
-No,
para nada
-Oh,
vamos, lo estás deseando
-No
-digo cortante -pesado
Murmura
algo que no logro entender.
Llegamos
al castillo, en la puerta están padre y madre junto a los señores
Swiftens , supongo que esperando a Joe para irse.
-Gracias
por la visita
-Oh,
gracias a ustedes por el té y las pastas -murmuran madre y la señora
Swiften
-Nos
volveremos a ver, señorita -me dice Joe, besa mi mano, hace una
reverencia y se va junto a sus padres
Noto
un leve rubor en mis mejillas y mis padres me miran con un deje de
interés.
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¡Hola!
Aquí les traigo el segundo capítulo, lo siento por el retraso, por eso voy a subir también el tercero seguido, los tenía escritos pero he estado muy liada, la semana que viene (o antes) subiré el cuarto, espero que estén disfrutando, gracias por leer, y si les gusta si la recomiendan se lo agradecería, les quiere
Patri.
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