The story of my life

martes, 6 de agosto de 2013

En busca de la felicidad, capítulo tres

Capítulo tres: ''Siento que tu sonrisa ilumina mi mundo''

Hoy el día es soleado, me visto con un vestido de paseo, me dejo mi larga melena suelta, bajo las escaleras lentamente, cojo el parasol y salgo a la calle.
Varios pájaros cantan, la gente pasea y sonríe, sin duda es un día espectacular, de estos en los que sólo te apetece salir y conocer el mundo. Mi melena se balancea con la suave brisa del viento, y yo tarareo una melodía. Doy un largo paseo, hasta llegar a las espectaculares vistas. El mejor lugar de todo el planeta. Donde todo comenzó.
Cuentan mis padres que cuando madre me contenía en su vientre, y ya estaba a punto de dar a luz, paseaban por este hermoso lugar, entonces fue cuando yo decidí que este sería mi lugar, marqué el territorio, y madre, dio luz en ese momento, aquí.
Cada vez que paseo por este lugar, la fuerte risa de un bebé resuena en mi cabeza, y es que la risa de un bebé es sin duda la mejor melodía que se puede oír.
Coloco un mantel debajo de la sombra del mejor árbol, de mi árbol. Cierro los ojos e imagino a un hermoso bebé correteando por aquí. Mi hijo. A pesar de no querer ningún amorío, si que quiero tener un hijo, no uno, si no muchos hijos, la sonrisa de un bebé es el mejor regalo de este mundo.

-¿Sigues sin creer en el destino? -susurra alguien en mi oído

Doy un respingo del susto y abro los ojos. Y entonces lo veo. Joe, o Joe, ¿qué hará él aquí?

-Me has asustado -digo intentando recuperar el pulso con normalidad

-Eso pretendía -dice con una sonrisa socarrona

Idiota.

-¿Qué haces aquí?

-Paseaba y te vi

-¿Me estás siguiendo? -digo con una ceja alzada

-¿Qué? O vamos, por favor , realmente no te creerás tan importante, ¿no?

-No encuentro otra explicación, señor

-Yo la tengo

-Pues dígame, ¿cuál es?

-El destino -susurra en mi oído haciendo que cada vello de mi piel se erice

-Por favor, deje de decir tonterías como esa

-¿No crees que ya tienes suficientes pruebas?

-Son casualidades

-Tal vez usted debería de madurar y darse cuenta de los hechos

-¿Me está llamando infantil? -digo alzando una ceja

-Puede -dice con una sonrisa ladeada

-Si yo soy infantil, ¿usted que es? ¿un feto?

-Señorita, le recuerdo que los fetos no hablan, ni comen, ni besan -dice diciendo esto último en mi oído -y yo sí

-Vaya, yo que creí que un neandertal tenía más cerebro que usted

Se ríe sonoramente provocando el mismo efecto en mi.

-Me encanta hacerla sonreír, señorita

-¿Por qué tanto interés en hacerlo?

-Porque señorita, debo decirle que, su sonrisa ilumina mi mundo

-Oh por favor, vaya se a decirle esas cursiladas a cualquiera de sus ligues, no soy como ellas

-Usted no es un ligue más, ni si quiera es un ligue, usted es mi adicción

-Deje se de hacerse el galán, que conmigo no va a funcionar

-Vaya señorita, ¿es que no va a creer mis sinceras palabras?

-Diga me buen señor, ¿A caso me conoce?

-Me encantaría hacerlo, si usted está dispuesta

-El caso es, señor, que no estoy dispuesta

-Vaya señorita, veo que sigue siendo usted la misma amargada de siempre

-¿Debería de tomármelo como un cumplido o un insulto?

-Como usted quiera, señorita, son sus sentimientos y puede interpretar mis palabras como mejor le parezca

-Vaya señor, eso es muy generoso por su parte

-Bueno, por una dama como usted hay que darlo todo

-Y por un caballero como usted, no hay que dar nada

Vuelve a reír.

-Me encanta cuando te pones chistosa

-No estoy haciendo bromas como para que andes riendo

-Hay señorita, ¿algún día cambiarás?

-Lo dudo mucho señor

-No lo hagas, por que así eres estupenda

-Señor, como siga mandándome indirectas, le aseguro que no me volverá a ver

-Oh venga, si sé que realmente se muere por que la bese

Suelto una carcajada amarga.

-¿Un beso? ¿De usted? Ni muerta, señor

-Lo estás deseando

-Se equivoca por completo

-No lo creo

Se acerca más a mi, tanto que oigo su respiración.

-Si me disculpa, me gusta respirar mi propio aire -digo señalando nuestra distancia

Suelta un bufido y yo sonrío por dentro. Nadie enamora a la fuerte Lena. Nadie. Ni si quiera un guapo caballero como él.

-Tengo que irme -digo mirando al cielo, que está empezando a tornarse oscuro

-¿Nos volveremos a ver? -dice con un deje de súplica

-Tal vez

-¿Le puedo pedir una cita?

-Me lo pensaré

-Necesito una respuesta ahora, señorita

-Está bien -digo finalmente

-Mañana a las cinco te paso a recoger

-De acuerdo

Me levanto, le hago una reverencia y me voy. Camino lentamente por el sendero, y el sonido de su risa se queda grabado en mi memoria.

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Como bien dije antes, aquí está el tercero, ya sé que es corto, pero bueno, no todos pueden ser largos, el próximo será más largo, les quiere

Patri.







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