Capítulo
tres: ''Siento que tu
sonrisa ilumina mi mundo''
Hoy el día es
soleado, me visto con un vestido de paseo, me dejo mi larga melena
suelta, bajo las escaleras lentamente, cojo el parasol y salgo a la
calle.
Varios pájaros
cantan, la gente pasea y sonríe, sin duda es un día espectacular,
de estos en los que sólo te apetece salir y conocer el mundo. Mi
melena se balancea con la suave brisa del viento, y yo tarareo una
melodía. Doy un largo paseo, hasta llegar a las espectaculares
vistas. El mejor lugar de todo el planeta. Donde todo comenzó.
Cuentan mis padres
que cuando madre me contenía en su vientre, y ya estaba a punto de
dar a luz, paseaban por este hermoso lugar, entonces fue cuando yo
decidí que este sería mi lugar, marqué el territorio, y madre, dio
luz en ese momento, aquí.
Cada vez que paseo
por este lugar, la fuerte risa de un bebé resuena en mi cabeza, y es
que la risa de un bebé es sin duda la mejor melodía que se puede
oír.
Coloco un mantel
debajo de la sombra del mejor árbol, de mi árbol. Cierro los ojos e
imagino a un hermoso bebé correteando por aquí. Mi hijo. A pesar de
no querer ningún amorío, si que quiero tener un hijo, no uno, si no
muchos hijos, la sonrisa de un bebé es el mejor regalo de este
mundo.
-¿Sigues sin
creer en el destino? -susurra alguien en mi oído
Doy un respingo
del susto y abro los ojos. Y entonces lo veo. Joe, o Joe, ¿qué hará
él aquí?
-Me has asustado
-digo intentando recuperar el pulso con normalidad
-Eso pretendía
-dice con una sonrisa socarrona
Idiota.
-¿Qué haces
aquí?
-Paseaba y te vi
-¿Me estás
siguiendo? -digo con una ceja alzada
-¿Qué? O vamos,
por favor , realmente no te creerás tan importante, ¿no?
-No encuentro otra
explicación, señor
-Yo la tengo
-Pues dígame,
¿cuál es?
-El destino
-susurra en mi oído haciendo que cada vello de mi piel se erice
-Por favor, deje
de decir tonterías como esa
-¿No crees que ya
tienes suficientes pruebas?
-Son casualidades
-Tal vez usted
debería de madurar y darse cuenta de los hechos
-¿Me está
llamando infantil? -digo alzando una ceja
-Puede -dice con
una sonrisa ladeada
-Si yo soy
infantil, ¿usted que es? ¿un feto?
-Señorita, le
recuerdo que los fetos no hablan, ni comen, ni besan -dice diciendo
esto último en mi oído -y yo sí
-Vaya, yo que creí
que un neandertal tenía más cerebro que usted
Se ríe
sonoramente provocando el mismo efecto en mi.
-Me encanta
hacerla sonreír, señorita
-¿Por qué tanto
interés en hacerlo?
-Porque señorita,
debo decirle que, su sonrisa ilumina mi mundo
-Oh por favor,
vaya se a decirle esas cursiladas a cualquiera de sus ligues, no soy
como ellas
-Usted no es un
ligue más, ni si quiera es un ligue, usted es mi adicción
-Deje se de
hacerse el galán, que conmigo no va a funcionar
-Vaya señorita,
¿es que no va a creer mis sinceras palabras?
-Diga me buen
señor, ¿A caso me conoce?
-Me encantaría
hacerlo, si usted está dispuesta
-El caso es,
señor, que no estoy dispuesta
-Vaya señorita,
veo que sigue siendo usted la misma amargada de siempre
-¿Debería de
tomármelo como un cumplido o un insulto?
-Como usted
quiera, señorita, son sus sentimientos y puede interpretar mis
palabras como mejor le parezca
-Vaya señor, eso
es muy generoso por su parte
-Bueno, por una
dama como usted hay que darlo todo
-Y por un
caballero como usted, no hay que dar nada
Vuelve a reír.
-Me encanta cuando
te pones chistosa
-No estoy haciendo
bromas como para que andes riendo
-Hay señorita,
¿algún día cambiarás?
-Lo dudo mucho
señor
-No lo hagas, por
que así eres estupenda
-Señor, como siga
mandándome indirectas, le aseguro que no me volverá a ver
-Oh venga, si sé
que realmente se muere por que la bese
Suelto una
carcajada amarga.
-¿Un beso? ¿De
usted? Ni muerta, señor
-Lo estás
deseando
-Se equivoca por
completo
-No lo creo
Se acerca más a
mi, tanto que oigo su respiración.
-Si me disculpa,
me gusta respirar mi propio aire -digo señalando nuestra distancia
Suelta un bufido y
yo sonrío por dentro. Nadie enamora a la fuerte Lena. Nadie. Ni si
quiera un guapo caballero como él.
-Tengo que irme
-digo mirando al cielo, que está empezando a tornarse oscuro
-¿Nos volveremos
a ver? -dice con un deje de súplica
-Tal vez
-¿Le puedo pedir
una cita?
-Me lo pensaré
-Necesito una
respuesta ahora, señorita
-Está bien -digo
finalmente
-Mañana a las
cinco te paso a recoger
-De acuerdo
Me
levanto, le hago una reverencia y me voy. Camino lentamente por el
sendero, y el sonido de su risa se queda grabado en mi memoria.
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Como bien dije antes, aquí está el tercero, ya sé que es corto, pero bueno, no todos pueden ser largos, el próximo será más largo, les quiere
Patri.
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