Mi mirada recorre las
estanterías del supermercado de arriba abajo, atún, tomate y
patatas son algunos de los ingredientes que voy cogiendo. El carrito
está completamente lleno cuando me coloco en la cola para pagar,
espero, impaciente hasta mi turno. Poco a poco voy colocando en
bolsas las cosas, que luego meto dentro del carro para pagar y poder
volver más deprisa a casa.
-Son ciento treinta y dos
euros con cincuenta -señala la mujer que está detrás de la caja,
lleva recogida una coleta alta que se mueve al son de sus
movimientos.
-Muy bien -mi mandíbula
se descuadra un poco al escuchar el precio, suerte que cogí ciento
cincuenta por si las moscas. O mejor dicho, que debería de haber
cogido, ¡porque el monedero no está! ¡no está!
-¿Hay algún problema?
-dice la mujer esperando, con el ticket en la mano.
-¿Qué? No, no, ninguno.
Mis manos se deslizan con
rapidez por el bolso, buscando el monedero rosa pastel que me compré
hace dos semanas. Pero sin obtener ningún resultado, maldigo varias
veces y me golpeo en la cabeza, al recordar que tonta de mí,
seguramente lo había dejado en el coche.
-Perdón señorita, pero
tengo que seguir trabajando -señala su reloj, impaciente, no aparta
su mirada de mí en ningún momento.
-Me he dejado el monedero
en el coche, si me deja ir a buscarlo...
-No pretenderá robar,
¿verdad? ¡Seguridad! -pulsa un botón rojo, y al fondo aparecen dos
hombres corpulentos.
Asustada, agarro el carro
con una mano, y el bolso con otra, haciendo una maniobra para dar la
vuelta y empezar a correr. Esquivo a niños pequeños y madres al
teléfono, abuelas con bastones y adolescentes abrazados. Mi huida
provoca un caos en el supermercado, y de un momento a otro, todos me
dan caza.
Diviso las puertas a unos
metros de mí, y las cruzo con agilidad, chocando con una mujer
subida a unas escaleras, que acaba en el suelo.
-¡Perdón, perdón!
-grito mientras consigo pasar las puertas y pisar el duro asfalto, el
coche está a unos simples pasos de mí, lo abro con el mando y cojo
las bolsas antes de llegar para tirarlas al vuelo en los asientos
traseros, le doy una patada al carrito y arranco a toda velocidad, y
tras un giro brusco, consigo salir de los aparcamientos dejando a los
guardas atrás.
En unos minutos consigo
llegar a casa y depositar las bolsas en la mesa de la cocina,
suspirando coloco una mano en mi frente, secando el pesado sudor,
saco el móvil de uno de los bolsillos y... ¡Descubro el monedero
justo en el otro!
¡Bendita sea mi buena
suerte!
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¡Hola!
Aquí les traigo un capítulo de estas pequeñas mini historias, espero que les guste. Iba a subir el capítulo ocho de viaje para dos en recompensa de las muchas visitas que está teniendo últimamente el blog, pero he decidido dejarlo guardado porque en breves empieza aquí la feria y prefiero tenerlo reservado por si no puedo escribir, poder subir. Mil gracias por aguantar mis historias, espero que les haya gustado, un besazo y un abrazo, les quiere
Patri~
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