The story of my life

martes, 14 de junio de 2016

¡Nueva historia!

¡Hola! Cuánto tiempo. Tras meses intensos de estudio por fin tengo un descanso para escribir una historia y no simples textos como los tenía acostumbrados últimamente.
He comenzado una historia de magia, como en los viejos tiempos. La historia la subiré a Wattpad pero no aquí, pueden encontrarla por :
El Aquelarre: El Comienzo
Y si no les sale búsquenme por el nombre de usuario el cual es: ThePinkBlack
¡Gracias por la atención! Aquí les dejo el prólogo por si les gusta.

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Fue en una noche fría de febrero cuando los seis chicos se reunieron en la casa de vacaciones de uno de ellos, el viento soplaba y la nieve cubría algunos centímetros del suelo, pero eso a ellos no les importaba debido a que se encontraban en el interior de la casa de madera, junto a la chimenea de piedra.

Estaban sentados en círculo y en el centro tenían un libro abierto por la página doce. En el encabezado se podía leer "rituales de aprendizaje para brujas y brujos. ¿Cómo crear un aquelarre?". Sobre él había una chica inclinada, leyendo de lo más interesada.

-Esto es una mala idea. –Dijo una de las chicas, la única que temblaba a pesar de que no hacía frío en el interior, de hecho, el resto empezaba a tener bastante calor.

-Vamos, Harper, tranquilízate. –Le murmuró la chica que se encontraba inclinada en el libro a la castaña.

-¿Cómo quieres que me calme? No entiendo por qué estamos haciendo esto, es una tontería, no va a funcionar. Seguro que es una mentira. –Entonces la pelirroja alzó la cabeza en dirección hacia su amiga y sus ojos verdes, aquellos tenebrosos ojos verdes, la atravesaron duramente, sabía que se había pasado. –Vamos, Lex, sabes que no quería decir eso.

-Tú nunca quieres decir nada. –Harper suspiró, en tanto frustrada por la situación, sabía que no debía de nombrar nada que incumbiese a la madre de Lex, debido a que acababa de morir y su amiga todavía estaba bastante dolida. Era eso mismo lo que había hecho que fuese allí, si le demostraba a Lex que no venían de una generación de brujas y brujos que debían de enfrentarse al mayor aquelarre de la historia, podría superarlo y dejar el tema atrás.

Harper desvió la mirada hacia su otra amiga, Sophie, a pesar de que era gemela de Lex, no cualquiera lo diría. Físicamente eran como dos gotas de aguas, en cuanto a lo psicológico no tenían nada que ver. Ni si quiera se había inmutado por la indirecta mención de su madre, su mirada estaba perdida, como si pudiera mirar más allá, mucho más allá que todos ellos. Danny, el más atrevido de los chicos y aquél que había sido capaz de conquistar su corazón, cogió su mano. El único motivo por el que estaba allí era por ella, ni si quiera le caía bien Lex, pero haría cualquier cosa por su hermana, de la que estaba completamente enamorado. Sophie ni si quiera se dio cuenta de que quien sostenía su mano era aquel chico de ojos azules que tanto la atormentaba, no se fijó en que era el rubio quien la miraba. Quien la deseaba.

-¡Aquí está! Cogeos las manos todos, vamos. –Comenzó a decir Alexandra, animada. Entonces los dos chicos que hasta ese momento no habían hecho ningún comentario se miraron. Dylan, el más valiente de los dos, fue quien se lanzó a atraparle la mano a Nathan, la melena castaña del último se volvió al girar hacia su amigo y le sonrió, con aquellos hoyuelos que le salían siempre que lo hacía.–"Issi, Issi, Lissi, viaja y viaja por aquella montaña, recorre el prado y vuelve atrás. Issi, Issi, Lissi, desciende el río y recorre el sendero que te hará ver la señal. Issi, Issi, Lissi, concédenos el honor de entrar en tu reino y poder volar. Issi, Issi, Lissi, déjanos penetrar en tu reino de gloria y sanar todo aquello que roto está, déjanos reparar el dolor y volver a comenzar. Issi, Issi, Lissi, déjanos ser tu aquelarre, aquél que te sirva y ayude por los restos de la eternidad."

Mientras Alexandra recitaba aquello sus ojos verdes esmeraldas se habían oscurecido hasta quedar negros, su voz había ido subiendo de grado hasta casi gritar, pero sin quebrantarse, y las velas de un tono morado que había entorno a los seis chicos, apagadas, se encendieron en cuanto acabó, provocando que todos se diesen un susto tremendo. La luz del salón se apagó, junto con el fuego de la chimenea, quedando tan solo las velas para alumbrarlos. En la penumbra se observaron unos a otros, con las manos entrelazadas y una gota de sudor recorriéndoles la espina dorsal. Asustados, más asustados que nunca, mirándose unos a otros se dieron cuenta de que ya ninguno era igual que cuando llegaron. Algo había cambiado.

Comenzaron entonces a recitar lo que minutos antes Lex, una y otra vez, alzando más la voz, hasta que los gritos se escucharon en la última montaña de aquel lugar.

viernes, 3 de abril de 2015

Información

¡Hola chicos!

Supongo que mi inspiración no es buena en lo absoluto, no me siento con la suficiente capacidad como para escribir toda una novela completa, pero sí para escribir pequeños textos, así que he creado un blog en el que subirlos, por si os interesa.
De igual forma dejaré este abierto por si algún día me animo a seguir escribiendo.

Pueden leer los textos si ponen:

Lasnovelasquemastegustantextos.blogspot.com.es

¡Gracias!

Un beso, Patri.

viernes, 30 de mayo de 2014

Viaje para dos. Capítulo diez

La misma pregunta recorre mi mente una y otra vez, ¿quién es esa chica? Y es que por más que haya querido aclararme a mí misma de que solo ha sido un espejismo, o una persona normal, nada de ello tiene sentido. Elliot la vio, quedando descartada la primera hipótesis, y respecto a la segunda, todo es confuso, porque ¿desde cuando los seres humanos son tan perfectos y bellos? Desde siempre, nos han enseñado que la perfección no existe, y que en tal caso, tiene el nombre de Dios.

Cierro los ojos, personas a mi alrededor hablan sin parar, susurrando, en voz alta o simplemente gritando, no me importa. Tan solo quiero evadirme del mundo, aunque tan solo sea por unos segundos, sentir paz y serenidad, quiero sentirme como me sentí allí. Pero por más que lo intento, ni si quiera se acerca.

-Iris -me llama Michael, lentamente abro un ojo y luego el otro, para contemplar su rostro con inicios de arrugas -¿estás lista? -asiento, impaciente por poder llegar a aquel lugar.

Me levanto del sofá y sigo a Elliot que se encuentra a unos pasos por delante de mí. Antes he visto su rostro, al parecer tampoco ha dormido, sus grandes y oscuras ojeras lo delatan, también lo hacen su rostro decaído y sus ojos rojos y llorosos.

-¿Puedo preguntarte algo? -la pregunta va para Michael, es tan solo una de las que tanto he pensado a lo largo de la noche.

-Adelante -murmulla, amablemente, pero su tono es rechinante.

-Si el futuro puede cambiar con un simple pestañeo que haga una persona, cualquier decisión que tomen, ¿cómo vamos a encontrar a nuestros hermanos si cada vez que viajemos al futuro, estaremos en un lugar diferente, si nunca podremos regresar al mismo lugar que fuimos la otra vez ya que ese futuro no volverá a existir, por lo tanto, tampoco al que ellos viajaron?

Me mira, entre pensativo y asombrado. La pregunta le ha pillado con la guardia baja.

-Es una pregunta compleja, pero a la vez sencilla de responder. Simplemente porque nuestros portales eligen un futuro de entre todos, siempre el mejor, y no lo cambia a menos que nosotros pidamos otro al azar, y eso, por supuesto que no lo hemos cambiado. Pasamos años investigando diferentes futuros hasta quedarnos con el mejor, todos ellos quedan registrados y podemos volver cuando queramos, de esta forma, podemos coger lo mejor de cada uno y poder llevarlo todo a nuestro presente para pasarlo a un mejor futuro, ya que tendremos lo mejor de cada alternativa, conjunto en uno.

-¿A eso se dedican todas estas personas? Quiero decir, ¿el único objetivo es ese?

-No exactamente, pero sí que es uno de ellos.

-¿Y cuáles son los otros? -mi curiosidad incrementa conforme la conversación avanza, necesito saciarla, beber para calmar mi sed.

-Eso, es información confidencial -me mira, con los ojos entrecerrados y una maldad impregnada y escondida entre sus palabras, que escupe como una serpiente para envenenar.

Llegamos a la sala, que está justamente como la recuerdo, tal y como estaba ayer. Suspiro, mientras Michael prepara todo para poder irnos.

-¿Cuánto tiempo vamos a estar? -Elliot habla por primera vez desde que llegamos, su voz es ronca y cansada, confirmando más mis sospechas.

-Una hora.

Ambos nos asombramos, pero ninguno se niega. Quiero saber más de ese lugar, de esa muchacha, necesito encontrar respuesta a todas mis preguntas, contemplar ese lugar, volver a ver la perfección y sentir la paz que ayer sentí, que solamente allí puedo sentir.

-Ya está todo listo, no os alejéis mucho del portal y recordad, observad y guardad en la memoria todo lo que podáis.

Asentimos, entro yo primero, sintiendo la misma pesadez en el estómago, la negrura que me atrapa y me consume poco a poco, el mareo y las cosquillas en los pies. Hasta que toco la suave nieve, lentamente abro los ojos, cegados por la claridad. Siento un peso caer a mi lado, Elliot se sacude la nieve y yo entierro mis manos en ellas, suave, fría y bonita nieve.
Mis ojos buscan desesperados la figura de aquella chica, y la encuentran, me levanto rápidamente, sacudo mis pantalones y ando, primero despacio, pero poco a poco voy acelerando. Noto el sonido de unos pies atrás, y una mano caliente agarrar mi brazo.

-¿Qué haces? No podemos alejarnos demasiado de aquí, ¿recuerdas?

-Solo quiero alcanzar el extremo de aquella orilla -murmuro, mientras tiro de mi brazo, quedando su mano en el aire, enfriándose poco a poco por el frío y el espesor de la nieve.

-¿Por qué quieres llegar allí? ¡Es completamente imposible! El lago está helado, si intentas pasar probablemente el hielo se quebrajará y acabarás en el agua helada, quedarás empapada por una hora ¿eres consciente de lo que viene después?

Suspiro, cambio el peso de mi cuerpo al otro pie, empiezo a cansarme de él.

-Tú haz lo que quieras, por mí como si quieres quedarte aquí sentado toda la hora.

Vuelvo a caminar, pero sigo escuchando sus pasos detrás.

-No te voy a dejar sola.

-No me va a pasar nada, no soy una niña de la que tengas que cuidar.

-Yo no he dicho eso.

-Prácticamente, lo has insinuado.

-No, a lo que yo me refería, es a que esto es cosa de dos, y pienso acompañarte hasta el final, por muy peligroso y arriesgado que sea.

Su respiración es agitada mientras lo dice, y una capa blanca nos envuelve cuando ambos suspiramos.

-Entonces, sígueme -murmuro, rompiendo nuestras miradas entrelazadas, para seguir avanzando.

La veo, la siento. Está cerca, mueve las manos de un lado a otro entre la nieve, construye pequeños muñecos de nieve, y los destruye, hace un ángel, y lo borra cayendo sobre él. Y entonces estamos frente a frente, separadas por unos simples metros de hielo.

-¡Hola! -grito, intentando llamar su atención. No responde, me mira, su sonrisa es maligna, y entonces desaparece.

Doy un salto hacia atrás, asustada, y Elliot repite mi gesto.

-¿Qué ha sido eso? -pregunta, abriendo y cerrando los ojos muchas veces, para comprobar si lo que ha visto es real.

-No lo sé -el corazón me late intensamente, se agita en su pequeño hueco mientras la adrenalina corre por mis venas, corre, como yo.

Corro entre los árboles, perdiéndome entre la espesura de la nieve, sintiendo como el viento roza mi nombre. Está detrás de mí, lo sé, por sus pasos débiles y ágiles, no como los de Elliot, que son fuertes y estruendosos. Entonces me doy la vuelta, mantiene la misma sonrisa de antes, que hace agitar mi corazón aún más.

-¿Quién eres? -pregunto, sintiendo como cada vello de mi piel se eriza.

-Creo que esa pregunta, tendría que hacerla yo -tiene un retintín al hablar, su tono es chirriante para mis oídos, melodioso, dulce, es contradictorio, pero a la vez maravilloso.

-Soy Iris -mis ojos se desplazan lejos, donde veo la sombra de Elliot llegar.

Su sonrisa no se borra, tampoco lo hace cuando Elliot pasa por su lado y coloca su mano sobre mi hombro.

-¿Y tú? -pregunto, ansiosa, desesperada por saberlo.

-Deberías saberlo -dice, alzando una ceja, molesta conmigo y consigo misma por no lograr que todos sepan su nombre.

-Pues como ya ves, no es así -Elliot aprieta mi hombro,en señal de que deje de hablar.

No sabemos a quién nos enfrentamos, o mejor dicho, a qué.

-Soy Asidia, ¿quién es el muchacho que te acompaña? -pregunta jocosa, y sin saber por qué, intento taparlo con mi endeble y diminuto cuerpo.

-Soy Elliot -finalmente dice, haciendo que vuelva a sonreír de esa manera tan fúnebre, y entonces, vuelve a desaparecer.




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¡Hola!

Aquí les traigo, después de un largo mes, un nuevo capítulo. Siento mucho no haber podido subir, pero ya les dije que me iba a Francia, después de acampada, eso, exámenes y recuperar el tiempo perdido, se me hace complicado. ¡Y ahora esperan las dos peores semanas! No garantizo que suba, porque como he dicho, son las dos peores semanas, tengo que estudiar un montón, no hay día que no tenga examen y no puedo estar pensando en escribir, ni si quiera debería de haber escrito esto. Pero sinceramente necesitaba despejar mi mente, despegarme de los libros y dejar que fluya la inspiración. Intentaré subir pronto, en verano prometo subir más a menudo. ¡Un besazo y mil gracias por esperarme tan pacientemente! Les quiere,

Patri~

lunes, 28 de abril de 2014

Viaje para dos. Capítulo nueve

Mi corazón se acelera. Una semana. Eso es lo que ha pasado desde que llegué aquí por primera vez, y tras varias clases de defensa y preparaciones :ya estamos listos. O al menos, deberíamos. Pero no hay tiempo para asegurarnos de que lo estamos, porque de lo contrario podría ser demasiado tarde y sinceramente, mi mente y mi cuerpo no reaccionan de acuerdo con ésta elección, el dolor y el miedo es poderoso, pero más aún lo es el amor. Mi cabeza gira a una velocidad mágica, miles de recuerdos recorren mi mente, porque quien está a punto de salvar a mi hermana, o de tener la oportunidad de hacerlo, soy yo. Sólo yo.

Y el miedo, de perder mi vida por el camino, o de simplemente no llegar a salvar la suya, es tan grande, pero tan tan grande, que ni la persona más fuerte lo podría soportar. Y no, no voy a llorar por más que las lágrimas pidan salir de mí.

-¿Estás lista? -es Elliot quien habla, me mira con tristeza, pero a la vez puedo ver el miedo a través de sus ojos, está tan asustado como yo.

-No lo sé -mi voz suena rota, pero no puedo dejar que me delate, carraspeo y vuelvo a decir la frase con más claridad -¿y tú?

-No lo sé -dice, imitando mi frase. Agarro su mano con fuerza, transmitiéndole todo el cariño que puedo.

-Todo saldrá bien -es lo único que puedo murmurar, antes de que mi forzada sonrisa no se mantenga más en su lugar y desaparezca.

-Estoy seguro de eso -y es él quien sonríe, pero su sonrisa no es falsa como la mía, es verdadera, una sonrisa que transmite paz y serenidad, con la que tranquilamente podrías soñar toda la noche y aún así, no cansarte de ella.

Suspiro, mi cabeza se mantiene cabizbaja, hasta que él, con toda la suavidad del mundo, como si mi rostro fuese de porcelana, lo sube, y lentamente seca una lágrima traicionera, que yo no sabía que existía.

-Gracias -murmuro. No tengo respuesta, pero no me molesta, ya que el silencio que nos invade no es incómodo, sino reconfortante.

Se oye el ruido de la puerta, y un trajeado Michael entra tras ella.

-Seguidme -su tono no es amigable, ni simpático, ni si quiera tranquilizador, pero no queda más remedio que hacerle caso y avanzar.

Y ya no hay marcha atrás, porque después de escaleras, y escaleras y más escaleras, llegamos hasta la temible sala.
La mano de Michael se desliza por una pantalla táctil, marcando una fecha que aunque no me diga, ya sé cual es.

-¿Preparados? -tengo la tentación de negar con la cabeza, pero finalmente asiento -Voy a ajustar el tiempo a un minuto, observad todo lo que podáis y no os alejéis del portal, e inmediatamente luego vendréis y me informaréis de lo que habéis visto.

-De acuerdo -decimos ambos mientras nos acercamos al azulado portal.

Y de un instante a otro, me encuentro flotando en una espesa negrura mientras mi cuerpo da vueltas y siento una extraña sensación en el estómago, que me hace temblar, hasta que finalmente acabo aterrizando en un duro y frío suelo.

Una capa blanca recorre todo, y mi pelo poco a poco va tomando ese bonito color. Altos árboles se alzan a nuestro alrededor y el paisaje es tan bello, que hace revolcar a mi corazón. No me importaría quedarme aquí por siempre. Pero presiento que ese por siempre sólo durará unos minutos como el frío de la nieve me siga calando. A unos metros de nosotros hay un asombroso lago, que poco a poco se va congelando y va adquiriendo el color del lugar. Noto la presencia de Elliot a mi lado, pero ambos estamos demasiado ocupados admirando el paisaje como para decir palabra alguna, y sin darnos cuenta, el minuto pasa. Pero antes de eso, puedo observar a una bella muchacha, al fondo del lago, su piel es tan blanca como la nieve que nos rodea, sus ojos, por más lejos que nos encontremos, transmiten el brillante azul. Su pelo es largo y negro, haciendo destacar aún más sus bonitos ojos, y lleva un bonito vestido color rojo acompañado de sus labios del mismo color. Y como un espejismo, de repente desaparece, dejándome completamente confusa.

Entristecida, por desaparecer de aquel bonito lugar y a la vez extrañada por la aparición de aquella muchacha, tengo que volver al blanco de las feas paredes y no al de aquella mágica y especial nieve, entro a aquel maldito portal, que tanto me llega a trastornar.

Y tras relatar todo aquello que nuestra pupilas pudieron captar, nos dejan descansar para mañana volver a por más.

Y ya en mi cama, no puedo evitar soñar con aquella muchacha.


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¡Hola!

Antes que todo, perdón por no haber subido el viernes, pero es que estaba de feria y lo último que he pisado ha sido mi casa, ya de vuelta a la rutina pues aquí les subo el capi del viernes, aviso de que en dos semanas me voy a Francia de intercambio y no podré subir capítulo, para que luego no me reclamen xD pues nada, que siento que sea corto, espero que les guste, un besazo, les quiere

Patri~

sábado, 19 de abril de 2014

Viaje para dos. Capítulo ocho

Miradas curiosas observan quién es la chica que arrastra los pies por el pasillo, cuando observan quién es, pasan a ser despectivas. Sonrisas de bienvenida, que por mi parte podrían devolverse al lugar de donde han venido.
Y al fondo, justo en la esquina de la derecha, se encuentra mi salvación.

-¡Elliot! -saludo cuando me acerco, me responde con una sonrisa y dos besos, que acaban quedando marcados en mis mejillas aún después de haber sido dados.

-¡Buenos días Iris! -mi sonrisa se ensancha, y a modo de respuesta le paso la mano por el pelo.

Avanzamos por los blancos pasillos hasta una sala desconocida, esta vez, en lugar de bajar escaleras, las subimos. Tan sólo son dos plantas, pero parece un camino interminable de subir.

-Tened cuidado con el último escalón, tiene truco -murmura quejoso Brad.

-¿Qué quieres decir? -mi ceja intenta alzarse en modo de no entender, pero acabo haciendo un mohín extraño con la cara que hace reír a Sofía, una de las chicas que nos acompaña.

-Quiero decir que si lo pisáis, caeréis al vacío. Y sólo los más astutos saben salir de allí.

-¿Y eso por qué? Alguien podría bajar corriendo y sin darse cuenta pisarlo.

-Es para que no pase gente no deseada.

-Podría caer uno de los vuestros.

-Que hubiese tenido cuidado.

-Podrías ser tú -murmuro frustrada.

-Culpa mía entonces, un pequeño castigo.

-¿Realmente piensas que un pequeño despiste merece ser pagado con la muerte?

-Te está tomando el pelo -insinúa Elliot en mi oído.

-Cualquier fallo debe ser castigado -su tono está impregnado de frialdad, nada que ver con el tono usado en el coche.

-Somos humanos, por lo tanto no somos perfectos y cometemos errores, no por ello debemos ser castigados de manera tal cruel.

-Estamos diseñados para mejorar, si tú no sabes usar esa habilidad que tienes, probablemente serás poco productiva.

-Poco productivo vas a ser tú como te deje estéril de una patada.

Se oyen pequeñas risas de fondo, que me animan a seguir atacando a Brad, el cual parece ser el peor simio de la historia.

-¿Y vosotros de qué os reís? -se vuelve enfadado, echando chispas con la mirada que hacen parar las risas de fondo.

-Se ríen de ti- al contrario que ellos, mi cabeza no queda gacha, sino más alta, dispuesta a ganar este asalto.

-Tú no te metas, esto no va contigo.

-Oh, créeme, va más conmigo que con ellos.

Murmura cosas que no se pueden entender, y doy así, por ganada la victoria. Después, llegamos al temible escalón.

-¿Realmente crees que ese escalón nos tragará si lo pisamos? -me pregunta Elliot.

-Lo dudo mucho, seguro que lo dice para meternos miedo.

-Sí, tienes razón.

-Os equivocáis, este escalón os engullirá como pongáis un sólo pié encima de él.

-No nos asustas, ni tú ni tus malos trucos.

-Adelante, probadlo.

-No sé si deberíais -murmura Sofía

-Bien, a la de tres nos apoyamos los dos sobre él -mis palabras van dirigidas a Elliot, y ambos decididos no hacer caso de las súplicas de Sofía.

-Uno.

-Dos.

-Y...

-¡Tres!

Saltamos a la vez sobre el blanco escalón, e inmediatamente siento como floto en el aire y caigo al vacío. Caigo, caigo y caigo. Y no dejo de caer.

-¡Elliot! -grito, tras dar varios manotazos y no encontrarlo a mi lado.

-Estoy aquí -su voz suena a unos metros de mí, y nadando en el vacío, consigo llegar hasta él.

-¿Alguna idea de cómo salir de aquí? -las mariposas del miedo a la caída siguen habitando en mí.

-Pensaba que la tenías tú.

Todo lo que veo es oscuridad, y lo único que siento aparte de la fuerte corriente que me arrastra al vacío, es la mano de Elliot.

-Brad ha dicho que sólo los más listos salen de aquí, además de que si fuese muy peligroso, no hubiese dejado nunca que ambos cayésemos.

-Pero... ¿cómo vamos a salir de aquí?

-No lo sé, piensa.

Suelto lentamente su mano y nado en el vacío, vacío que no parece ocupar más que unos diez metros en total de ancho. Hablamos de que competimos contra gente que tiene artilugios del futuro, y para mí, la psicología se basa en el mayor avance para armas y trampas que usar, por lo que dudo mucho que no hayan avanzado en esa materia. Lo que quiere decir que hay un 50% de probabilidades de que esto se trate de un cuadrado, en el que aparte de medir diez metros de ancho, también los mida de largo. La sensación de caída puede ser una mala pasada de nuestro cerebro. Todo es psicológico, el miedo lo es, incluso el alcohol puede llegar a serlo.

El primer paso para salir de aquí, puede consistir en mentalizarme de que no existe ninguna caída, para que las molestas mariposas se vayan. El segundo, en tratar de encontrar el artilugio que haga volar nuestro cuerpo. Y estoy segura de que sólo es una máquina que nos deja flotando, y que no nos deja movernos ni hacia arriba ni hacia bajo, por lo tanto, debe de haber alguna trampilla o clase de interruptor en los laterales.

Me deslizo con rapidez hasta la pared más cercana, es lisa y suave, paso ambas manos por ella de arriba hacia abajo, hasta donde mi cuerpo puede alcanzar, nada, tampoco hay nada en la segunda, ni en la tercera. Ni en la cuarta, pero justo en el borde de la última, cuando comunica con la primera, la pared da la sensación de ser más rugosa. Primero un golpe, y luego otro, para comprobar que lo que suena es hueco. Me desplazo hacia la izquierda, doy un golpe, pero no suena nada, lo que comprueba mi teoría.

-Elliot ven aquí -tarda tan sólo unos segundos en llegar hasta mi lado -¿puedes golpear aquí hasta romperlo? -mi mano alcanza la suya, sudorosa y caliente, y la coloca justo en el punto rugoso.

-Puedo intentarlo.

Me aparto un poco para dejar que golpee la pared, hasta que finalmente, lo consigue, y lo que empieza por una pequeña raja, acaba siendo un gran hueco, por el que cabemos ambos. Primero entro yo, parece una trampilla de ventilación, y efectivamente, lo es. Tras un golpe seco, tiro las rejillas que encuentro tras varios minutos de exploración, y el pequeño cuadrado deja ver la gran sala en la que estuve la última vez, además de estar completamente llena. De un salto me coloco frente a todos, y tras mí, Elliot.

-Buenos días -alzo la voz mientras lo digo, además se posa en mí una gran sonrisa de satisfacción al ver las caras perplejas de todos.

Me acerco a una silla libre y me siento, todas las miradas siguen fijas en mí, un leve murmullo acaba siendo un gran barullo.

-¡Silencio por favor! - es Michael quien grita haciendo callar a todos.

Me acomodo, esperando las preguntas.

-Impresionante Iris... -murmura -nunca nadie había conseguido salir con tanta rapidez, incluso las mentes más listas han tardado horas en salir de ahí, ¿cómo lo has averiguado?

-El cerebro es la mejor arma que el humano puede usar -explico lentamente -era de esperar que en el futuro las nuevas generaciones se diesen cuenta de eso, y de que pueden hacer más daño atacando psicológicamente, que físicamente.

-Increíble, simplemente increíble. Me alegro de saber que una persona tan inteligente como tú esté con nosotros.

-No te equivoques, yo no estoy con vosotros, no soy de los vuestros, yo sólo vengo a salvar a mi hermana -lo señalo, acusadoramente.

-Contigo, seguro que será mucho más fácil.

Y cómo me gustaría a mí que así fuese.



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¡Hola!

Ya sé que hoy es sábado, y que debería de haber subido ayer, pero tengo un buen motivo y es... Bueno no voy a engañaros, me daba mucha pereza xD y sí, lo tenía ya escrito, pero subir este significaba escribir el siguiente para tener la pequeña reserva de la semana que viene, así que hoy me armé de valor y vencí a la pereza, aunque admito que el próximo capítulo es un poco (sisi, un poco...) corto. Eso sí, lleno de misterios porque en el próximo capítulo ¡por fin nuestros protagonistas se adentran en el año 5000! En el capi 10 prometo poner mucho más sobre el nuevo sitio, y sucederán muchas cositas...Eso si se me ocurren antes, ya sabéis que la  novela se va desarrollando conforme escribo y que cada capítulo tiene la esencia de mi estado de ánimo. Si estoy enfadada: hay peleas. Si hay bromas: estoy contenta. Si hay amor: eso es porque soy una romántica más que nada :p .Y finalmente, si hay desamor o tristeza: es porque realmente estoy mal. 
Un millón de gracias por leer y aguantarme cada semana, un besazo enorme y una gran abarzo, les quiere

Patri~

sábado, 12 de abril de 2014

Me llaman la gafe. Historia tres

Mi mirada recorre las estanterías del supermercado de arriba abajo, atún, tomate y patatas son algunos de los ingredientes que voy cogiendo. El carrito está completamente lleno cuando me coloco en la cola para pagar, espero, impaciente hasta mi turno. Poco a poco voy colocando en bolsas las cosas, que luego meto dentro del carro para pagar y poder volver más deprisa a casa.

-Son ciento treinta y dos euros con cincuenta -señala la mujer que está detrás de la caja, lleva recogida una coleta alta que se mueve al son de sus movimientos.

-Muy bien -mi mandíbula se descuadra un poco al escuchar el precio, suerte que cogí ciento cincuenta por si las moscas. O mejor dicho, que debería de haber cogido, ¡porque el monedero no está! ¡no está!

-¿Hay algún problema? -dice la mujer esperando, con el ticket en la mano.

-¿Qué? No, no, ninguno.

Mis manos se deslizan con rapidez por el bolso, buscando el monedero rosa pastel que me compré hace dos semanas. Pero sin obtener ningún resultado, maldigo varias veces y me golpeo en la cabeza, al recordar que tonta de mí, seguramente lo había dejado en el coche.

-Perdón señorita, pero tengo que seguir trabajando -señala su reloj, impaciente, no aparta su mirada de mí en ningún momento.

-Me he dejado el monedero en el coche, si me deja ir a buscarlo...

-No pretenderá robar, ¿verdad? ¡Seguridad! -pulsa un botón rojo, y al fondo aparecen dos hombres corpulentos.

Asustada, agarro el carro con una mano, y el bolso con otra, haciendo una maniobra para dar la vuelta y empezar a correr. Esquivo a niños pequeños y madres al teléfono, abuelas con bastones y adolescentes abrazados. Mi huida provoca un caos en el supermercado, y de un momento a otro, todos me dan caza.

Diviso las puertas a unos metros de mí, y las cruzo con agilidad, chocando con una mujer subida a unas escaleras, que acaba en el suelo.

-¡Perdón, perdón! -grito mientras consigo pasar las puertas y pisar el duro asfalto, el coche está a unos simples pasos de mí, lo abro con el mando y cojo las bolsas antes de llegar para tirarlas al vuelo en los asientos traseros, le doy una patada al carrito y arranco a toda velocidad, y tras un giro brusco, consigo salir de los aparcamientos dejando a los guardas atrás.

En unos minutos consigo llegar a casa y depositar las bolsas en la mesa de la cocina, suspirando coloco una mano en mi frente, secando el pesado sudor, saco el móvil de uno de los bolsillos y... ¡Descubro el monedero justo en el otro!


¡Bendita sea mi buena suerte! 

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¡Hola!

Aquí les traigo un capítulo de estas pequeñas mini historias, espero que les guste. Iba a subir el capítulo ocho de viaje para dos en recompensa de las muchas visitas que está teniendo últimamente el blog, pero he decidido dejarlo guardado porque en breves empieza aquí la feria y prefiero tenerlo reservado por si no puedo escribir, poder subir. Mil gracias por aguantar mis historias, espero que les haya gustado, un besazo y un abrazo, les quiere

Patri~

jueves, 10 de abril de 2014

Viaje para dos. Capítulo siete

Tensión. Esa es la palabra indicada para describir el momento. Mis desgastadas zapatillas chocan contra el suelo, mientras mi dedo da leves golpes en la húmeda ventana. Silencio sería la palabra perfecta para indicar el modo en el que nos encontramos, pero mentiría, ya que el molesto ruido de una vieja radio, más el de mis piés y dedos es el que suena, pero nada más aparte de eso.

-¿Quieres parar? - sus palabras son bordes y firmes.

-Cuando quites eso -señalo la radio, que en apariencias, podría decir que en cualquier momento se va a romper a pedazos.

-Mi coche, mis normas -su tono es firme, y el ''mi'' suena bastante reforzado.

-Mi cuerpo, mis normas -lo imito en torno de burla.

Su mirada hace que se me hiele la sangre, siempre lo hace, es fría y dura, expresa un odio eterno y profundo, tanto, que da miedo. Miedo de no saber por qué, si nunca le hice nada. Miedo de su comportamiento, de que sea capaz de cualquier cosa, su mirada es tan oscura, que me esperaría cualquier cosa.
¿Por qué me odia? Esa es la pregunta, y sé que cada noche, y cada día, me preguntaré lo mismo. Nunca me han odiado, no de esta manera. Hay personas que consideran que otra la odia por meras tonterías, porque les miran mal, les contestan borde, pero esto... No tiene nada que ver, supera mis expectativas, nunca pensé que pudiese odiarme tanto alguien, y más aún, sin motivo aparente.

Aprieta las manos contra el volante, tanto, que se le marcan los nudillos. No me mira, y eso me alivia, porque soportar esos ojos negros chispeantes puede llegar a ser muy duro, tanto, que estoy segura de que otra persona no hubiese aguantado un segundo a su lado.

-¿Qué ha sido todo ese royo del centro interno? -pregunto, curiosa de saber toda la verdad.

-No es ningún royo, como tú lo llamas, es la pura verdad.

-Bueno, verdad verdad... No sé yo.

-Ciertamente si que vas a ir a un centro interno, lo único que no es cierto de ahí, es mi nombre, que soy el director, y que ha sido un sorteo.

-¿Y el director ha permitido todo esto? -el corazón se me acelera, al pensar que dentro de la gran mentira que es mi vida, hay otra más.

-Es complicado -murmura, se despeina con una mano, y con la otra gira el volante en una curva.

-Pues explicate -mi voz no permite réplicas.

-Digamos que hemos tenido un donativo con el centro. Un pequeño donativo.

-Define pequeño -mi cara es de perplejidad total.

-Nada, no es una suma importante.

-Define pequeño -vuelvo a decir.

Vuelve la cabeza hacia mi lado y sonríe, se vuelve a pasar la mano por el pelo y luego vuelve a mirar hacia la carretera.

-Un par.

-¿Un par de qué?

-Un par de miles.

-Estás de broma, ¿verdad? -niega con la cabeza, y mi boca se abre y cierra muchas veces -me parece increible que se dejen comprar así -murmuro indignada -alguien debería de hacer algo.

Ríe entre dientes mientras niega con la cabeza.

-¿Y tú vas a ir a denunciarle después de haberlo comprado? -ésta vez su sonrisa es de puro dientes, dientes blancos y perfectos, que lo hacen ver joven y risueño.

-¡Yo no lo he comprado! -mis mofletes se inflan como los de un pez, y él vuelve a reír, mientras mis mejillas se vuelven sonrojadas -no tiene gracia.

-Bueno, técnicamente lo has hecho -niego un montón de veces indignada, y él sigue riendo.

-Yo no hago cosas ilegales -murmuro, mis mejillas arden de vergüenza.

-Pues en dos días, has debido de hacer quinientas.

-Me he dado cuenta -agacho la cabeza, y cuando la subo, sonrío -¿qué es eso del centro interno?

-Oh, nada importante, uno con monjas y calabozos para dormir, no sin rezar una oración cada media hora, por supuesto.

-¿Qué? -mi cara va pasando de rojo, al azul para luego quedarse en morado.

Sus carcajadas resuenan por todo el coche, más mi cara sigue siendo del color de una berenjena.

-Es una broma -niega con la cabeza, y yo suspiro ingidnada.

-No es gracioso -me cruzo de brazos, como una niña pequeña.

-Para mí sí.

Su risa hace que me una a él, pero el trayecto se acaba, y lo que había sido un rato divertido, acaba siendo el peor infierno.

Mi infierno.



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¡Hola! 

Aquí les traigo un nuevo capi ^^ lo siento por no subir la semana pasada, pero ya avisé de que no iba a poder. Y bueno, como pequeña recompensa lo subí un día antes, jueves. Dar millones de gracias por todas las visitas que ha tenido el blog en mi ausencia. Y decir que la semana que viene habrá capítulo, no estoy un cien por cien segura, pero sí un noventa :) espero que les haya gustado, sé que es cortito, pero entre que no he tenido tiempo y que no estoy pasando un buen momento, pues nada. Muchas gracias por leer cada semana mis tonterías y soportarme, un besazo y un abrazo enorme, les quiere

Patri~