-¿Qué
es todo esto? -ladeo el rostro para no seguir contemplando su penoso
estado, ya que mis ojos se envolvían en dolor al ver el sufrimiento
que debió de pasar, ¿Cuánto tiempo llevaría aquí? Por su pelo
deduzco que mucho, pero igual... Ya lo tenía largo desde antes.
-No
tengas miedo de mi... Recuerda que estoy encarcelada -hago una mueca
que ella no logra ver gracias a que le estoy dando la espalda,
lentamente me vuelvo hacia ella, cada vez que veo su rosto, que miro
sus oscuros y vacíos ojos, se me encoge el corazón .
-¿Qué
es todo esto? -sigo insistiendo al ver que no contesta mi pregunta,
ella mira hacia sus descalzos y pálidos pies, luego de unos segundos
sube la cabeza y sonríe , pero no es una sonrisa de felicidad, ni
sarcástica, ni tímida, es una sonrisa de tristeza.
Estaba
triste, ¿tal vez por mi? ¿por lo que me harían? ¿o por ella?
Quizás sea por las tres.
-¿Qué
hiciste para acabar aquí? -dice volviendo a ignorar mi pregunta.
-¿Por
qué no contestas? -digo indignada.
-Porque
no tengo respuesta -vuelve a bajar la cabeza y repite la acción de
antes, pero esta vez sin la sonrisa.
-¿Cuánto
tiempo llevas aquí? -ya que no tengo respuesta, decido preguntar
otra cosa, aquí la nueva es obvio que soy yo.
-El
tiempo ya no vale nada cuando entras... -susurra, me mira y ahora su
sonrisa es amarga -pero podría decirte que mucho, cada día marco un
palito allí -señala una pared que está prácticamente repleta de
palitos -podría calcular que unos tres años.
-¡Oh
dios míos! -instintivamente mi mano se posa en mi boca -pero...
¿Cuántos años tienes?
-Cuando
llegué aquí tenía diecinueve, por lo que podría decirse que cerca
de los... Veintidos.
Como
bien había pensado antes, es menor que yo, no por mucho tiempo, pero
lo era.
-¿Cómo
has acabado aquí...? -ya casi me da pánico escuchar su respuesta.
-Yo
lo amaba -veo como varias lágrimas recorren su rostro.
Dio
su respuesta por finalizada, pero no, yo necesitaba más, algo de
información, algún dato...
-¿A
quién? -temía su respuesta, pero estaba bastante clara cual era.
-Él...
Justin...
-¿Qué
pasó con él? -varios minutos de silencio incómodo nos rodean-por
favor... -susurro para que me cuente su historia.
-Él
me prometió un para siempre, me juró que me amaba, pero solo era
una tapadera... Para que yo no dijera nada... Y luego, simplemente me
deshizo de su vida, me metí donde no debí, hice cosas que no debía,
le entregué todo a la persona equivocada, y ahora... Ahora pago por
ello.
-Yo...
Yo lo siento.
-¿Y
tú? -clava sus negros ojos en mi, en ellos no hay ni tristeza ni
odio, solo frialdad.
-Yo...
Lo reté.
No
me apetecía en lo absoluto contar toda la historia, era demasiado
penoso como para querer hacerlo, así que me limité a decir lo justo
y necesario.
-Entiendo...
-dice tan bajito que casi me cuesta oírla.
-¿Que
pasará conmigo? -Intento buscar respuestas, quizás ella las tenga,
pero mi interior solo ruega que no sea mi destino el mismo que el
suyo.
-No
sé... Tantas y tantas personas han pasado por esa misma celda, no
duraron ni una mísera semana.
-¿Que
pasó con esas personas? -la miro con miedo, y su mirada es tan
gélida que casi me dio miedo.
-Las
mataron -dando así por terminada la conversación se dio media
vuelta y se tumbó en el colchón, yo hago lo mismo pero con más
cuidado.
El
calor casi me está matando, es increíble el frío que sentí
mientras hablaba con Marie, y que ahora casi esté muriendo de calor.
Impresionante como una persona puede cambiar tu estado físico y
psíquico.
La
puerta de afuera se abre y mi corazón empieza a latir con violencia,
el mismo hombre que me había encerrado ahora se dirigía a mi celda,
lentamente la abrió y dijo que saliese, temerosa hago lo que me
dice, me coge fuertemente por las muñecas y empezamos a subir.
-¿A
dónde me llevas? -le pregunto curiosa al ver que vamos por pasillos
diferentes a los de antes.
-No
te importa -masculla y sé en ese momento que no le agrada mi
compañía.
Recorremos
un par de pasillos más hasta que se detiene en una de las puertas,
la golpea con una suavidad y delicadeza casi impropia de un hombre
tan robusto como parece ser.
Se
oye un lejano ''pasa'' y eso hacemos, el hombre del cual desconozco
su nombre, me empuja para que pase primero, es un despacho, un poco
oscuro, mis fosas nasales se llenan de un espantoso olor que
reconozco como tabaco y otras sustancias las cuales no pienso
mencionar, una gran nube de humo choca contra mi haciendo que tosa
fuertemente, odio todo lo que tiene que ver con fumar, y lo que menos
soporto es el humo en mi cara. Hay un amplio escritorio de madera de
pino justo frente a mi, justo detrás se encuentra Bieber con los
pies apoyados en el escritorio mientras fuma esas sustancias no
nombradas anteriormente, sonríe al ver mi reacción con esas ...
Bueno, ya saben, no voy a volver a repetir lo que ya es obvio.
-¿Qué
tal las primeras horas de encarcelamiento, pequeña perra?
-Mejor
de lo que a ti te gustaría, pequeño imbécil -digo con una sonrisa
de suficiencia sabiendo que había pisoteado su gran ego masculino.
-Peter,
puedes salir -dice refiriéndose al hombre ya no tan desconocido para
mi.
-Como
usted ordene señor -dice y sale de la habitación dejándonos
completamente solos.
-Oh,
toma asiento, vaya a ser que la princesita se agote.
-Voy
a tomarlo, vaya que el pequeño capullo se asuste por la diferencia
de altura, es lo que tiene que otros sean superiores a ti.
-¿Te
crees mejor que yo? -suelta una carcajada que bien podría haberse
escuchado en China, bueno, teóricamente no tenía ni idea de donde
me encontraba, igual estaba allí.
-No
me lo creo, es que lo soy -muestro una sonrisa torcida que
inmediatamente lo irrita, apoya sus manos en el escritorio
fuertemente mientras levanta su cuerpo levemente.
-Maldita
perra, no sabes con quien te estás metiendo.
-Oh,
¿es que no sabes utilizar otro insulto? Ese ya está perdiendo el
efecto.
-Podría
hacerlo, pero creo que perra es el que mejor te describe -vuelve a
sentarse y esta vez muestra una sonrisa en su cara.
-Creo
que a ti el de capulle te va que ni pintado -digo con una sonrisa
entre dientes.
-Eres
una fiera imposible de domesticar -dice indiferentemente.
-Ya
me lo habían dicho muchas veces -como si fuera una conversación con
un amigo de toda la vida me inclino hacia atrás mientras miro mis
uñas como si no hubiese nadie más a mi alrededor.
-¿Pero
se puede saber que te pasa? -dice y veo ira reflejada en sus ojos.
-¿Perdona?
-digo confusa.
-¿Cómo
puedes estar ahí tan tranquila sabiendo que en cualquier momento te
puedo matar?
-Simplemente
no me preocupa -digo mientras me encojo de hombros.
-Maldita
sea, ¿no puedes ser simplemente como las demás chicas para que te
pueda matar y se acabe la historia?
-Que
te quede algo claro, yo -digo mientras me señalo -no soy como las
demás.
-¿Y
ahora que hago contigo? ¿te mato? -dice realmente confuso, parece
que la cabeza le da vueltas.
-Haz
lo que quieras -digo como si nada, como si realmente no me importase
cuando realmente estaba muriendo por dentro lenta y dolorosamente.
-¡Joder!
-da un fuerte golpe a la mesa mientras suelta palabrotas y yo aparto
el humo que me molesta terriblemente.
-¿Quieres
apartar esa cosa de mi? -digo mientras señalo esa cosa con esas
sustancias no nombradas.
-¿Te
molesta? -dice divertido con una sonrisa.
-Básicamente
todo lo tuyo me molesta.
Se
levanta de la silla y se acerca a mi lentamente, coge humo y lo
expulsa en mi cara irritándome por completo.
-¿¡Pero
tú eres tonto!? -digo mientras toso fuertemente -apártate de mi.
-Y
si no quiero, ¿qué? -mi rostro está completamente rojo de la furia
-ahora ya no eres tan chula ¿eh?
-Mira
idiota, que tu cosa me moleste no quiere decir que deje de ser quien
soy.
-¿Mi
cosa? -suelta una carcajada estruenda-lo dices como si fuera delito.
-Es
que es delito -lo atravieso con la mirada mientras vuelve a sentarse
en su silla.
-¿Y
qué? ¿A caso robar no lo es? ¿Y matar tampoco?
-Sí,
y mucho peores.
-¿Crees
que me va a importar añadir otro delito a mi infinita lista?
-Lo
dudo mucho, la verdad.
-Siento
comunicarte que tu tiempo se ha acabado, y gracias a tu apestosa
actitud tengo una muy buena idea -su sonrisa es malévola, ¿que
estará tramando?
-¿Y
bien? -digo con algo de miedo.
-Tú
-me señala -me ayudarás a cometer delitos, serás mi cómplice.
-¿Qué?
Ni de coña -niego con la cabeza.
-No
era una opción, era una obligación.
Da
unas vueltas en su silla mientras en su rostro se muestra una sonrisa
de suficiencia, estaba perdida, su cómplice... Joder, no hay manera
en el infierno en la que yo cometa algún delito. Justin... ¿Qué
quieres hacer conmigo?
*********************************************************************************
¡Buenas! Perdón por no subir ayer, pero ya saben, era viernes y salí, así que no tuve tiempo, pero aquí les traigo el capítulo tres, espero que les guste :) gracias a todos por leer, y ya saben, si pudiesen recomendarme mejor, pues eso es todo, mañana creo que podré subir el capítulo cuarto, y aviso de que en wattpad en un rato subiré el capítulo cinco :) a partir del cinco ya será más interesante, los primeros capítulos se basan en lo que ha pasado, luego será la historia que vive y por último, como termina ésta , mil gracias otra vez, les quiere
Patri~
No hay comentarios:
Publicar un comentario