El aire frío
azota mi rostro, Justin se mantiene a mi lado entrelazando nuestras
manos que ya permanecen heladas a la espera del espectáculo.
¿Cuánto
faltará? Ya es la sexta vez que me hago esta pregunta, las puertas
están por abrirse a la espera de miles de fanáticos por entrar. El
frío cala hondo haciendo que nuestras respiraciones sean lentas y
pesadas, mis manos y pies se mantienen helados a la espera del calor,
mis labios están de un tono morado y mis dientes castañean, Justin
ni si quiera se inmuta, sus manos están un poco frías pero nada que
no se pueda soportar, este chico cada día me sorprende más, ¿pero
qué te vas a esperar? Él es de Canadá.
Lentamente la
puerta se abre, nos hacemos paso entre las masas hacia el interior,
nuestros pasos son largos y rápidos intentando esquivar a muchos que
avanzan a nuestra vez hacia el interior, ya en primera fila, podemos
parar e intentar que nuestras respiraciones vuelvan a la normalidad,
poco a poco la sala se va llenando de todos los smilers que vienen a
ver a Miley Cyrus.
¿Por qué
estaremos aquí? Por más que lo intente y le de vueltas no entiendo
el por qué Justin me habrá traído aquí.
Una melodía muy
conocida empieza a sonar mientras de uno de los laterales sale ella,
luce con unos shorts negros, una camiseta hasta el ombligo con el
logo de su disco, su pelo se encuentra ligeramente liso, ahora teñido
de un peculiar tono rojizo, lleva unas zapatillas bastante cómodas y
comienza a cantar. Ya que estoy aquí, pienso disfrutar cantando a
pleno pulmón las tan amadas y conocidas canciones de esta chica y
mover mi cuerpo al son de la música.
Justin a mi lado
parece estar disfrutando, el concierto se acaba rápido, o tal vez
eso me parece a mi, salgo prácticamente a rastras del lugar
esperando que en cualquier momento salga Miley diciendo que es solo
una broma y que tan solo acaba de empezar. Más la espera no valió
la pena ya que eso nunca sucedió.
Nos dirigimos
hacia los camerinos, Justin me hace quedarme esperando en la puerta
mientras él entra, pasan cinco, diez, quince y veinte minutos, pero
ni rastro de Justin, empiezo a cansarme, estoy realmente agotada.
Apoyo la cabeza contra el marco de la puerta esperando que eso me
mantenga en pié, cierro los ojos y suspiro. Oigo una pequeña risa
que me hace abrir los ojos lentamente, un chico de unos veinticinco
años me está mirando, tiene el pelo ligeramente rizado, rubio, ojos
azules, bastante alto quizás dos cabezas más que yo, delgado pero
fuerte, puedo distinguir algunas pecas en la zona de la nariz y las
mejillas, que hacen darle un gesto adorable y tierno.
-Hola -me dice
con una amplia sonrisa haciendo ver sus blancos dientes.
-Hola -digo pero
no tan feliz como él, tan solo sonrío sin mostrar mis dientes.
-¿Qué haces
aquí? Pareces cansada, deberías ir a casa- me encojo de hombros
ante su pregunta.
-Simplemente
estoy esperando a alguien.
-Vaya, ese
alguien no parece muy considerado por su parte.
-Puede -sonrío y
esta vez sí muestro mis dientes.
-Tal vez deberías
mancharte ahora, luego no podrá reclamarte.
-Créeme, estar
aquí es lo que menos quiero, pero no puedo marcharme.
-¿Por qué no?
Yo podría llevarte -río ante esto último.
-Eres un
desconocido, y ya te lo he dicho, no puedo marcharme.
-Entonces, si el
transporte es lo de menos, ¿por qué?
-No tengo por qué
responder -digo y sonrío.
-Tienes razón,
no tienes por qué -me mira de arriba a abajo -no pareces una chica
muy habladora.
-Normalmente no
cuando estoy cansada.
-Si tú lo
dices... Por cierto, mi nombre es Michael.
-Yo soy Jazmyn,
encantada.
Michael abre la
boca para responder cuando la puerta se abre haciendo que me
sobresalte, un Justin despeinado sale del camerino haciendo que mi
corazón se rompa en mil pedazos. Contengo mis lágrimas y me apoyo
más en la pared haciendo mi respiración casi audible.
-¿Vamos? -me
dice.
Asiento, con la
mirada perdida e intento mantenerme en pié.
-¿Estás bien?
-dice Michael mirándome con una preocupación notable.
-Sí -digo
sonriendo, él asiente no muy convencido.
Justin tira de mi
con brusquedad haciendo que tropiece casi cayendo al suelo, pero su
fuerte aguante me mantiene, mi cabeza da vueltas y tan solo quiero
que esto acabe, poder volver a casa y seguir soñando con conocer a
Justin, a veces todo es más bonito en sueños. Allí nunca sentí
esta presión en el pecho que cada vez asfixia más a mi corazón
casi parándolo por completo, ni se siente como si lo apuñalaran
miles de veces clavando pequeños agujeros por todos lados. Uno allí
se siente a salvo, con el corazón en una caja fuerte a prueba de
balas y cuchillos, allí no hay presiones ni ganas de llorar, y el
único dolor existente es el de no poder estar con él.
Llegamos al
coche, no hay palabras ni acompañamientos, solo entro y dejo mi
mirada en un punto inexistente de la ventana, con la cara apoyada en
el cristal viendo todo y nada, ni si quiera la velocidad me hace
temer, tal es el daño que una bomba sería como una amapola posada
sobre mi.
No hay planes, ni
palabras, ni música, ni si quiera miradas, tan solo un silencio
indescifrable. Lentamente el coche frena haciéndome saber que ya
estamos aquí, con Justin a mi lado camino hacia mi habitación, y
sin embargo, no me puedo alegrar más de estar sola y encerrada, ya
con Justin fuera me tumbo en la cama demarrando las lágrimas
contenidas. Fueron horas de llanto hasta que me dije basta. Aún con
el rostro mojado me puse de pié y con el rostro bien alto, conseguí
el valor que necesitaba, para declarar a mi corazón en guerra,
metido en un zulo a más de mil metros de profundidad, encadenado,
para así no volver a sufrir.
¿Qué es eso de
martillar a mi corazón cuando ni si quiera debería de sentir? Y es
que, no merece la pena sufrir, por alguien que ni sabe de ti.
Me doy una rápida
ducha y me visto con un pijama. La mejor venganza es la indiferencia,
y si eso es así, que así sea.
Lentamente entro
a mi cama, con el reloj marcando las cinco de la mañana caigo
rendida bajo los efectos de morfeo, soñando así, con quien menos
esperaba.
Con una fresca
brisa despierto de mi sueño, miro a mi alrededor y encuentro el
desayuno con una nota a su lado, el reloj marca las once. Salgo de
las mantas y me dirijo hacia el al ver que estoy hambrienta. Leo la
nota que tan solo dice ''a la una pasaré a buscarla, póngase algo
formal''
Termino el
desayuno con gusto y me dirijo al vestidor, ¿qué podría ponerme?
Finalmente acabo escogiendo un vestido azul marino que llega por
encima de mis rodillas y se ajusta perfectamente a mis curvas, unos
tacones negros, con una chaqueta a juego. Rizo mi pelo, me lavo los
dientes y con un poco de perfume me acabo de arreglar.
Son las doce y
media cuando ya estoy lista, permanezco sentada a la espera, luego de
maquillarme un poco, la puerta se abre diez minutos antes de lo
previsto pero ciertamente me da igual al ya estar lista.
-Vamos -dice
Peter con tono normal, ni brusco ni cariñoso, simplemente
indiferente.
Llego a su lado y
me agarra del brazo, ya en la sala de siempre, me hace esperar. Un
Justin con vaqueros ajustados, camisa y supras sale del interior de
una de las puertas, me levanto de la silla y hacemos el recorrido
hacia el coche.
-¿Dónde vamos?
-pregunto luego de silenciosos e incómodos minutos.
-He reservado en
un restaurante.
No contesto y
sigo mirando por la ventanilla, cada vez el silencio se me hace más
pesado, el aire se puede cortar con un cuchillo. Abro y cierro la
boca varias veces sin saber muy bien que decir.
-¿Y luego? -digo
finalmente.
Justin se encoge
levemente de hombros y me mira de reojo.
-Lo que surja.
Justin parece
pensativo, y cortante, por lo que decido no seguir intentando sacar
tema, porque realmente no vale la pena. Para en unos aparcamientos,
salgo lentamente del coche intentando que no se me vea nada,
caminamos agarrados de las manos hasta llegar. Nos llevan hasta
nuestra mesa y estamos en silencio en la espera de la comida que
Justin como había supuesto ya había pedido.
Comemos en
silencio y salimos de allí aún sin decir nada, nos montamos en el
coche, ¿qué pasa con Justin? La que debería estar enfadada debería
de ser yo, no él.
-¿Justin? -digo
y me mira- ¿qué pasa? - alza una ceja extrañado de lo que le digo,
pero sé que sabe exactamente a lo que me refiero.
-¿Por qué lo
dices? -su mirada sigue fija en la carretera, pero sus nudillos están
blancos de lo fuerte que aprieta el volante.
-Justin, ya
basta, vas a romperlo -digo señalando el volante y él rápidamente
afloja el agarre.
-No me había
dado cuenta -dice extrañado.
Pone música para
liberar tensión en el ambiente e inmediatamente lo logra porque
acabamos cantando y riendo juntos, aparca el coche y quiero que siga,
lo estábamos pasando bien.
Abre mi puerta,
besa mi frente y dice un ''lo siento'' casi inaudible, decido pensar
que son imaginaciones mías, que es lo que mi cerebro quiere oír.
Mantiene su mano
en mi cintura y yo en la suya mientras caminamos por un parque, está
completamente lleno, apoyo mi cabeza en su hombro y aspiro el tal
habitual aroma, su esencia es fresca y deja que desear, podrías
pasar perfectamente horas junto a él, y no cansarte de ese olor tan
especial, podrías dormir y despertar junto a ese aroma toda la vida,
te lo aseguro, ese aroma a Justin no se irá.
-¿Qué te
apetece hacer? -dice luego de unos adorables minutos en los que me
había dedicado a pensar en su olor.
-¿Una partida de
bolos? -digo con un brillo en los ojos y él ríe.
Amo jugar a los
bolos, de verdad que sí, es un juego bastante entretenido, además
sé como lleva Justin el mal perder y yo soy bastante buena.
-Lo que la
señorita diga.
Caminamos un rato
más , hasta que decidimos ir a jugar a los bolos. Entramos en el
local, luego de pedir los zapatos con nuestro número nos colocamos.
-¿Sabes jugar?
-pregunta, que inocente.
-Por supuesto,
¿listo para perder? -niega con la cabeza mientras ríe.
-Adelante, las
chicas primero -dice dándome la bola.
Cojo impulso y
lanzo la bola dando en el clavo, teniendo así un pleno, me vuelvo y
sonrío.
-Pura suerte
-dice mientras tira teniendo otro pleno.
Vuelvo tirando
logrando hacer otro pleno, esta vez Justin los tira todos menos uno,
suelta una hartada de insultos y yo río.
Hacia el final
del partido, me encuentro ganando por diez puntos de diferencia.
-Vamos, vamos,
vamos, por favor -dice Justin mientras tira, tan solo logra tirar la
mitad y vuelve a maldecir.
-Última ronda
-digo con felicidad mientras hago mi último tiro volviendo a
conseguir un pleno.
-¡Oh, venga ya!
¡Esto no es justo! -dice haciendo como si llorase.
Justin tira la
bola logrando tirarlos todos menos uno.
-¡Y la ganadora
es... Jazmyn! -grito con felicidad.
-Te he dejado
ganar -dice como si nada.
-Ajá, claro, yo
te creo.
-¿Que no? Te
reto a otra partida.
-Si pierdes,
tendrás que hace lo que yo te diga una semana.
-Y si gano,
tendrás que hacer lo que yo diga una semana.
-¿Listo para
perder?
-Eso debería de
decir yo.
Con unos
marcadores igualados llegamos al último tiro, la bola rueda y rueda,
se me hace eterna la espera, logro tirarlos todos menos uno y
maldigo. Justin tira triunfante haciendo un pleno. Santa mierda,
perdí. Perdí por un maldito y asqueroso bolo.
-Y ahora, ¿qué
hago contigo? -dice sonriendo triunfante.
-Oh amo y señor
mío, haré lo que tú digas -digo divertida.
-Bien, ya pensaré
algo para ti, esclava mía.
Y algo me dice,
que ese algo no me va a gustar.
-¿Vamos? -dice
tendiéndome su mano.
-Vamos- contesto
mientras la agarro con gusto.
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¡Buenas!
Perdón por la tardanza, pero me ha estado fallando el internet, pero bueno, aquí está el nuevo capítulo, ya sé que es aburrido, y el siguiente también, pero para el diez tengo pensada una cosa que bueno, creo que va a gustar, de todas formas en el final del capítulo nueve se desvela lo que va a pasar en el diez, además de un par de misterios, un millón de gracias a todos por leer y a los que me recomiendan, se los agradezco mucho, espero que les haya gustado, un beso, les quiere
Patri~
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