The story of my life

sábado, 16 de noviembre de 2013

If you hate me, kill me. Capítulo ocho

El aire frío azota mi rostro, Justin se mantiene a mi lado entrelazando nuestras manos que ya permanecen heladas a la espera del espectáculo.
¿Cuánto faltará? Ya es la sexta vez que me hago esta pregunta, las puertas están por abrirse a la espera de miles de fanáticos por entrar. El frío cala hondo haciendo que nuestras respiraciones sean lentas y pesadas, mis manos y pies se mantienen helados a la espera del calor, mis labios están de un tono morado y mis dientes castañean, Justin ni si quiera se inmuta, sus manos están un poco frías pero nada que no se pueda soportar, este chico cada día me sorprende más, ¿pero qué te vas a esperar? Él es de Canadá.
Lentamente la puerta se abre, nos hacemos paso entre las masas hacia el interior, nuestros pasos son largos y rápidos intentando esquivar a muchos que avanzan a nuestra vez hacia el interior, ya en primera fila, podemos parar e intentar que nuestras respiraciones vuelvan a la normalidad, poco a poco la sala se va llenando de todos los smilers que vienen a ver a Miley Cyrus.
¿Por qué estaremos aquí? Por más que lo intente y le de vueltas no entiendo el por qué Justin me habrá traído aquí.
Una melodía muy conocida empieza a sonar mientras de uno de los laterales sale ella, luce con unos shorts negros, una camiseta hasta el ombligo con el logo de su disco, su pelo se encuentra ligeramente liso, ahora teñido de un peculiar tono rojizo, lleva unas zapatillas bastante cómodas y comienza a cantar. Ya que estoy aquí, pienso disfrutar cantando a pleno pulmón las tan amadas y conocidas canciones de esta chica y mover mi cuerpo al son de la música.
Justin a mi lado parece estar disfrutando, el concierto se acaba rápido, o tal vez eso me parece a mi, salgo prácticamente a rastras del lugar esperando que en cualquier momento salga Miley diciendo que es solo una broma y que tan solo acaba de empezar. Más la espera no valió la pena ya que eso nunca sucedió.
Nos dirigimos hacia los camerinos, Justin me hace quedarme esperando en la puerta mientras él entra, pasan cinco, diez, quince y veinte minutos, pero ni rastro de Justin, empiezo a cansarme, estoy realmente agotada. Apoyo la cabeza contra el marco de la puerta esperando que eso me mantenga en pié, cierro los ojos y suspiro. Oigo una pequeña risa que me hace abrir los ojos lentamente, un chico de unos veinticinco años me está mirando, tiene el pelo ligeramente rizado, rubio, ojos azules, bastante alto quizás dos cabezas más que yo, delgado pero fuerte, puedo distinguir algunas pecas en la zona de la nariz y las mejillas, que hacen darle un gesto adorable y tierno.
-Hola -me dice con una amplia sonrisa haciendo ver sus blancos dientes.
-Hola -digo pero no tan feliz como él, tan solo sonrío sin mostrar mis dientes.
-¿Qué haces aquí? Pareces cansada, deberías ir a casa- me encojo de hombros ante su pregunta.
-Simplemente estoy esperando a alguien.
-Vaya, ese alguien no parece muy considerado por su parte.
-Puede -sonrío y esta vez sí muestro mis dientes.
-Tal vez deberías mancharte ahora, luego no podrá reclamarte.
-Créeme, estar aquí es lo que menos quiero, pero no puedo marcharme.
-¿Por qué no? Yo podría llevarte -río ante esto último.
-Eres un desconocido, y ya te lo he dicho, no puedo marcharme.
-Entonces, si el transporte es lo de menos, ¿por qué?
-No tengo por qué responder -digo y sonrío.
-Tienes razón, no tienes por qué -me mira de arriba a abajo -no pareces una chica muy habladora.
-Normalmente no cuando estoy cansada.
-Si tú lo dices... Por cierto, mi nombre es Michael.
-Yo soy Jazmyn, encantada.
Michael abre la boca para responder cuando la puerta se abre haciendo que me sobresalte, un Justin despeinado sale del camerino haciendo que mi corazón se rompa en mil pedazos. Contengo mis lágrimas y me apoyo más en la pared haciendo mi respiración casi audible.
-¿Vamos? -me dice.
Asiento, con la mirada perdida e intento mantenerme en pié.
-¿Estás bien? -dice Michael mirándome con una preocupación notable.
-Sí -digo sonriendo, él asiente no muy convencido.
Justin tira de mi con brusquedad haciendo que tropiece casi cayendo al suelo, pero su fuerte aguante me mantiene, mi cabeza da vueltas y tan solo quiero que esto acabe, poder volver a casa y seguir soñando con conocer a Justin, a veces todo es más bonito en sueños. Allí nunca sentí esta presión en el pecho que cada vez asfixia más a mi corazón casi parándolo por completo, ni se siente como si lo apuñalaran miles de veces clavando pequeños agujeros por todos lados. Uno allí se siente a salvo, con el corazón en una caja fuerte a prueba de balas y cuchillos, allí no hay presiones ni ganas de llorar, y el único dolor existente es el de no poder estar con él.
Llegamos al coche, no hay palabras ni acompañamientos, solo entro y dejo mi mirada en un punto inexistente de la ventana, con la cara apoyada en el cristal viendo todo y nada, ni si quiera la velocidad me hace temer, tal es el daño que una bomba sería como una amapola posada sobre mi.
No hay planes, ni palabras, ni música, ni si quiera miradas, tan solo un silencio indescifrable. Lentamente el coche frena haciéndome saber que ya estamos aquí, con Justin a mi lado camino hacia mi habitación, y sin embargo, no me puedo alegrar más de estar sola y encerrada, ya con Justin fuera me tumbo en la cama demarrando las lágrimas contenidas. Fueron horas de llanto hasta que me dije basta. Aún con el rostro mojado me puse de pié y con el rostro bien alto, conseguí el valor que necesitaba, para declarar a mi corazón en guerra, metido en un zulo a más de mil metros de profundidad, encadenado, para así no volver a sufrir.
¿Qué es eso de martillar a mi corazón cuando ni si quiera debería de sentir? Y es que, no merece la pena sufrir, por alguien que ni sabe de ti.
Me doy una rápida ducha y me visto con un pijama. La mejor venganza es la indiferencia, y si eso es así, que así sea.
Lentamente entro a mi cama, con el reloj marcando las cinco de la mañana caigo rendida bajo los efectos de morfeo, soñando así, con quien menos esperaba.
Con una fresca brisa despierto de mi sueño, miro a mi alrededor y encuentro el desayuno con una nota a su lado, el reloj marca las once. Salgo de las mantas y me dirijo hacia el al ver que estoy hambrienta. Leo la nota que tan solo dice ''a la una pasaré a buscarla, póngase algo formal''
Termino el desayuno con gusto y me dirijo al vestidor, ¿qué podría ponerme? Finalmente acabo escogiendo un vestido azul marino que llega por encima de mis rodillas y se ajusta perfectamente a mis curvas, unos tacones negros, con una chaqueta a juego. Rizo mi pelo, me lavo los dientes y con un poco de perfume me acabo de arreglar.
Son las doce y media cuando ya estoy lista, permanezco sentada a la espera, luego de maquillarme un poco, la puerta se abre diez minutos antes de lo previsto pero ciertamente me da igual al ya estar lista.
-Vamos -dice Peter con tono normal, ni brusco ni cariñoso, simplemente indiferente.
Llego a su lado y me agarra del brazo, ya en la sala de siempre, me hace esperar. Un Justin con vaqueros ajustados, camisa y supras sale del interior de una de las puertas, me levanto de la silla y hacemos el recorrido hacia el coche.
-¿Dónde vamos? -pregunto luego de silenciosos e incómodos minutos.
-He reservado en un restaurante.
No contesto y sigo mirando por la ventanilla, cada vez el silencio se me hace más pesado, el aire se puede cortar con un cuchillo. Abro y cierro la boca varias veces sin saber muy bien que decir.
-¿Y luego? -digo finalmente.
Justin se encoge levemente de hombros y me mira de reojo.
-Lo que surja.
Justin parece pensativo, y cortante, por lo que decido no seguir intentando sacar tema, porque realmente no vale la pena. Para en unos aparcamientos, salgo lentamente del coche intentando que no se me vea nada, caminamos agarrados de las manos hasta llegar. Nos llevan hasta nuestra mesa y estamos en silencio en la espera de la comida que Justin como había supuesto ya había pedido.
Comemos en silencio y salimos de allí aún sin decir nada, nos montamos en el coche, ¿qué pasa con Justin? La que debería estar enfadada debería de ser yo, no él.
-¿Justin? -digo y me mira- ¿qué pasa? - alza una ceja extrañado de lo que le digo, pero sé que sabe exactamente a lo que me refiero.
-¿Por qué lo dices? -su mirada sigue fija en la carretera, pero sus nudillos están blancos de lo fuerte que aprieta el volante.
-Justin, ya basta, vas a romperlo -digo señalando el volante y él rápidamente afloja el agarre.
-No me había dado cuenta -dice extrañado.
Pone música para liberar tensión en el ambiente e inmediatamente lo logra porque acabamos cantando y riendo juntos, aparca el coche y quiero que siga, lo estábamos pasando bien.
Abre mi puerta, besa mi frente y dice un ''lo siento'' casi inaudible, decido pensar que son imaginaciones mías, que es lo que mi cerebro quiere oír.
Mantiene su mano en mi cintura y yo en la suya mientras caminamos por un parque, está completamente lleno, apoyo mi cabeza en su hombro y aspiro el tal habitual aroma, su esencia es fresca y deja que desear, podrías pasar perfectamente horas junto a él, y no cansarte de ese olor tan especial, podrías dormir y despertar junto a ese aroma toda la vida, te lo aseguro, ese aroma a Justin no se irá.
-¿Qué te apetece hacer? -dice luego de unos adorables minutos en los que me había dedicado a pensar en su olor.
-¿Una partida de bolos? -digo con un brillo en los ojos y él ríe.
Amo jugar a los bolos, de verdad que sí, es un juego bastante entretenido, además sé como lleva Justin el mal perder y yo soy bastante buena.
-Lo que la señorita diga.
Caminamos un rato más , hasta que decidimos ir a jugar a los bolos. Entramos en el local, luego de pedir los zapatos con nuestro número nos colocamos.
-¿Sabes jugar? -pregunta, que inocente.
-Por supuesto, ¿listo para perder? -niega con la cabeza mientras ríe.
-Adelante, las chicas primero -dice dándome la bola.
Cojo impulso y lanzo la bola dando en el clavo, teniendo así un pleno, me vuelvo y sonrío.
-Pura suerte -dice mientras tira teniendo otro pleno.
Vuelvo tirando logrando hacer otro pleno, esta vez Justin los tira todos menos uno, suelta una hartada de insultos y yo río.
Hacia el final del partido, me encuentro ganando por diez puntos de diferencia.
-Vamos, vamos, vamos, por favor -dice Justin mientras tira, tan solo logra tirar la mitad y vuelve a maldecir.
-Última ronda -digo con felicidad mientras hago mi último tiro volviendo a conseguir un pleno.
-¡Oh, venga ya! ¡Esto no es justo! -dice haciendo como si llorase.
Justin tira la bola logrando tirarlos todos menos uno.
-¡Y la ganadora es... Jazmyn! -grito con felicidad.
-Te he dejado ganar -dice como si nada.
-Ajá, claro, yo te creo.
-¿Que no? Te reto a otra partida.
-Si pierdes, tendrás que hace lo que yo te diga una semana.
-Y si gano, tendrás que hacer lo que yo diga una semana.
-¿Listo para perder?
-Eso debería de decir yo.
Con unos marcadores igualados llegamos al último tiro, la bola rueda y rueda, se me hace eterna la espera, logro tirarlos todos menos uno y maldigo. Justin tira triunfante haciendo un pleno. Santa mierda, perdí. Perdí por un maldito y asqueroso bolo.
-Y ahora, ¿qué hago contigo? -dice sonriendo triunfante.
-Oh amo y señor mío, haré lo que tú digas -digo divertida.
-Bien, ya pensaré algo para ti, esclava mía.
Y algo me dice, que ese algo no me va a gustar.
-¿Vamos? -dice tendiéndome su mano.
-Vamos- contesto mientras la agarro con gusto.




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¡Buenas!
Perdón por la tardanza, pero me ha estado fallando el internet, pero bueno, aquí está el nuevo capítulo, ya sé que es aburrido, y el siguiente también, pero para el diez tengo pensada una cosa que bueno, creo que va a gustar, de todas formas en el final del capítulo nueve se desvela lo que va a pasar en el diez, además de un par de misterios, un millón de gracias a todos por leer y a los que me recomiendan, se los agradezco mucho,  espero que les haya gustado, un beso, les quiere
Patri~

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