The story of my life

viernes, 28 de febrero de 2014

Viaje para dos. Capítulo dos

Mi mirada se encuentra con ese mar verdoso en busca de ayuda, pero por desgracia, no me puede ayudar. Aquellas personas de aspecto profesional se sientan, la sala está en un completo silencio a pesar de la cantidad de personas por las que está compuesta.

Es aquel hombre canoso quien se levanta, da un asentimiento de cabeza como saludo, lo cual se ve un poco vulgar visto como son todos aquí.

-¿Falta alguien? -su voz suena ronca y retumba por aquellas paredes haciendo eco. Mi mirada pasa por todos las sillas en busca de huecos libres, pero en lugar de encontrar alguna libre, veo que varias personas se encuentran de pie.

-No señor, no falta nadie.

-Bien -su voz es casi un susurro, pero aquella sala hace subir su tono de voz para que parezca casi que habla justo a tu lado, cuando desde un extremo de la mesa, a penas podías distinguir las caras de los que se encuentran en el otro extremo – Brad, puedes empezar.

Es el chico de los ojos negros quien se levanta, coge unos folios y los pasa por ambas filas junto con unos bolígrafos para que todos tengan, todos, menos nosotros.

Así que ese es su nombre, Brad. No sé por qué pero todo en él me resulta oscuro y peligroso, no sé si es por el hecho de quien es y donde está, si no en la manera que pretende parecer mayor, vistiendo esos trajes de chaqueta oscuros que hacen juego con su mirada negra y penetrante.
Por unos segundos nuestras miradas se encuentran y no puedo evitar apartarla, es temor lo que siento cuando ese vacío en la mirada se clava en mi.

-Todos sabemos la situación en la que nos encontramos, Caroline y James pueden correr un grave peligro en estos momentos ¡incluso morir si nosotros no lo evitamos! -no sé si es su voz, que transmite tanta frialdad, o el hecho de las palabras lo que hace que se me hiele la sangre.

-No sabemos si podemos confiar en ellos – es un hombre mayor, a leguas se ve que es testarudo y cabezota, la mitad de su cabeza se encuentra sin tan solo un pelo, mientras que por la otra mitad tiene un par de capas de melena blanca.

-Bill, no podemos cerrar las puertas así sin más.

-No sabemos si en cuanto salgan de aquí irán con todo a la policía.

-¿Acaso piensas que los creerán? No digas chorradas.

-No, pero tampoco quiero comprobarlo.

-Ellos no han sido instruidos para esto, ¡no saben nada! -es una mujer quien corrobora a Bill, su melena castaña le llega por los hombros, lleva unas gafas cuadradas que la hacen afear bastante.

-Lo sabemos, por eso no queremos perder el tiempo con chorradas, cuanto antes les enseñemos con lo básico antes podrán ir.

-No va a salir bien – muchos niegan con la cabeza.

-Son unos chicos, se lo tomarán a juego y Dios sabe si en lugar de solucionarnos las cosas, no nos la complican más.

-¿Y si siguen el ejemplo de sus hermanos? ¡Son jóvenes!

Tanto comentario rabioso hacia nuestra persona me estaba comenzando a hartar, antes, mis venas estaban heladas, y ahora se puede oír el burbujear de ellas, porque están a punto de estallar. ¿Es qué no tienen nada bueno para decirnos?

-Quién dice que cuando viajen, no acaten ninguna de nuestras normas.

-Los adolescentes tienden a hacer ese tipo de cosas -todos asienten en la sala.

Sin darme cuenta me encuentro de pie, chocando fuertemente mi mano contra la mesa.

-¿Quién se han creído que son para juzgarnos sin conocernos? ¿Quiénes sois vosotros para decir lo que haremos o no en un futuro? ¡Somos adolescentes, pero no descerebrados! Al menos podrían tener un poco de respeto cuando estemos presentes. ¿Acaso no se vieron? ¡Nosotros somos los que debemos de estar asustados! No son vuestros hermanos los que se encuentran en peligro de muerte, divagando por el futuro, siendo toda vuestra responsabilidad salvarlos, no sois vosotros los que os habéis enterado hace apenas dos horas de todo este lío, y que además, ¡nadie tenga un ápice de confianza en ti! ¡como si no fuese ya lo suficiente duro! Porque si nosotros quisiésemos, tomaríamos la puerta y nos iríamos, dejándoos totalmente tirados, sin tener una segunda opción. Fingen que tienen interés por salvarlos, pero no es así, lo único que les importa es que el portal se quedará sin poder tener ningún uso. ¡Solo querían divertirse! Y no me extraña, porque viendo como sois, seguros que están restringidos de todo. Y de verdad me dan pena, porque nosotros estamos aquí para ayudarlos, y tan solo hacéis poner pegas al respecto, ¡pues bien, adelante! Hagan lo que quieran, pero a este paso solo lograrán que nos vayamos.

Mi mirada enfurecida pasa por el rostro de cada uno, a cada cual más espantado y asombrado. Una reacción así no se encuentra todos los días. Me vuelvo a sentar en la silla, todas las miradas siguen puestas en mí, nadie habla, nadie se mueve, la tensión se puede cortar con un cuchillo.

-Bien, pongan en el folio sí o no, luego pásenlo hacia delante -es el hombre de pelo canoso quien habla. Inmediatamente todos bajan las cabezas, escriben sus respuestas y las pasan hacia delante.

Cuando todos se encuentran en las manos del canoso, se levanta y va enseñando cada respuesta mientras Brad anota en otro folio.

-Todos sí, y un no – parece que mi discurso ha hecho cambiar de opinión a todos, o a casi -¿quién no está de acuerdo?

-He sido yo -contesta Brad, mientras se encoge de hombros.

-¿Por qué? -pregunta, perplejo.

-No me gusta la chica -abro y cierro la boca varias veces, ¿pero quién se ha creído que es?

-Por mayoría de sí, tenemos nuevos viajeros al futuro.

Todos aplauden, ¿por qué lo hacen? No es como si hubiese acabado la función de una obra de teatro en la que sale tu hija pequeña, que aunque lo ha hecho espantosamente mal, debes decirle lo guapa y bien que ha estado.

Mi mirada se vuelve a encontrar con esos ojos negros, pero decido ignorarlo.

-¿Qué tiene contra ti? -murmura Elliot -no ha despegado los ojos de ti en todo el tiempo, y luego eso de que no le gustas, ¿le has pegado o algo?

-¿Por qué iba a pegarle? -frunzo el ceño, lo dice como si fuese la chica más peligrosa del planeta o algo así.

-No lo sé, pareces agresiva, ese discurso me ha hecho quedar de piedra, no parece que de alguien de aspecto tan dulce como tú fuese a decir eso, quizás él intentó besarte y tú le abofeteaste.

-Alto, alto, en primer lugar, ¡yo no soy agresiva! Y en segundo, ¿por qué iba a besarme? -mi cara es de perplejidad total.

-He notado como tú también lo mirabas.

-¡Pero no por eso! Es que sus ojos son como... Como dos esferas vacías.

-Yo también me he fijado, nada que ver con el azul cielo de tus ojos.

-Ni con el verde esmeralda de los tuyos -sonrío, y él sonríe.

Todos salen de la sala, solo el de pelo canoso, Brad y el rubio se quedan.

-Perdón por no presentarme antes, soy Michael – por fin podría dejar de llamarlo ''el de pelo canoso'' resultaba un poco incómodo.

-Yo soy Arthur -es el rubio quien habla, me recuerda al nombre de algún cantante, pero en este momento no caigo.

Ambos me estrechan la mano tanto a mi como Elliot al presentarse.

-Brad -dice secamente, le estrecha la mano a Elliot y luego me la tiende a mi, la miro con indiferencia y dejo que flote en el aire.

-Y tú vienes a pedir respeto.

-No soy yo quien va diciendo que alguien no me gusta.

-No dije nada que no fuese cierto.

-Bien, pues yo no estrecho la mano con personas a las que no les caigo bien.

-Niñata -susurra, pero llega hasta mis oídos.

-Cuando dejéis de discutir podemos empezar -es Michael quien habla, asiento avergonzada.

Camino en silencio mientras sigo a todos por aquellos extraños pasillos, hasta que paramos en una puerta, es de madera, no tiene una altura especial ni nada que sobresalga de lo normal.
Pero por dentro... ¡Todo lo contrario! Hay personas por todas partes, practicando deportes de todas las clases, tiros, curaciones, y mil cosas más por todas partes.

-¿Qué hacemos aquí? -pregunto, mi boca forma una O de asombro.

-Os vamos a entrenar.

-Pero para eso hacen falta años de prácticas -Elliot parece tan asombrado como yo al decirlo.

-A vosotros os tiene que valer con una semana.

-¡Una semana! Eso es totalmente imposible.

-Tenemos que prepararos contra cualquier cosa, ¿veis esas espadas de allí? -ambos asentimos -no son espadas normales, son completamente ligeras y las que tenemos aquí no, pero las del futuro pueden mataros con un simple roce sobre vuestra piel, son totalmente letales.

Trago saliva, quizás no sea tan buena idea...

-¿Aquellas pistolas? Tardan en encontrar su blanco y acertar en él, menos de un segundo.

-Pero no vamos a poder aprender a usarlas en una semana.

-Oh no, no te preocupes, son de lo más fácil de usar, estas armas fueron creadas para que cualquier persona se pudiese defender sin necesidad de haber aprendido.

-Lo que sí deberéis aprender es defensa personal y eso me temo que, en el futuro, está mucho más avanzado que aquí.

Conforme avanzamos por la sala Michael nos va indicando la utilidad de cada arma, y el rango de dificultad que tienen. ¡Cada una más complicada y extraña que la anterior! Necesitaría una vida entera solo para memorizar esos nombres.

-¿Y si empezamos por lo más fácil y rápido? -dice Elliot, leyendo mi mente.

-No, empezaremos por lo más práctico y necesario -su mirada se dirige a un punto de la habitación y las nuestras la siguen -las espadas.

-Yo he de advertir antes que jamás en mi vida he cogido una.

-Ni tú, ni la mayoría de las mujeres.

Viejo machista.

-Vamos, venid -es Arthur quien habla, tras ver mi mirada.

Abren la puerta de cristal para entrar al pequeño espacio destinado a esta actividad, una pareja la abandona tras vernos.

-Hola, soy Dylan -dice el que supongo que es el profesor, cuando me tiende el brazo veo lo fuerte que está, ¡quien fuese espada para estar entre esos brazos!

Su cabello corto rubio está algo mojado por el sudor, se pasa la mano y lo despeina aún más teniendo un aspecto de lo más atractivo, tiene un bonito color de ojos, es azul, pero no un azul claro como el mío, es oscuro, como el color de un océano.

-Un poco mayor, ¿no crees? -murmura Elliot en mi oído.

-¿Y tú que sabes? -no puede tener más de veinticinco, vale vale... Quizás haya una ligera edad de diferencia, pero, ¿qué son nueve años estando con este bellezón?

-Recoge la baba, Hurley -murmura riendo entre dientes.

-Cállate si no quieres ser tú quien recoja otra cosa -mi voz suena asfixiada, por estar hablando entre dientes, produciendo un leve chirrido molesto.

-¿Recoger el qué? Acaba la frase – puede, y solo puede, que no tuviese una continuación para esa frase y por eso la dejé así, eso me pasa por no pensar antes de hablar.

-No lo quieras saber, te aseguro que nada bueno -quien sonríe ahora soy yo, Elliot pone los ojos en blanco.

-¿Verdad chicos? -dice Dylan.

Nuestras caras deben de ser un poema, ya que ninguno habíamos estado atentos a la conversación.

-Claro -digo, carraspeo y lo vuelvo a decir más alto y claro para relucir esa confianza que en estos momentos no tengo.

Asiente, parece satisfecho, sonrío y Elliot me da un codazo, lo miro mal y se hace el loco.

-¿Qué tal si empezamos contigo, Iris? - ¿cómo sabe mi nombre? Bueno, supongo que a estas alturas todos los de aquí deben de saberlo.

-Bueno, pero te advierto de que seguro seré muy mala.

-No te preocupes -sonríe y hace que me derrita por dentro. ¡Vaya hombre! ¿Existe algo más perfecto?

Nos adentramos en la zona de las colchonetas, me indica la posición que debo de tomar, y me tiende la espada, que resulta realmente ligera, tanto, que una pluma probablemente pese más.

-Veamos como tienes los reflejos -dice, me lanza un ataque y lo freno como puedo, me lanza otro en dirección contraria pero también lo freno -muy bien, ¿qué tal si me atacas tú?

-¡Pero yo no sé hacer eso! -exclamo, frustrada.

-Vamos, prueba, seguro que sabes.

Suspiro, y haciendo un giro logro clavarle la espada entre las costillas, bueno, eso si fuese una espada de verdad.

-¿Qué fue eso? ¿No decías que no sabías?

-Lo siento, siempre me pasa cuando me provocan.

-No, no te disculpes en lo absoluto, ¡eso ha estado genial! Ahora probemos con el chico.

Le tiendo la espada a Elliot y este vuelve a repetir el mismo proceso que yo.

-¿Qué tal si ahora probáis juntos? Os atacáis mutuamente.

Asiento, cojo la espada que me tiende Dylan, y me protejo esperando el primer ataque por parte de Elliot, pero él debe estar esperando el mío, así que me decido por atacar. Frena mi primer ataque, también el segundo, pero no logro atacar con el tercero porque me ataca directamente hacia el corazón, consigo pararlo a escasos centímetros. Y así, entre golpe y golpe, conseguimos pasar la ''primera prueba'' que tienen prevista para nosotros hoy.


Parece que va a ser un día muy largo. 

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¡Hola!  

Lo prometido es deuda, así que aquí está el capítulo dos, espero que les guste, un beso, ¡hasta el próximo viernes! Les quiere,

Patri~

viernes, 21 de febrero de 2014

Viaje para dos.

Introducción

¿Viajar? ¿Al futuro? Pero... ¿Eso es posible? Pues al parecer, sí.

Caroline y James se ven en graves problemas tras decidir viajar al año 5000 ¡demasiado lejos! Ahora Iris y Elliot, tendrán que adentrarse en esta desconocida y temible aventura para salvarlos.
Acompaña a nuestra protagonista en su trágica aventura de los viajes al futuro.

¿Amor? Puede. ¡Pasar tantas horas con tu compañero puede pasar factura!

Viaje para dos.



Prólogo


Empezaba a cansarme de sus tontos juegos, de sus ojos esmeralda y de su bonita melena castaña.

-Te he dicho que no -mi respuesta es firme, e inflexible.

-¡Vamos! ¡Por favor! -pestañea muchas veces seguidas, mientras pone cara de inocente y yo no puedo hacer nada más que suspirar.

-Vale vale, está bien, pero como se entere alguien...

-No se enterará nadie, ¡lo prometo!

Niego con la cabeza, es imposible discutir con él.

-¿Estás lista? -me pregunta, su mirada se mantiene posada en mis ojos azul cielo.

-Que sí, venga, vamos antes de que me arrepienta.

Sonríe, de esa forma que hace que se me agite el corazón. Desliza sus dedos por el teclado rápidamente y marca la fecha indicada.

-Vamos, tú cruzarás primero.

-No, espera espera, creo que es una mala idea fijar la fecha en el año 5000, es demasiado lejos, Dios sabe si el mundo no habrá sido conquistado por extraterrestres, o es controlado por máquinas, quizás se haya convertido en polvo, o peor aún, estemos tan pegados al Sol que el calor haga que nos derritamos...

No puedo seguir con mi interminable discurso porque soy empujada por James al interior del portal y caigo, durante varios segundos por un vacío oscuro y temible que hace palpitar a mi corazón agitadamente. Son unos segundos, porque luego aterrizo sobre algo, o mejor dicho alguien.

-¡Me has asustado! -murmuro, mientras me aparto de James.

-Y tú me has aplastado -se frota los codos -fallo técnico, debería de haberme apartado.

-Espero que hayas ajustado el portal a tan solo unos minutos.

-Una semana, en realidad.

Mi cara va pasando del blanco, al rosa, para más tarde tomar un color rojo. Y de no haber sido por aquel extraño ruido, seguramente me hubiese puesto a gritar como loca en poseso.


Capítulo uno


Camino de vuelta a casa, cansada de las clases. Subo las interminables escaleras y finalmente entro en casa. Un extraño murmullo viene desde el salón, suelto la mochila y me dirijo hacia allí.

-Hola -digo, mi voz es alta y claro, varios hombres vestidos de chaqueta se encuentran en el salón acompañados de mi padre.

-Hola cariño -mi padre sonríe, pero veo el miedo en sus ojos.

-¿Qué pasa aquí? -murmuro, los tres desconocidos me observan, uno de ellos, canoso, ojos marrones, de unos cincuenta años, otro rubio, de ojos azules, rondando los treinta y por último un chico de cabello castaño, que le llega por los hombros y ojos tan negros que parece que intentan llegar al tono del tizón, aparenta unos veinticinco años, pero a mi no me engaña su apariencia, apuesto que tiene veinte.

-Siéntate, estos señores quieren hablar con nosotros.

Hago lo que me dice, arrimo la silla más cercana y espero a que alguno de ellos hable.

-Es sobre Caroline, en su último viaje fue demasiado lejos junto con James, no sabemos por qué lo han hecho, pero nunca nadie lo había hecho y sentimos decirle esto, señor Hurley, pero su hija está en peligro.

¿Viajes? ¿De qué habla este señor? ¿Y por qué Caroline está en peligro? ¿Papá? ¿Por qué llora?

-No entiendo -mi cara debe de ser un poema, ya que para mí nada tiene ningún sentido.

-La señorita Caroline, tu hermana mayor, puede viajar al futuro junto con James, gracias al portal.

Suelto una gran carcajada, ¿acaso piensan que soy tonta? Estos señores se deben de estar riendo de mi.

-No, Iris, estos señores están diciendo la verdad.

-¿Tú también papá? Vosotros estáis locos.

El hombre con el pelo canoso, ignora lo que digo y continúa hablando.

-Creemos que las únicas personas que pueden ir a buscarlos son Iris y Elliot.

-¿Quién es Elliot? -pregunto, la curiosidad siempre puede conmigo.

-Es el hermano pequeño de James – esta vez habla el que parece ser el más joven de todos, sus ojos negros me examinan, de una manera fría que hace erizar los vellos de mi piel.

-¿Y qué tenemos que ver en todo esto nosotros dos? -mi mirada cambia al más viejo, pasa la mano por su cabello despeinándolo más de lo que antes estaba.

-Quizás no lo entiendas, pero viajar al futuro es muy peligroso, uno nunca sabe lo que se puede encontrar, por eso elegimos a un personal específico para viajar, los entrenamos para esto durante años.

-¿Hay más como mi hermana y ese tal James? -paso por alto el detalle de que eso no contesta a mi pregunta.

-Por supuesto que sí, muchos en realidad -sus ojos azules chispean con orgullo.

-¿Y por qué no mandáis a alguno de ellos a por mi hermana? -mi pregunta suena con un tono de indignación total, no entiendo que tengo que ver yo en todo esto.

-Porque cada pareja tiene un portal asignado.

-¿Y qué? -sigo sin comprender a estos señores -¿por qué no van desde su portal hasta la época en que se fueron? ¿O por qué no simplemente cruzan el portal de Caroline?

El de cabello castaño suspira haciendo que su larga melena se mueva levemente, es el rubio quién se decide finalmente a contestar.

-Contestando a tu primera pregunta, es totalmente imposible, ya que ellos forman la pareja más joven, por lo tanto la que puede viajar más lejos en el futuro, ningún otro portal supera los 3000 años. Y, contestando a la segunda, porque es imposible, esos portales están hechos para que solo los viajeros puedan viajar al futuro, pero hay leves excepciones, como los hermanos.

-¿Quiere decir que los únicos, además de los viajeros, que pueden viajar al futuro son los hermanos de estos? -mi cerebro procesa la información como un locomotor a toda velocidad, y en seguida se carga de nuevas preguntas que formular.

-Exactamente – se reclinan en la silla los tres a la vez y entonces me doy cuenta de que a pesar de tener los ojos y pelos de otros colores, son iguales, con una diferencia de edad pero al fin y al cabo con los mismos rasgos.

-¿Y qué quieren de mí? Si ellos han viajado tan lejos, será por algo, además volverán ¿no?

-Me temo que no es tan fácil como crees -es el de la melena rubia quien habla – los viajes al futuro cuentan con un tiempo mínimo de unos minutos, y de máximo un año, el tiempo pasa allí igual que aquí, pero debes de tener mucho cuidado, el portal aparece en el mismo lugar a la hora justa en la que se acaba el tiempo y si no estás allí justo a tiempo, podrías quedarte perdido por el futuro toda la vida.

-¿Por qué temen entonces? En una semana tanto mi hermana como James regresarán.

-No sabemos lo que hay en el año 5000, como hemos dicho antes nunca nadie había viajado tan lejos, ¡podría ni si quiera existir el mundo! -sus ojos color tizón van tomando poco a poco, un brillo de rabia.

-¿Piensan mandarnos a nosotros allí para que lo descubramos? ¡Podríamos morir! Ni si quiera estamos preparados para esto, al menos no yo.

-Hemos tardado cientos de años para construir ese portal, y hemos tenido que invertir mucho trabajo y dinero para este proyecto, no podemos dejar que todo se vaya al traste porque dos chiquillos hayan querido darse una excursión, que es realmente peligrosa.

-Iris, debes de confiar en ellos -mi padre habla por primera vez en al menos media hora, sus ojos ya no están aguosos como antes, pero sigue el dolor reflejado en ellos.

-Papá, ¿tú sabías todo esto?

-Claro que lo sabía, fui yo quien dio el consentimiento cuando tu hermana nació.

Una punzada de traición recorre todo mi cuerpo, ¡llevo dieciséis años viviendo en una mentira! ¡y vaya mentira! Porque además, resulta que todos mis seres queridos están involucrados en esto.

-¿Algún día pensabais contármelo? -mi mirada se posiciona en las baldosas blancas y marrones del suelo, y luego suben hasta sus ojos que vuelven a ponerse aguosos.

-Yo... Lo siento.

-¿Qué tengo que hacer? -pregunto, en sorpresa de todos, nadie esperaba que finalmente colaborase, supongo.

-¿Estás dispuesta a ayudarnos?

-No, a vosotros no, lo haré por mi hermana.

El hombre canoso asiente, comprendiendo que realmente no confío en ninguno de ellos, y que todo lo hago por Caroline.
Una llamada interrumpe el silencio, el de cabellos castaños es quien la atiende.

-¿Bill? Sí, la chica ha aceptado -el tal Bill dice algo en la otra línea que no logro escuchar por la distancia - ¡eso es estupendo! - sus ojos negros se posan en mí durante unos segundos mientras Bill contesta – cuanto antes mejor -silencio - ¿ahora? Sí, eso sería perfecto, nos vemos en veinte minutos.

Todas las miradas están posadas en él, que vuelve a guardar el móvil en el bolsillo derecho de la chaqueta.

-¿Y bien? -pregunta, impaciente, el mediano.

-El chico también ha aceptado, le ha costado un poco, pero finalmente ha cedido.

El de ojos marrones observa el reloj detenidamente durante unos instantes, como si no lograse ver con claridad los números del caro reloj.

-Deberíamos de irnos ya.

-¿Y la chica? -quien pregunta es el joven, su mirada me asusta, no puedo evitar sentir un escalofrío cada vez que la posa en mí.

-Bill va de camino a la nave con el chico, cuanto antes comencemos con todo esto, mejor.

Mis ojos viajan a los de papá, que en seguida fija los suyos en mi, en ellos se ven la culpa y el malestar que siente. Me encantaría decirle que no esté mal y que no todo es culpa suya, pero siendo sinceros, gran parte de la culpa, si que es suya.

-¿Debería coger algo? -pregunto, tímida por primera vez en toda la conversación.

-No, no te preocupes.

Asiento, a la espera, los tres se levantan y yo con ellos, papá fija la vista en un punto inexistente de la pared, y sé que está a punto de volverse loco. No me despide, ni si quiera me da una última mirada, ni me dice un ''no tengas miedo, todo saldrá bien'' que es ciertamente lo que más necesito.

Caminamos en silencio hasta la salida, un audi negro (como no) se encuentra aparcado en la cera de en frente. Me siento en el asiento de atrás, junto a la ventanilla mientras veo todo pasar. Realmente todo respecto a esto me da miedo, ¿dónde me he metido? ¡Y esos ojos negros! Jamás había visto algo que impusiese tanto. Nunca una mirada, me había hecho sentir tanto miedo. Pero era imposible no quedarse admirada por ese contraste, su melena castaña casi podría confundirse con un color rubio, podría decirse que es una mezcla de ambos colores, su piel, blanca como la porcelana, tanto, que parece que en cuanto la toques, se va a romper. Y el tono de su piel solo sirve para realzar más los ya oscuros ojos negros. Y esa melena, tan loca y descontrolada ¡yo la cortaría en este mismo momento si tuviese unas tijeras!

Se remueve nervioso en su asiento, al parecer ha debido de sentir mi mirada escrutadora puesta sobre él. Pero, ¿cómo no iba a fijarme en alguien como él? Si bastaban unos segundos de tu tiempo para dejarte asombrado. No es guapo, ni si quiera apuesto, ¡pero mucho menos feo! Es... Simplemente el chico más extraño que he visto en mi vida, porque, aunque su melena parezca suave, y su piel delicada, esos ojos hacen sentir terror en cada parte de tu cuerpo.

Bastan quince minutos para llegar a nuestro destino. Cuando había oído la palabra nave, no sé por qué pero mi cerebro había imaginado un ovni o algo por el estilo, ¡pero nada que ver! Se trata de un enorme edificio, de paredes blancas acompañado de un precioso jardín.

Bajamos del coche y caminamos al interior del edificio, las paredes son gruesas y duras, los techos altos y las ventanas grandes que dan una gran luminosidad al lugar. Avanzamos pasillo recto, pasillo a la derecha, pasillo recto, pasillo a la derecha, pasillo a la izquierda, escaleras abajo, pasillo a la derecha, pasillo recto, escaleras abajo... E innumerables pasillos y escaleras más, tantas, que era imposible no perderse allí, pero aquellos hombres parecen saberse el recorrido a la perfección.
Hasta que por fin llegamos, unas puertas grandes y altas de roble que hacen un contraste con las paredes blancas del pasillo y la luz amarillenta de la única lámpara que se encuentra a nuestro alrededor.

Avanzamos los últimos pasos, es el canoso quien se atreve a abrir la puerta, que desde mi perspectiva, parece muy pesada. Soy yo la última en entrar a aquella escondida habitación, hay una mesa grande en el centro de la sala, dos hombres se encuentran sentados discutiendo, una mujer carga con unos papeles mientras discute no sé cuales condiciones junto con otra mujer. Y a lo lejos, apoyado sobre la pared, se encuentra un chico. Chico que, supongo que es ese tal Elliot.

Cuando nos ven aparecer todos callan y nos observan, mis piernas parecen flaquear pero las mantengo alerta. Nos vamos acercando poco a poco hasta el chico, que había pasado de mantener la vista fija a algún punto del suelo, a tenerla en mí.

Mientras más cerca estamos, más puedo ver sus intensos ojos verdes. Tiene una corta melena de un tono castaño miel, su cuerpo es esbelto, no parece muy alto, pero conforme nos acercamos, veo que me saca unos centímetros. Viste con una chaqueta color beige, que se adaptaba perfectamente a sus definidos músculos.

-Laura, ¿podrías ir a llamar a los demás? Vamos a comenzar.

Tomo asiento, y segundos después alguien arrastra una silla a mi lado.

-Hola -me giro hacia la voz y me encuentro con esos bonitos ojos verdes por primera vez.

-Hola -murmuro.

-Tú debes de ser Iris -sonríe, una sonrisa de puro dientes blancos y perfectos.

-Y tú Elliot -le devuelvo la sonrisa, aunque solo elevo las comisuras de mis labios.

-En la que nos han metido, ¿eh? -intenta hacerse el fuerte, pero en la forma en la que se tensan sus músculos al hablar se nota que está igual o incluso más asustado que yo.

Me encojo de hombros, tampoco me apetece mucho iniciar una conversación.

-No eres muy habladora, ¿no?

-Por lo que veo tú sí.

-Lo siento, es que estoy nervioso.

-Entiendo.

Nuestra conversación se ve interrumpida por una estampida de personas que entran por la puerta y se van sentando a nuestro alrededor. Y la situación no podía ser más terrorífica, todos, hombres y mujeres trajeados de color negro, con expresiones serias. Tanto mi expresión como la de Elliot se torna de puro terror, ¡quiero volver a casa! ¡ya! ¿De verdad mi hermana lleva veinte años tratando con esta gente? Porque yo no llevo ni dos minutos, y ya me quiero ir.


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¡Hola!

Aquí les traigo nueva novela, introducción, prólogo y primer capítulo, no se pueden quejar. No sé si esta historia la terminaré, o la dejaré a medias, porque cuando estás empezando una historia todo lo tienes muy oscuro, aún así intentaré subir capítulo todos los viernes como siempre, aviso de que ya tengo escrito el capítulo dos, y que la semana que entra la voy a tener entera de vacaciones así que aprovecharé y escribiré otro más, para tener un capítulo de reserva y así subir cada viernes. Espero que les haya gustado y que apoyen mi idea, tengo muchas cosas pensadas para esta historia, aunque que me costó muchísimo escribirla, porque no sabía sobre qué escribir, estuve dos semanas pensando ideas, y aunque esta no sea la mejor, puedo intentar sacarle provecho. ¡Mil gracias por leer! Ojalá se unan a esta historia, un besito y un abrazo, les quiere

Patri~ 

sábado, 15 de febrero de 2014

If you hate me, kill me. Capítulo dieciocho

Peter carga con nuestras maletas mientras nosotros entramos a la casa, todo está tan silencioso como siempre. Avanzamos hasta el despacho de Justin, ninguno de los dos nos atrevemos a decir palabra, el ruido de nuestras pisadas nos acompañan hasta que logramos sentarnos, dejando así, un silencio inmenso.
Minutos después, donde nuestras miradas se mantienen fijas en el otro, alguien pega a la puerta y tras el consentimiento de Justin, ese alguien avanza hasta donde ambos nos encontramos, posa sus manos en el escritorio, es un chico, de unos veinticinco años, su pelo es negro azabache, sus ojos verdes esmeralda, y su sonrisa, blanca, como en los anuncios de Colgate.
-Todo ha salido de maravilla -es el chico quien habla, su sonrisa nunca desaparece.
-¿Estás seguro? -murmura Justin, poco convencido.
-Sí, puedes estar completamente tranquilo.
-¿Mandaste el dinero donde acordamos?
-Todo en orden.
-¿Lo has comprobado?
-Por Dios Justin, no soy un niño pequeño, sé lo que tengo que hacer, es mi trabajo.
-Lo sé, pero esto es serio Collins, hay que asegurarse de que todo está perfecto -la voz de Justin ha aumentado unos decibelios, el tal Collins parece que lo está cabreando.
-Tranquilo Bieber, tampoco hace falta que te pongas así -el de pelo azabache parece entender la ira de Justin y decide dar esquinazo a su cabreo.
Los ojos de Justin chispeantes miran al perfil del chico desconocido, mientras éste, con normalidad se sienta en la silla que se encuentra a mi lado, se inclina hacia atrás y posa sus pies en el escritorio de Justin, eso solo lo hace cabrear aún más.
-Quita tus sucios pies de mi escritorio o tendré que matarte, Collins.
-Wow, tranquilo Bieber, tampoco es para tanto - a pesar de sus palabras se sienta en una posición normal y me mira, por primera vez desde que entró.
Justin suspira, frustrado, se pasa las manos por el pelo, siempre que está furioso o cabreado lo hace.
-¿Y tú eres...? -me escanea de arriba abajo y yo no puedo hacer más que una mueca.
-Eso ahora no importa, Collins, céntrate.
-Ya entiendo, es alguna de tus putitas, ¿verdad? -su mirada se vuelve gatuna y Justin se levanta de la silla.
-Maldita sea que pares de una jodida vez, Collins, no me obligues a pegarte un tiro.
¿Me ha llamado puta? ¿Ese maldito mal nacido acaba de decir que soy una puta? Ahora soy yo quien echa chispas. Collins divertido por la situación, posa su mano en mi pierna derecha, asqueada le doy un manotazo.
-No me toques -hablo por primera vez desde que entré en la habitación.
-Uh, la gatita tiene garras -la situación le debe parecer divertida porque se echa a reír.
Cada segundo que pasa me hace ver que es más imbécil aún de lo que ya pensaba.
-Collins ya basta – la mano de Justin agarra la madera del escritorio con fuerza, con tanta, que parece que de un momento a otro la va a romper.
-Está bien, está bien -dice, mientras lanza los brazos al aire y sonríe, con esa sonrisa tan típica y estúpida, que hace que me den arcadas -está todo en orden, Bieber, el robo ha sido todo un éxito y el dinero está a salvo.
-Bien -dice Justin mientras se inclina hacia atrás en su silla.
-¿Qué piensas hacer ahora con ella? -me mira, desde un principio estaba jugando a que no me conocía cuando en realidad sabía toda la historia.
-Dejarla en libertad -abre uno de los cajones mientras busca un merchero, para encender un cigarrillo, bueno, no es un cigarrillo pero prefiero nombrarlo con ese nombre que a decir el real, y le tiende otro a Collins que lo acepta con gusto.
Ambos dan una calada y hacen que el espacio se llene inmediatamente de ese humo tan tóxico que yo no soporto, me encojo en mi asiento mientras trato de respirar lo menos posible.
-¿Estás loco Bieber? ¿Cómo la vas a dejar en libertad? Sabe demasiado.
-Le prometí que si me ayudaba con toda esta mierda, la dejaría ir.
-En cuanto la dejes libre irá con toda esta mierda a la policía.
-No lo haré -mi mirada es desafiante, y por primera vez Collins cambia su expresión sonriente por una con aires de superioridad.
-No podemos fiarnos, Bieber, sabes que no podemos correr riesgos, estamos a punto de que nos pille la pasma, ya sabes que pisotean nuestros talones y estamos hasta el cuello de mierda.
-¿Y qué pretendes que haga entonces? -su mirada pasa de él, a mí, y mi corazón comienza a acelerarse de una manera incontrolable.
-Que la mates, nos quitaríamos un gran problema de encima.
Me quedo petrificada, y no sé si es la habitación, o mi cuerpo quien baja de temperatura, porque empiezo a tener mucho frío.
-No vamos a matarla, Collins, no digas tonterías – Justin niega con la cabeza mientras me mira.
-¿Te rajas Bieber? ¿Es que te has enamorado de esta puta?
Otra vez con lo mismo, ¿es que a ese imbécil no le han enseñado modales?
-No me he enamorado, ¡yo no soy de esos! -la voz de Justin vuelve a aumentar.
-¿Entonces que pasa, Bieber? ¿Por qué no lo haces? ¿Es que ahora no te atreves a matar a inocentes? No sería la primera vez que matases a alguien.
-Maldita sea, pues claro que soy capaz de hacerlo.
-¡Pues hazlo!
-¡Tú no me das órdenes Collins! Te recuerdo que aquí quien manda soy yo.
-Lo sé, Justin, peo no vamos a permitir que por una tía todo se vaya a la mierda y lo sabes, solo quiero lo mejor para todos.
-Tienes razón -se relaja en su asiento – tendré que matarla.
Mi respiración es entrecortada, y por unos segundos, mi corazón deja de latir, la mirada fría de Justin se posa sobre la mía, que se mantiene asustada, y me mira como si nada, como si yo nunca hubiese importado, como si fuese un trapo al que no le importa tirar.
-Ya sabes Bieber, cuanto antes, mejor. Yo me marcho, no puedo estar presente, pero me hubiese encantado ver como su menudo cuerpo queda sin vida, es una lástima, ese cuerpo aún tiene mucho uso.
Justin asiente, pero no dice nada. Collins desaparece por la puerta dejando un terrible silencio entre nosotros. Una lágrima se desliza por mi mejilla, nunca creí capaz a Justin de esto, al menos no ahora, no conmigo. Llegué a pensar que él, que yo, que nosotros...
-Lo siento -murmura, dirigiéndose a mí por primera vez, niego con la cabeza, no me atrevo a mirarle a los ojos, esos ojos que tanto me han transmitido y que tanto he amado, y qué demonios ¡que amo! Porque no todo es pasado. Porque sé, que cuando los mire, sentiré aún más dolor del que ya siento.
-No, está bien, está claro que todo esto es más importante, por favor, hazlo ya, mátame ya -mis palabras suenan bajas, y cansadas, porque realmente me estoy empezando a cansar de todo esto.
-Jazmyn yo... -niego con la cabeza, y levanto la mirada, que se encuentra con ese mar de color miel, que se encuentra cristalino.
-Cuando quieras, Justin.
Sus manos se introducen en el bolsillo interior de la chaqueta, saca una pistola y me apunta, sus manos tiemblan. Y entonces la vuelve a guardar.
-No puedo -dice -no puedo hacerlo.
Mis manos se dirigen hacia mis mejillas, y secan todo rastro de lágrimas.
-No importa lo que ese estúpido de Collins diga, ven, te llevaré a casa.
Asiento, mis mejillas vuelven a estar empapadas a pesar de haberlas secado hace tan solo unos segundos, pero esta vez es Justin quien las seca, cuidadosamente con la yema de los dedos. Agarra mi mano y me lleva hacia el coche, cierra la puerta con fuerza y sale a gran velocidad.
-¿Dónde vives? -su voz suena ronca y entrecortada.
Le doy mi dirección, y nos dirigimos en silencio hacia mi casa. En dos largas e incómodas horas, llegamos a mi casa, abro la puerta tras un leve adiós y sigo el sendero que me lleva hasta el jardín.
¿Y ya está? ¿Eso es todo? Al parecer, sí. Mi casa ahora se ve menos apetecible que nunca, daría lo que sea por dar media vuelta y volver junto a Justin, besarlo, abrazarlo, decirle cuánto lo amo, pero al parecer, al final si que todo era parte de ese tonto juego del que yo, acabo de ser eliminada. Una lágrima se desliza por mi mejilla, pero yo la seco. Cuánto daría por que en este momento, su voz me llamase, me pidiese que volviese y me dijese que me ama, como en las películas, como en los libros ¡como en mis sueños! Pero un terrible silencio, y el ruido de mis pisadas, es lo único que me acompaña.
-¡Espera Jazmyn! -me vuelvo, y contemplo a Justin, que se ha bajado del coche y ahora se encuentra frente a mí, tan solo unos metros nos separan -¿quieres saber por qué no te he disparado? Porque, dispararte a ti, sería como dispararme a mí, porque si tú mures, lo hago yo. Y porque en este tiempo he comprendido, ¡que estoy enamorado! ¡enamorado de tu sonrisa, de tu mirada, de ti! He comprendido, ¡que te amo! Te amo como jamás he amado a nadie, y como pensé que nunca lo haría, y ahora sé, que no podría vivir ni un solo día de mi vida sin ti, ya no. Y cada vez que te alejas de mi lado, siento un vacío en el pecho que no se va hasta que no vuelves, y me encantaría, que cada noche, que cada día, estuvieses a mi lado, que al dormir, pueda abrazarte, y que al despertar, estés junto a mí, me encantaría poder llevarte cada día a un nuevo sitio, cumplir tus sueños, hacerte reír, pero si no quieres yo... Lo entenderé, porque ¿quién querría estar en mi mundo? ¿quién querría estar conmigo? Y ahora yo... Solo puedo decir que tú, te has convertido en todo lo que quiero, en mi centro de atención, que te has convertido en mi vida.
Cada palabra hace agitar con velocidad a mi corazón, y cada una de sus lágrimas derramadas, han estado acompañadas por las mías, ahora, mis piernas avanzan primero despacio y luego rápido hacia él. Y corro, corro hasta tenerlo entre mis brazos, para poder estrecharlo. Y besarlo, porque sus labios no tardan en encontrar los míos para unirse.
-Yo también te amo, Justin -murmuro mientras lo miro a los ojos.
-Por favor, nunca te alejes de mí.
-Lo haré, si prometes no alejarte tú de mí.
-¿Siempre?
-Esa es una palabra demasiado corta para definirlo.
Y una vez más, nuestros labios se unen, no es nuestro primer beso, pero desde luego, que tampoco el último.

FIN.

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¡Hola!
Y al fin se acaba, la historia de Jazmyn y Justin, ¿a que no lo esperaban? En realidad, tenía pensado en hacer otro capítulo más, pero al cuerno con eso, me dio sentimiento y preferí terminar aquí.  Ochenta y nueve páginas, miles de palabras y de horas de trabajo han sido puestos en esta novela. Y con orgullo puedo decir que estoy encantada de esta novela, porque realmente, la considero mi primera novela, ¡he acabado mi primera novela! y qué orgullosa estoy de ello. La gente suele dedicar sus novelas a su familia, pero yo, soy especial. Esta novela va dedicada a mi ídolo, mi inspiración, y a mi razón de vivir, va por ti, Kidrauhl. Por acompañarme cada día en este viaje de mi vida, y ayudarme a expresar mis palabras con tus canciones, por hacer en cada movimiento una nueva idea para mi. También se la quiero dedicar a mi hermana, por prestarme su ordenador todo el tiempo que lo he necesitado para escribir, por ayudarme y apoyarme a cumplir mi sueño, que es escribir. A mis amigos Jake, Ali y Judith, que siempre me han dado ideas, me han aconsejado y me han propuesto nombres, que se me dan terriblemente mal. Y como no, a mi mejor amiga, mi alma gemela, mi hermana, aunque no de sangre, te la dedico a ti, Yoli. Y por último, a vosotros, mis queridos lectores, por hacer posible esto, por dedicar vuestro tiempo a leer lo que escribo, por apoyarme,por tener fe en mí,  porque vosotros reís y lloráis conmigo, gracias por acompañarme en este viaje de mi vida, en el que expreso todo mis sentimientos, todo mi amor y cariño, en unas páginas de inspiración e imaginación. Y decir que esta historia acaba, que cerramos página, pero que pronto, una nueva vamos a abrir, ¡espero que me acompañéis en mi próxima historia! Mil gracias, y un besazo y abrazo enormes, les quiere
Patri~ 

viernes, 7 de febrero de 2014

If you hate me, kill me. Capítulo diecisiete

Extraño, es el cambio que puede suponer en tu vida conocer a una persona, de repente, quien antes era un completo desconocido, ahora lo es todo para ti. Pasando, del hola por un mensaje, a las noches en vela junto al teléfono, del un ratito más, a no irte, del dame un abrazo,a un no me sueltes nunca, del seamos amigos, al no te alejes de mí. Y es que el ser humano es así, juzga sin conocer, pero en cuanto conoce, no puede irse sin más, nos encariñamos, nos enamoramos, y el mundo es así, seamos chicos o chicas, al fin y al cabo para todos es igual.

Desde los que sienten mariposas hasta los que sienten dinosaurios. Mundo cruel, nos das a la persona perfecta y sin embargo no dejas que nosotros seamos la suya. Y para terminar de matarnos, a ellos, les das su persona perfecta ¡pero qué cruel que nosotros nos quedemos sin ninguna! Y para rematar, como si no fuese ya suficiente, ¡lo único que nuestros ojos logran ver es dolor!

Y así, mirando sus bonitos ojos color miel, empiezo a comprender ¡que no debo rendirme! Porque aunque sea duro y el reto elevado, ¿por qué iba yo a dejar escapar a mi persona perfecta? Cuando ni si quiera él tiene la suya, porque quizás hoy no, pero en un futuro puedo llegar a serlo yo.

Mi mano acaricia sus cabellos una y otra vez, sin descanso, correspondiendo a su sonrisa, intentando imitar el delicioso brillo de sus ojos, porque oh mundo, aunque no me des su corazón con esta vista me conformo yo.

-Jazmyn -susurra Justin, sus ojos jamás se despegan de los míos.

-¿Uhmm? -murmuro, atolondrada.

-Yo... -y no termina, porque una melodía nos hace sobresaltar, y ahora ya nunca sabré lo que quería decir.

Suspiro, Justin se acerca al teléfono, empieza a murmurar palabras inteligibles desde mi perspectiva, mientras rendida, decido darme una ducha, relajada pero rápida.
Cuando salgo Justin ha cambiado su pijama, me sonríe y mi corazón se agita.

-¿Qué tal un desayuno francés? -dice pícaro, mientras levanta una ceja, no puedo evitar soltar una risita.

-¡Genial! Me encantaría probar algo típico de aquí.

-Pues vamos, entonces -me tiende el brazo derecho que yo agarro con gusto.

Salimos de la habitación y bajamos por las empinadas escaleras, están cubiertas de una alfombra roja típica de película, y las paredes forradas de una madera oscura, varios cuadros de expresiones confusas se arremolinan a nuestro alrededor, pequeñas lámparas de luz amarillenta se encuentran a cada tramo de escaleras que pasamos.

Justin mantiene unas palabras con la recepcionista y finalmente salimos del hotel, mejor dicho... ¡del enorme hotel! Caminamos sin rumbo unas manzanas, hasta llegar a una cafetería que tiene aspecto bastante reconfortante, una mujer que ronda los cuarenta se acerca a nosotros en cuanto nos sentamos.

-Aquí les dejo el menú -dice, su sonrisa es amable, pero para mi gusto, un poco falsa.

-Gracias – murmura Justin, pero sin prestarle mucha atención realmente, porque sus ojos no se apartan de mi en ningún momento.

Mi vista se fija en unas mesas hacia nuestra izquierda, una chica con una melena larga y rizada de un tono rojizo, de ojos grandes y verdes me hace quedar perpleja ¡vaya belleza la suya! Vaya, así a cualquiera se le puede bajar la moral. La vista de Justin debe de seguir la mía, porque tras dejarla puesta unos segundos murmura, entre pequeñas pausas.

-Es guapa.

-Sí, mucho.

-Pero no más que tú.

Tras sus palabras mis ojos antes perdidos en la lejanía de aquella belleza pelirroja, ahora acaban fijos en un mar miel resplandeciente.

-Sé que no- mis palabras suenan más tristes de lo que realmente pretendo, ya que yo no me siento así.

-Yo nunca mentiría sobre una cosa así – una cortina de pelos hace desaparecer a Justin de mi vista, aunque solo durante unos segundos, porque tras ver como me tapan gran parte de la cara acerca sus manos y aparta la melena para dejar despejada mi vista, pero en lugar de quitar sus manos de mí tras eso, las deja sobre mi mandíbula, pasa la mano de arriba hacia abajo en unas caricias dulces que me producen leves cosquillas, mi mirada se encuentra con el dulce miel de la suya, cristalinos los ojos mientras me acerco, sus caricias cada vez más dulces hacen que a mi corazón le crezcan unas pequeñas alas y comience a volar en torno su pequeño hueco, mis ojos se cierran ante su tacto, pero él me obliga a abrirlos, aunque difícil es mantener la vista fija en él sin que me recorran todo tipo de sentimientos y sensaciones desde la más típica a la más extravagante, porque así me hace sentir él, típica, pero a la vez especial ¡si tú supieras lo que daría yo por ti! ¡por sentir estas caricias cada noche, cada día! Y en un arrebato de locura y confusión, mis labios buscan los suyos para al fin romper las barreras y desafiar al mundo,porque esa pequeña distancia de tan solo unos centímetros me estaba matando y eso yo no lo podía permitir más. Pero mayor fue mi euforia al comprobar que había sido correspondida, y mi corazón antes manteniendo en su pequeño hueco ahora se escapa hacia el horizonte rebosante de alegría y felicidad, porque así es como yo me siento ¡y qué carajos que si digo que nadie me podrá arrebatar este pequeño momento de felicidad! Pero como todo lo bueno, se acaba, el aire se hace necesario en mis pulmones, y despacio me alejo de él, más mis ojos jamás dejaron de contemplar sus rosados labios, y al parecer, los suyos tampoco, porque en cuanto doy el movimiento de separación final, vuelve a atraerme hacia él y me besa, como si el mundo se acabase, como si fuese un espejismo o un sueño a punto de acabar, y mi corazón, se vuelve a depositar en su lugar, ya que su cometido acababa de acabar. Era correspondida, y no de cualquier manera.

O eso es lo que mi tonto corazón y yo esperamos, porque si no es así, las alas construidas se destrozarán y grandes grietas se crearán, grietas que jamás se cerrarán, pero ni una lágrima prometí que iba a derramar, así que en tal caso, tendría que soportar todo lo que me viniese encima. Pero es mi cuento, mi pequeño cuento de hadas que aunque solo dure unas semanas, son sin duda, las mejores de mi vida.

Cuando el aire se vuelve a hacer necesario, ambos nos separamos, me mira durante unos segundos, sus ojos tienen un brillo especial y luego me besa, pero no en los labios, me besa en la frente, posa sus labios unos segundos ahí, dejando esa pequeña zona un tanto húmeda, y luego se aleja.

-¿Han decidido lo que van a tomar? -tan concentrada estaba en Justin, que ni cuenta me di de donde estábamos.

-¿Qué tal unas crêpes?

Y ese fue, sin duda, el único momento mágico del desayuno, porque luego de que Lucy (lo leí en la placa que llevaba colgada de la camisa) nos interrumpiera, la magia ya se había esfumado.

***

No sé cuanto tiempo fue, pero cuando me di cuenta ¡ya estábamos en el avión! Y no sé si fue gracias a que estaba tan concentrada y nerviosa porque el robo se estaba produciendo en ese momento, o porque había superado mis miedos, pero aquel terror de la primera vez que monté en el avión ya se había esfumado.

-Tienes una sonrisa preciosa -me vuelvo hacia Justin, radiante, para agradecer el cumplido pero me doy cuenta de que no es a mi, sino a una pequeña niña de al rededor de unos siete años que se encuentra a unos pasos de nosotros.

Lo miro cabreada, yo cargando con las maletas y él diciéndole piropos a una niña, muy bonito.

-¡Justin! -le grito, da un respingo del susto.

-¿Qué pasa? -se da la vuelta, se quita las gafas de Sol y me mira confuso.

-¿Es que no piensas ayudarme con las maletas? ¡Vaya hombre!

-Dame anda, que no vales para nada -murmura mientras niega con la cabeza, abro y cierro la boca muchas veces y cabreada, tiro con más fuerza de la maleta, para llevarle la contraria a Justin y demostrar que sí valgo y para mucho más de lo que él cree.

-No, ahora la pienso llevar yo -mi mirada echa chispas.

-No seas cabezona, lo decía de broma – frunzo el ceño, asiento, pero continuo tirando de la pesada maleta.

-No me mires así, no te la pienso dar, no te voy a dar esa satisfacción -me paro en seco y mientras pronuncio esas palabras lo señalo con el dedo y él ríe.

-En algún momento te cansarás y rogarás que lleve la maleta -lo dice de forma creída y eso solo hace que aumente mi cabreo, Justin posa sus manos detrás de la cabeza mientras sonríe.

-Eh, tú, mis mundo, que te olvidas de tu maleta – paso por su lado dejándolo atrás mientras maldice y corre tras su maleta, sonrío triunfal.

Pero mi satisfacción no dura mucho porque un minuto después ya me ha alcanzado he intenta adelantarme, pero me niego rotundamente a darle el gusto así que, aún estando completamente agotada aligero el paso, mis respiraciones se empiezan a acelerar y mis brazos se cansan del gran peso que soportan, pero no por eso me dejo vencer.

-¿Dónde vas? -grita Justin, sus palabras suenan lejanas, así que paro en seco y veo que él se dirige dirección contraria, con tanto tirar de la maleta se me había olvidado que ni si quiera sabía hacia donde me dirigía, y tragando mi orgullo doy media vuelta y me coloco a su lado, le tiendo la maleta y camino hacia el coche que ya logro visualizar, Justin sonríe triunfal pero le doy un pequeño pisotón que le hace cambiar la sonrisa por una mueca.

Finalmente llegamos al coche, donde cansada me siento y espero que Justin arranque, en un abrir y cerrar de ojos, lo cuál es un poco irónico porque me había quedado dormida nada más sentarme, habíamos llegado a casa.



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¡Hola!

No se lo esperaban, ¿verdad?  Justamente hoy por fin me arreglaron el ordenador, así que dejé todas las cosas que tenía que hacer (que no eran pocas) para ponerme a escribir, ya sé que no es un capítulo muy interesante, pero estaba inspirada en temas amorosos, así que me salió así, creo que se debe a la cercanía de la fecha de San Valentín. Espero que les guste, ¡mil gracias por leer! Por cierto advierto de que no pude revisar el capítulo a fondo, así que perdón por si hay fallos o faltas, un beso, les quiere

Patri~

domingo, 2 de febrero de 2014

If you hate me, kill me. Capítulo dieciséis

La mano de Justin se mantiene entorno a la mía, se relame los labios lentamente, como si quisiese provocar en mí alguna reacción, que por suerte puedo contener en mi interior, no le pienso dar el gusto de ver cómo me derrito ante tan simple gesto.
Paseamos por los jardines verdes, y cansada de tanta caminata tiro del brazo de Justin hasta un banco, que tras quejarse termina cediendo y sentándose a mi lado.

-¿Por qué paramos? -parece un niño pequeño al que bajan de las atracciones para ir a comer.

-Porque necesito descansar, Justin -y claramente yo soy la madre que intenta convencer al hijo de que tiene que comer para poder volver a las atracciones.

-Pero es que no hemos avanzado a penas -mi cabeza se gira hacia él en ese instante, para mirarlo de una manera un tanto vulgar por mi parte.

-¿Qué estás insinuando? -ahora hecho chispas por los ojos.

-No estoy insinuando nada -dice molesto, mientras pone los ojos en blanco.

-¡Ah, no! Es que si a mi se me ha venido a insultar aquí me vuelvo al hotel y fin del problema -exclamo, mientras mis ojos siguen mandando dagas hacia Justin.

-Pero si nadie te ha insultado -su mirada antes puesta en el infinito ahora se posiciona sobre la mía -anda y que no eres peliculera.

Si hay algo que yo no tolero, es que me insulten, por eso creo que mi mano viajó a la velocidad de la luz, pero extrañamente no terminó estampada sobre la mejilla de Justin, sino contra el pequeño banco de madera.

Tenía que controlarme, al fin y al cabo él era mi secuestrador y un tipo peligroso, podía matarme cuando quisiese, si no lo hizo en otro tiempo fue por cuestiones de conveniencia.

-Eh gatita, yo que tú me estaba quieta, empiezan a mirarnos raro.

-¡Como si a ti te importase ahora lo que piensen los demás de ti! - Justin sonríe.

-Tienes razón, no me importa en lo absoluto, pero a ti sí.

-¿De qué hablas? A mi no, deja de inventar cosas -mi mirada es frustrada.

-Si no te importase no te habrías puesto así.

-No me he puesto de ninguna forma.

-Pareces una niña pequeña -dice con una sonrisita.

-Mira quién fue a hablar.

-No te lo niego yo -se encoge de hombros, pero su sonrisa jamás se borra.

Y sonrío, porque es imposible enfadarse con Justin, tan sólo hace falta que las comisuras de sus labios se eleven unos milímetros para conseguir que todo el esfuerzo se vaya al traste, que el orgullo quede machacado, para que en medio de la discusión acabe sonriendo y así, dejar que él gane, porque no tengo valor de hacerlo yo.

Maldito y sensual Justin.

-¿Podemos ahora seguir avanzando, por favor?

-Sí -digo, alargando mucho la i.

Nos levantamos del pequeño banco, Justin agarra mi cintura con un brazo y con el otro sostiene mi rostro, luego avanza los últimos centímetros que nos separan, y sus labios húmedos se posan sobre los míos. Y tengo sed, sed de sus besos y de esos labios tan deseables que tiene.

Para mi desgracia se separa, andamos unos minutos más hasta llegar a la conocida Torre Eiffel, por fin, tantos años siendo mi sueño verla y por fin lo consigo. Gracias a Justin.

-Perdone, ¿podría hacernos unas fotos? -le dice a un señor mayor que se encuentra a escasos metros de nosotros.

-Claro -coge el teléfono de Justin.

El brazo de Justin sigue en mi cintura, ambos sonreímos mientras posamos para que detrás nuestra se aprecien las vistas. Nos hace varias más, una de ellas en la que nuestros labios acaban unidos en un dulce beso.

-Muchas gracias -le dice al señor -el hombre se despide con un gesto de cabeza y nos quedamos solos allí, bueno, solos junto con otras cien personas más que se encuentran paseando por los alrededores.

Al final, vencidos por la terrible y larga caminata, decidimos volver al hotel, donde pedimos comida para que nos la lleven en la habitación mientras nos tiramos en la cama a hacer el vago.

-He pensado una cosa – le digo a Justin tras unos minutos de silencio.

-Que miedo -dice – tú pensando, a saber -en su tono se nota la ironía pero decido ignorarlo.

-Tal vez cuando se produzca el robo nosotros deberíamos de estar dentro del avión -digo, calmada, pero Justin da un respingo y se pone de pie en un salto.

-Mierda, ¡tienes razón! No sé como no se me ha ocurrido antes.

-Tengo una mente brillante -soy una modesta.

-Voy a llamar para que me cambien los billetes.

Me encojo de hombros mientras abro la puerta para recoger la comida que acaba de llegar.
Para cuando entro con la comida, los billetes ya están cambiados, lo que no me explico es cómo los ha cambiado tan rápido, a mi no me hubiese dado tiempo ni de coger el teléfono. Misterios de la vida.

Abrimos los recipientes y nos sentamos a comer, primero en silencio, pero no sé como, acabamos cantando con la boca llena mientras no podemos parar de reír. Y así es la vida junto a éste chico, hagas lo que hagas, al final siempre acabarás riendo o haciendo el tonto, pero al fin y al cabo, feliz.

-Creo que deberíamos irnos a la cama ya -dice mientras mira la hora en el móvil – son las dos.

-¿Qué? ¿En serio? Se me ha pasado muy rápido el tiempo.

-A mi también -dice sincero, mientras recoge los plásticos y envases de la comida.

Quito todos los cojines que tiene la cama, destapo las sábanas y me introduzco dentro, segundos después Justin repite mi acción, apaga la luz, pero en lugar de estar cada uno lo más separado posible del otro como yo pensaba, Justin me acerca a él y me abraza, sus suspiros me acarician la piel muy suavemente produciéndome una sensación de calidez, mis ojos se vuelven pesados, y en alguna caricia de Justin, debo de quedarme dormida.

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¡Hola!

Siento mucho el retraso, pero he tenido dos grandes problemas ¡tenía anginas! He estado con 40 de fiebre durante una maldita semana, vamos, lo que es estar mala en toda regla, y ya para rematar, ¡mi ordenador está roto! ¡roto!  Y digo está, porque lo sigue, ahora os estoy escribiendo desde el ordenador de mi amiga, que tan amablemente me ha prestado su ordenador, por eso este capítulo es tan extremadamente corto, hasta que no me lo arreglen tendré que subir por aquí y claro, no puedo pasar cuatro horas escribiendo como a mi me gustaría, así que perdonen que sea tan pequeño y cutre, pero quería subirles algo, bueno ya me despido, muchas gracias por la espera y por leer, les quiere

Pati~