The story of my life

viernes, 28 de febrero de 2014

Viaje para dos. Capítulo dos

Mi mirada se encuentra con ese mar verdoso en busca de ayuda, pero por desgracia, no me puede ayudar. Aquellas personas de aspecto profesional se sientan, la sala está en un completo silencio a pesar de la cantidad de personas por las que está compuesta.

Es aquel hombre canoso quien se levanta, da un asentimiento de cabeza como saludo, lo cual se ve un poco vulgar visto como son todos aquí.

-¿Falta alguien? -su voz suena ronca y retumba por aquellas paredes haciendo eco. Mi mirada pasa por todos las sillas en busca de huecos libres, pero en lugar de encontrar alguna libre, veo que varias personas se encuentran de pie.

-No señor, no falta nadie.

-Bien -su voz es casi un susurro, pero aquella sala hace subir su tono de voz para que parezca casi que habla justo a tu lado, cuando desde un extremo de la mesa, a penas podías distinguir las caras de los que se encuentran en el otro extremo – Brad, puedes empezar.

Es el chico de los ojos negros quien se levanta, coge unos folios y los pasa por ambas filas junto con unos bolígrafos para que todos tengan, todos, menos nosotros.

Así que ese es su nombre, Brad. No sé por qué pero todo en él me resulta oscuro y peligroso, no sé si es por el hecho de quien es y donde está, si no en la manera que pretende parecer mayor, vistiendo esos trajes de chaqueta oscuros que hacen juego con su mirada negra y penetrante.
Por unos segundos nuestras miradas se encuentran y no puedo evitar apartarla, es temor lo que siento cuando ese vacío en la mirada se clava en mi.

-Todos sabemos la situación en la que nos encontramos, Caroline y James pueden correr un grave peligro en estos momentos ¡incluso morir si nosotros no lo evitamos! -no sé si es su voz, que transmite tanta frialdad, o el hecho de las palabras lo que hace que se me hiele la sangre.

-No sabemos si podemos confiar en ellos – es un hombre mayor, a leguas se ve que es testarudo y cabezota, la mitad de su cabeza se encuentra sin tan solo un pelo, mientras que por la otra mitad tiene un par de capas de melena blanca.

-Bill, no podemos cerrar las puertas así sin más.

-No sabemos si en cuanto salgan de aquí irán con todo a la policía.

-¿Acaso piensas que los creerán? No digas chorradas.

-No, pero tampoco quiero comprobarlo.

-Ellos no han sido instruidos para esto, ¡no saben nada! -es una mujer quien corrobora a Bill, su melena castaña le llega por los hombros, lleva unas gafas cuadradas que la hacen afear bastante.

-Lo sabemos, por eso no queremos perder el tiempo con chorradas, cuanto antes les enseñemos con lo básico antes podrán ir.

-No va a salir bien – muchos niegan con la cabeza.

-Son unos chicos, se lo tomarán a juego y Dios sabe si en lugar de solucionarnos las cosas, no nos la complican más.

-¿Y si siguen el ejemplo de sus hermanos? ¡Son jóvenes!

Tanto comentario rabioso hacia nuestra persona me estaba comenzando a hartar, antes, mis venas estaban heladas, y ahora se puede oír el burbujear de ellas, porque están a punto de estallar. ¿Es qué no tienen nada bueno para decirnos?

-Quién dice que cuando viajen, no acaten ninguna de nuestras normas.

-Los adolescentes tienden a hacer ese tipo de cosas -todos asienten en la sala.

Sin darme cuenta me encuentro de pie, chocando fuertemente mi mano contra la mesa.

-¿Quién se han creído que son para juzgarnos sin conocernos? ¿Quiénes sois vosotros para decir lo que haremos o no en un futuro? ¡Somos adolescentes, pero no descerebrados! Al menos podrían tener un poco de respeto cuando estemos presentes. ¿Acaso no se vieron? ¡Nosotros somos los que debemos de estar asustados! No son vuestros hermanos los que se encuentran en peligro de muerte, divagando por el futuro, siendo toda vuestra responsabilidad salvarlos, no sois vosotros los que os habéis enterado hace apenas dos horas de todo este lío, y que además, ¡nadie tenga un ápice de confianza en ti! ¡como si no fuese ya lo suficiente duro! Porque si nosotros quisiésemos, tomaríamos la puerta y nos iríamos, dejándoos totalmente tirados, sin tener una segunda opción. Fingen que tienen interés por salvarlos, pero no es así, lo único que les importa es que el portal se quedará sin poder tener ningún uso. ¡Solo querían divertirse! Y no me extraña, porque viendo como sois, seguros que están restringidos de todo. Y de verdad me dan pena, porque nosotros estamos aquí para ayudarlos, y tan solo hacéis poner pegas al respecto, ¡pues bien, adelante! Hagan lo que quieran, pero a este paso solo lograrán que nos vayamos.

Mi mirada enfurecida pasa por el rostro de cada uno, a cada cual más espantado y asombrado. Una reacción así no se encuentra todos los días. Me vuelvo a sentar en la silla, todas las miradas siguen puestas en mí, nadie habla, nadie se mueve, la tensión se puede cortar con un cuchillo.

-Bien, pongan en el folio sí o no, luego pásenlo hacia delante -es el hombre de pelo canoso quien habla. Inmediatamente todos bajan las cabezas, escriben sus respuestas y las pasan hacia delante.

Cuando todos se encuentran en las manos del canoso, se levanta y va enseñando cada respuesta mientras Brad anota en otro folio.

-Todos sí, y un no – parece que mi discurso ha hecho cambiar de opinión a todos, o a casi -¿quién no está de acuerdo?

-He sido yo -contesta Brad, mientras se encoge de hombros.

-¿Por qué? -pregunta, perplejo.

-No me gusta la chica -abro y cierro la boca varias veces, ¿pero quién se ha creído que es?

-Por mayoría de sí, tenemos nuevos viajeros al futuro.

Todos aplauden, ¿por qué lo hacen? No es como si hubiese acabado la función de una obra de teatro en la que sale tu hija pequeña, que aunque lo ha hecho espantosamente mal, debes decirle lo guapa y bien que ha estado.

Mi mirada se vuelve a encontrar con esos ojos negros, pero decido ignorarlo.

-¿Qué tiene contra ti? -murmura Elliot -no ha despegado los ojos de ti en todo el tiempo, y luego eso de que no le gustas, ¿le has pegado o algo?

-¿Por qué iba a pegarle? -frunzo el ceño, lo dice como si fuese la chica más peligrosa del planeta o algo así.

-No lo sé, pareces agresiva, ese discurso me ha hecho quedar de piedra, no parece que de alguien de aspecto tan dulce como tú fuese a decir eso, quizás él intentó besarte y tú le abofeteaste.

-Alto, alto, en primer lugar, ¡yo no soy agresiva! Y en segundo, ¿por qué iba a besarme? -mi cara es de perplejidad total.

-He notado como tú también lo mirabas.

-¡Pero no por eso! Es que sus ojos son como... Como dos esferas vacías.

-Yo también me he fijado, nada que ver con el azul cielo de tus ojos.

-Ni con el verde esmeralda de los tuyos -sonrío, y él sonríe.

Todos salen de la sala, solo el de pelo canoso, Brad y el rubio se quedan.

-Perdón por no presentarme antes, soy Michael – por fin podría dejar de llamarlo ''el de pelo canoso'' resultaba un poco incómodo.

-Yo soy Arthur -es el rubio quien habla, me recuerda al nombre de algún cantante, pero en este momento no caigo.

Ambos me estrechan la mano tanto a mi como Elliot al presentarse.

-Brad -dice secamente, le estrecha la mano a Elliot y luego me la tiende a mi, la miro con indiferencia y dejo que flote en el aire.

-Y tú vienes a pedir respeto.

-No soy yo quien va diciendo que alguien no me gusta.

-No dije nada que no fuese cierto.

-Bien, pues yo no estrecho la mano con personas a las que no les caigo bien.

-Niñata -susurra, pero llega hasta mis oídos.

-Cuando dejéis de discutir podemos empezar -es Michael quien habla, asiento avergonzada.

Camino en silencio mientras sigo a todos por aquellos extraños pasillos, hasta que paramos en una puerta, es de madera, no tiene una altura especial ni nada que sobresalga de lo normal.
Pero por dentro... ¡Todo lo contrario! Hay personas por todas partes, practicando deportes de todas las clases, tiros, curaciones, y mil cosas más por todas partes.

-¿Qué hacemos aquí? -pregunto, mi boca forma una O de asombro.

-Os vamos a entrenar.

-Pero para eso hacen falta años de prácticas -Elliot parece tan asombrado como yo al decirlo.

-A vosotros os tiene que valer con una semana.

-¡Una semana! Eso es totalmente imposible.

-Tenemos que prepararos contra cualquier cosa, ¿veis esas espadas de allí? -ambos asentimos -no son espadas normales, son completamente ligeras y las que tenemos aquí no, pero las del futuro pueden mataros con un simple roce sobre vuestra piel, son totalmente letales.

Trago saliva, quizás no sea tan buena idea...

-¿Aquellas pistolas? Tardan en encontrar su blanco y acertar en él, menos de un segundo.

-Pero no vamos a poder aprender a usarlas en una semana.

-Oh no, no te preocupes, son de lo más fácil de usar, estas armas fueron creadas para que cualquier persona se pudiese defender sin necesidad de haber aprendido.

-Lo que sí deberéis aprender es defensa personal y eso me temo que, en el futuro, está mucho más avanzado que aquí.

Conforme avanzamos por la sala Michael nos va indicando la utilidad de cada arma, y el rango de dificultad que tienen. ¡Cada una más complicada y extraña que la anterior! Necesitaría una vida entera solo para memorizar esos nombres.

-¿Y si empezamos por lo más fácil y rápido? -dice Elliot, leyendo mi mente.

-No, empezaremos por lo más práctico y necesario -su mirada se dirige a un punto de la habitación y las nuestras la siguen -las espadas.

-Yo he de advertir antes que jamás en mi vida he cogido una.

-Ni tú, ni la mayoría de las mujeres.

Viejo machista.

-Vamos, venid -es Arthur quien habla, tras ver mi mirada.

Abren la puerta de cristal para entrar al pequeño espacio destinado a esta actividad, una pareja la abandona tras vernos.

-Hola, soy Dylan -dice el que supongo que es el profesor, cuando me tiende el brazo veo lo fuerte que está, ¡quien fuese espada para estar entre esos brazos!

Su cabello corto rubio está algo mojado por el sudor, se pasa la mano y lo despeina aún más teniendo un aspecto de lo más atractivo, tiene un bonito color de ojos, es azul, pero no un azul claro como el mío, es oscuro, como el color de un océano.

-Un poco mayor, ¿no crees? -murmura Elliot en mi oído.

-¿Y tú que sabes? -no puede tener más de veinticinco, vale vale... Quizás haya una ligera edad de diferencia, pero, ¿qué son nueve años estando con este bellezón?

-Recoge la baba, Hurley -murmura riendo entre dientes.

-Cállate si no quieres ser tú quien recoja otra cosa -mi voz suena asfixiada, por estar hablando entre dientes, produciendo un leve chirrido molesto.

-¿Recoger el qué? Acaba la frase – puede, y solo puede, que no tuviese una continuación para esa frase y por eso la dejé así, eso me pasa por no pensar antes de hablar.

-No lo quieras saber, te aseguro que nada bueno -quien sonríe ahora soy yo, Elliot pone los ojos en blanco.

-¿Verdad chicos? -dice Dylan.

Nuestras caras deben de ser un poema, ya que ninguno habíamos estado atentos a la conversación.

-Claro -digo, carraspeo y lo vuelvo a decir más alto y claro para relucir esa confianza que en estos momentos no tengo.

Asiente, parece satisfecho, sonrío y Elliot me da un codazo, lo miro mal y se hace el loco.

-¿Qué tal si empezamos contigo, Iris? - ¿cómo sabe mi nombre? Bueno, supongo que a estas alturas todos los de aquí deben de saberlo.

-Bueno, pero te advierto de que seguro seré muy mala.

-No te preocupes -sonríe y hace que me derrita por dentro. ¡Vaya hombre! ¿Existe algo más perfecto?

Nos adentramos en la zona de las colchonetas, me indica la posición que debo de tomar, y me tiende la espada, que resulta realmente ligera, tanto, que una pluma probablemente pese más.

-Veamos como tienes los reflejos -dice, me lanza un ataque y lo freno como puedo, me lanza otro en dirección contraria pero también lo freno -muy bien, ¿qué tal si me atacas tú?

-¡Pero yo no sé hacer eso! -exclamo, frustrada.

-Vamos, prueba, seguro que sabes.

Suspiro, y haciendo un giro logro clavarle la espada entre las costillas, bueno, eso si fuese una espada de verdad.

-¿Qué fue eso? ¿No decías que no sabías?

-Lo siento, siempre me pasa cuando me provocan.

-No, no te disculpes en lo absoluto, ¡eso ha estado genial! Ahora probemos con el chico.

Le tiendo la espada a Elliot y este vuelve a repetir el mismo proceso que yo.

-¿Qué tal si ahora probáis juntos? Os atacáis mutuamente.

Asiento, cojo la espada que me tiende Dylan, y me protejo esperando el primer ataque por parte de Elliot, pero él debe estar esperando el mío, así que me decido por atacar. Frena mi primer ataque, también el segundo, pero no logro atacar con el tercero porque me ataca directamente hacia el corazón, consigo pararlo a escasos centímetros. Y así, entre golpe y golpe, conseguimos pasar la ''primera prueba'' que tienen prevista para nosotros hoy.


Parece que va a ser un día muy largo. 

*********************************************************************************

¡Hola!  

Lo prometido es deuda, así que aquí está el capítulo dos, espero que les guste, un beso, ¡hasta el próximo viernes! Les quiere,

Patri~

No hay comentarios:

Publicar un comentario