Mi mirada se encuentra con
ese mar verdoso en busca de ayuda, pero por desgracia, no me puede
ayudar. Aquellas personas de aspecto profesional se sientan, la sala
está en un completo silencio a pesar de la cantidad de personas por
las que está compuesta.
Es aquel hombre canoso
quien se levanta, da un asentimiento de cabeza como saludo, lo cual
se ve un poco vulgar visto como son todos aquí.
-¿Falta alguien? -su voz
suena ronca y retumba por aquellas paredes haciendo eco. Mi mirada
pasa por todos las sillas en busca de huecos libres, pero en lugar de
encontrar alguna libre, veo que varias personas se encuentran de pie.
-No señor, no falta
nadie.
-Bien -su voz es casi un
susurro, pero aquella sala hace subir su tono de voz para que parezca
casi que habla justo a tu lado, cuando desde un extremo de la mesa, a
penas podías distinguir las caras de los que se encuentran en el
otro extremo – Brad, puedes empezar.
Es el chico de los ojos
negros quien se levanta, coge unos folios y los pasa por ambas filas
junto con unos bolígrafos para que todos tengan, todos, menos
nosotros.
Así que ese es su nombre,
Brad. No sé por qué pero todo en él me resulta oscuro y peligroso,
no sé si es por el hecho de quien es y donde está, si no en la
manera que pretende parecer mayor, vistiendo esos trajes de chaqueta
oscuros que hacen juego con su mirada negra y penetrante.
Por unos segundos nuestras
miradas se encuentran y no puedo evitar apartarla, es temor lo que
siento cuando ese vacío en la mirada se clava en mi.
-Todos sabemos la
situación en la que nos encontramos, Caroline y James pueden correr
un grave peligro en estos momentos ¡incluso morir si nosotros no lo
evitamos! -no sé si es su voz, que transmite tanta frialdad, o el
hecho de las palabras lo que hace que se me hiele la sangre.
-No sabemos si podemos
confiar en ellos – es un hombre mayor, a leguas se ve que es
testarudo y cabezota, la mitad de su cabeza se encuentra sin tan solo
un pelo, mientras que por la otra mitad tiene un par de capas de
melena blanca.
-Bill, no podemos cerrar
las puertas así sin más.
-No sabemos si en cuanto
salgan de aquí irán con todo a la policía.
-¿Acaso piensas que los
creerán? No digas chorradas.
-No, pero tampoco quiero
comprobarlo.
-Ellos no han sido
instruidos para esto, ¡no saben nada! -es una mujer quien corrobora
a Bill, su melena castaña le llega por los hombros, lleva unas gafas
cuadradas que la hacen afear bastante.
-Lo sabemos, por eso no
queremos perder el tiempo con chorradas, cuanto antes les enseñemos
con lo básico antes podrán ir.
-No va a salir bien –
muchos niegan con la cabeza.
-Son unos chicos, se lo
tomarán a juego y Dios sabe si en lugar de solucionarnos las cosas,
no nos la complican más.
-¿Y si siguen el ejemplo
de sus hermanos? ¡Son jóvenes!
Tanto comentario rabioso
hacia nuestra persona me estaba comenzando a hartar, antes, mis venas
estaban heladas, y ahora se puede oír el burbujear de ellas, porque
están a punto de estallar. ¿Es qué no tienen nada bueno para
decirnos?
-Quién dice que cuando
viajen, no acaten ninguna de nuestras normas.
-Los adolescentes tienden
a hacer ese tipo de cosas -todos asienten en la sala.
Sin darme cuenta me
encuentro de pie, chocando fuertemente mi mano contra la mesa.
-¿Quién se han creído
que son para juzgarnos sin conocernos? ¿Quiénes sois vosotros para
decir lo que haremos o no en un futuro? ¡Somos adolescentes, pero no
descerebrados! Al menos podrían tener un poco de respeto cuando
estemos presentes. ¿Acaso no se vieron? ¡Nosotros somos los que
debemos de estar asustados! No son vuestros hermanos los que se
encuentran en peligro de muerte, divagando por el futuro, siendo toda
vuestra responsabilidad salvarlos, no sois vosotros los que os habéis
enterado hace apenas dos horas de todo este lío, y que además,
¡nadie tenga un ápice de confianza en ti! ¡como si no fuese ya lo
suficiente duro! Porque si nosotros quisiésemos, tomaríamos la
puerta y nos iríamos, dejándoos totalmente tirados, sin tener una
segunda opción. Fingen que tienen interés por salvarlos, pero no es
así, lo único que les importa es que el portal se quedará sin
poder tener ningún uso. ¡Solo querían divertirse! Y no me extraña,
porque viendo como sois, seguros que están restringidos de todo. Y
de verdad me dan pena, porque nosotros estamos aquí para ayudarlos,
y tan solo hacéis poner pegas al respecto, ¡pues bien, adelante!
Hagan lo que quieran, pero a este paso solo lograrán que nos
vayamos.
Mi mirada enfurecida pasa
por el rostro de cada uno, a cada cual más espantado y asombrado.
Una reacción así no se encuentra todos los días. Me vuelvo a
sentar en la silla, todas las miradas siguen puestas en mí, nadie
habla, nadie se mueve, la tensión se puede cortar con un cuchillo.
-Bien, pongan en el folio
sí o no, luego pásenlo hacia delante -es el hombre de pelo canoso
quien habla. Inmediatamente todos bajan las cabezas, escriben sus
respuestas y las pasan hacia delante.
Cuando todos se encuentran
en las manos del canoso, se levanta y va enseñando cada respuesta
mientras Brad anota en otro folio.
-Todos sí, y un no –
parece que mi discurso ha hecho cambiar de opinión a todos, o a casi
-¿quién no está de acuerdo?
-He sido yo -contesta
Brad, mientras se encoge de hombros.
-¿Por qué? -pregunta,
perplejo.
-No me gusta la chica
-abro y cierro la boca varias veces, ¿pero quién se ha creído que
es?
-Por mayoría de sí,
tenemos nuevos viajeros al futuro.
Todos aplauden, ¿por qué
lo hacen? No es como si hubiese acabado la función de una obra de
teatro en la que sale tu hija pequeña, que aunque lo ha hecho
espantosamente mal, debes decirle lo guapa y bien que ha estado.
Mi mirada se vuelve a
encontrar con esos ojos negros, pero decido ignorarlo.
-¿Qué tiene contra ti?
-murmura Elliot -no ha despegado los ojos de ti en todo el tiempo, y
luego eso de que no le gustas, ¿le has pegado o algo?
-¿Por qué iba a pegarle?
-frunzo el ceño, lo dice como si fuese la chica más peligrosa del
planeta o algo así.
-No lo sé, pareces
agresiva, ese discurso me ha hecho quedar de piedra, no parece que de
alguien de aspecto tan dulce como tú fuese a decir eso, quizás él
intentó besarte y tú le abofeteaste.
-Alto, alto, en primer
lugar, ¡yo no soy agresiva! Y en segundo, ¿por qué iba a besarme?
-mi cara es de perplejidad total.
-He notado como tú
también lo mirabas.
-¡Pero no por eso! Es que
sus ojos son como... Como dos esferas vacías.
-Yo también me he fijado,
nada que ver con el azul cielo de tus ojos.
-Ni con el verde esmeralda
de los tuyos -sonrío, y él sonríe.
Todos salen de la sala,
solo el de pelo canoso, Brad y el rubio se quedan.
-Perdón por no
presentarme antes, soy Michael – por fin podría dejar de llamarlo
''el de pelo canoso'' resultaba un poco incómodo.
-Yo soy Arthur -es el
rubio quien habla, me recuerda al nombre de algún cantante, pero en
este momento no caigo.
Ambos me estrechan la mano
tanto a mi como Elliot al presentarse.
-Brad -dice secamente, le
estrecha la mano a Elliot y luego me la tiende a mi, la miro con
indiferencia y dejo que flote en el aire.
-Y tú vienes a pedir
respeto.
-No soy yo quien va
diciendo que alguien no me gusta.
-No dije nada que no
fuese cierto.
-Bien, pues yo no estrecho
la mano con personas a las que no les caigo bien.
-Niñata -susurra, pero
llega hasta mis oídos.
-Cuando dejéis de
discutir podemos empezar -es Michael quien habla, asiento
avergonzada.
Camino en silencio
mientras sigo a todos por aquellos extraños pasillos, hasta que
paramos en una puerta, es de madera, no tiene una altura especial ni
nada que sobresalga de lo normal.
Pero por dentro... ¡Todo
lo contrario! Hay personas por todas partes, practicando deportes de
todas las clases, tiros, curaciones, y mil cosas más por todas
partes.
-¿Qué hacemos aquí?
-pregunto, mi boca forma una O de asombro.
-Os vamos a entrenar.
-Pero para eso hacen falta
años de prácticas -Elliot parece tan asombrado como yo al decirlo.
-A vosotros os tiene que
valer con una semana.
-¡Una semana! Eso es
totalmente imposible.
-Tenemos que prepararos
contra cualquier cosa, ¿veis esas espadas de allí? -ambos asentimos
-no son espadas normales, son completamente ligeras y las que tenemos
aquí no, pero las del futuro pueden mataros con un simple roce sobre
vuestra piel, son totalmente letales.
Trago saliva, quizás no
sea tan buena idea...
-¿Aquellas pistolas?
Tardan en encontrar su blanco y acertar en él, menos de un segundo.
-Pero no vamos a poder
aprender a usarlas en una semana.
-Oh no, no te preocupes,
son de lo más fácil de usar, estas armas fueron creadas para que
cualquier persona se pudiese defender sin necesidad de haber
aprendido.
-Lo que sí deberéis
aprender es defensa personal y eso me temo que, en el futuro, está
mucho más avanzado que aquí.
Conforme avanzamos por la
sala Michael nos va indicando la utilidad de cada arma, y el rango de
dificultad que tienen. ¡Cada una más complicada y extraña que la
anterior! Necesitaría una vida entera solo para memorizar esos
nombres.
-¿Y si empezamos por lo
más fácil y rápido? -dice Elliot, leyendo mi mente.
-No, empezaremos por lo
más práctico y necesario -su mirada se dirige a un punto de la
habitación y las nuestras la siguen -las espadas.
-Yo he de advertir antes
que jamás en mi vida he cogido una.
-Ni tú, ni la mayoría de
las mujeres.
Viejo machista.
-Vamos, venid -es Arthur
quien habla, tras ver mi mirada.
Abren la puerta de cristal
para entrar al pequeño espacio destinado a esta actividad, una
pareja la abandona tras vernos.
-Hola, soy Dylan -dice el
que supongo que es el profesor, cuando me tiende el brazo veo lo
fuerte que está, ¡quien fuese espada para estar entre esos brazos!
Su cabello corto rubio
está algo mojado por el sudor, se pasa la mano y lo despeina aún
más teniendo un aspecto de lo más atractivo, tiene un bonito color
de ojos, es azul, pero no un azul claro como el mío, es oscuro, como
el color de un océano.
-Un poco mayor, ¿no
crees? -murmura Elliot en mi oído.
-¿Y tú que sabes? -no
puede tener más de veinticinco, vale vale... Quizás haya una ligera
edad de diferencia, pero, ¿qué son nueve años estando con este
bellezón?
-Recoge la baba, Hurley
-murmura riendo entre dientes.
-Cállate si no quieres
ser tú quien recoja otra cosa -mi voz suena asfixiada, por estar
hablando entre dientes, produciendo un leve chirrido molesto.
-¿Recoger el qué? Acaba
la frase – puede, y solo puede, que no tuviese una continuación
para esa frase y por eso la dejé así, eso me pasa por no pensar
antes de hablar.
-No lo quieras saber, te
aseguro que nada bueno -quien sonríe ahora soy yo, Elliot pone los
ojos en blanco.
-¿Verdad chicos? -dice
Dylan.
Nuestras caras deben de
ser un poema, ya que ninguno habíamos estado atentos a la
conversación.
-Claro -digo, carraspeo y
lo vuelvo a decir más alto y claro para relucir esa confianza que en
estos momentos no tengo.
Asiente, parece
satisfecho, sonrío y Elliot me da un codazo, lo miro mal y se hace
el loco.
-¿Qué tal si empezamos
contigo, Iris? - ¿cómo sabe mi nombre? Bueno, supongo que a estas
alturas todos los de aquí deben de saberlo.
-Bueno, pero te advierto
de que seguro seré muy mala.
-No te preocupes -sonríe
y hace que me derrita por dentro. ¡Vaya hombre! ¿Existe algo más
perfecto?
Nos adentramos en la zona
de las colchonetas, me indica la posición que debo de tomar, y me
tiende la espada, que resulta realmente ligera, tanto, que una pluma
probablemente pese más.
-Veamos como tienes los
reflejos -dice, me lanza un ataque y lo freno como puedo, me lanza
otro en dirección contraria pero también lo freno -muy bien, ¿qué
tal si me atacas tú?
-¡Pero yo no sé hacer
eso! -exclamo, frustrada.
-Vamos, prueba, seguro que
sabes.
Suspiro, y haciendo un
giro logro clavarle la espada entre las costillas, bueno, eso si
fuese una espada de verdad.
-¿Qué fue eso? ¿No
decías que no sabías?
-Lo siento, siempre me
pasa cuando me provocan.
-No, no te disculpes en lo
absoluto, ¡eso ha estado genial! Ahora probemos con el chico.
Le tiendo la espada a
Elliot y este vuelve a repetir el mismo proceso que yo.
-¿Qué tal si ahora
probáis juntos? Os atacáis mutuamente.
Asiento, cojo la espada
que me tiende Dylan, y me protejo esperando el primer ataque por
parte de Elliot, pero él debe estar esperando el mío, así que me
decido por atacar. Frena mi primer ataque, también el segundo, pero
no logro atacar con el tercero porque me ataca directamente hacia el
corazón, consigo pararlo a escasos centímetros. Y así, entre golpe
y golpe, conseguimos pasar la ''primera prueba'' que tienen prevista
para nosotros hoy.
Parece que va a ser un día
muy largo.
*********************************************************************************
¡Hola!
Lo prometido es deuda, así que aquí está el capítulo dos, espero que les guste, un beso, ¡hasta el próximo viernes! Les quiere,
Patri~
No hay comentarios:
Publicar un comentario