The story of my life

sábado, 8 de marzo de 2014

Viaje para dos. Capítulo tres

Un paso a la izquierda, otro a la derecha, abajo, golpe en la espinilla, salto, golpe, golpe, patada y disparo.

-¡Muy bien Iris! Eso ha estado genial.

Acababa de machacar al muñeco de prácticas, eso era todo un logro. Sobretodo si tenemos en cuenta que el muñeco tiene vida, y se llama Elliot.

-¿Puedo quitarme ya esto? -pregunta, mientras saca la cabeza del acolchado.

-Tú no has estado tan bien Elliot, dale el traje a Iris, haber si conseguimos mejorar tu táctica de defensa.

-No es mi culpa, es imposible moverse con eso -señala el traje, mientras poco a poco va dejando a la vista su cuerpo.

-Tengo la ligera impresión de que, la princesa va a salvar al príncipe -digo entre burlas.

-Cállate, o me veré obligado a dejarte encerrada en el castillo.

-Eso si logras tocarme antes de caer en redondo al suelo.

-Ven y dime eso a la cara, Hurley.

Doy dos pasos hasta quedar a su altura, topando nariz con nariz.

-¿De verdad quieres quedar en ridículo?

-No me tientes, vaya a ser que te lleves una sorpresa.

Me separo unos centímetros de él, ladeo la cabeza y sonrío, engreído.

-Adelante.

Me vuelvo, para caminar los metros que antes había caminado, para volver a mi lugar, cuando una mano agarra mi cintura, me gira y me tira al suelo, haciendo que mi espalda choque con el frío suelo.

-¿Y ahora qué? Haber si te crees tan fuerte.

-¡Me has atacado por la espalda y cuando estaba distraída!

-Pues intenta salir de mi agarre – está tumbado sobre mí, ejerciendo una fuerza mayor de la que yo tengo.

Mi rodilla busca dar con el blanco, pero ve la intención en mis ojos, y la para.

-Vale, está bien, tú ganas ¡pero suéltame!

Sonríe, triunfal, y se quita de encima, Dylan aplaude mientras sonríe y nos da la enhorabuena. Me levanto lentamente sintiendo un dolor agudo en la espalda, teniendo que volver a sentarme, mi respiración es agitada por el esfuerzo.

-¿Estás bien, Iris? -Dylan se acerca al ver que me vuelvo a tumbar.

-No, creo que no. Mi espalda.

-Está bien, no te preocupes, solo ha sido un golpe -niego con la cabeza sintiendo como el dolor va creciendo poco a poco.

Dylan me levanta sin ningún esfuerzo, como si fuese una pluma. Salimos de aquella habitación y caminamos por aquel recinto donde hay tanta gente, todas las miradas se posan en nosotros, Elliot camina en silencio a nuestro lado. Tras un pequeño recorrido para frente a una de las puertas de cristal, da unos golpecitos y entramos. Me tumba en una camilla sin decir nada a la mujer que me mira con ojos grandes y sorprendidos.

-Se ha llevado un gran golpe contra el suelo al ser derribada.

La mujer asiente sin decir nada y se acerca hasta mi. Corre una cortina entorno a nosotras para que nadie más nos pueda ver, me quita la camiseta y hace que le de la espalda, extiende un líquido viscoso desde los hombros hasta la parte baja de mi espalda, luego deja que el líquido desaparezca, me vuelve a poner la camiseta y vuelve a quitar las cortinas.

Lo sorprendente de todo eso, es que ya no siento ningún dolor, se me ha pasado. Dylan le da las gracias y volvemos hasta la sala de defensa personal.

-¿Qué era eso? -pregunto, aún perpleja.

-Es medicina del futuro, solo tienes que repartir un poco de ese líquido por la zona que te duele para que se cure.

-¡Cómo mola! ¿Y cuándo dices que van a inventar eso?

-Entorno al año 3500.

-Vaya, aún falta para eso.

-Pues un poco, la verdad.

Elliot se mantiene en silencio todo el rato. Se sienta en el suelo, cansado, mientras cierra los ojos.

-¿Qué horas es? -le pregunto a Dylan, sintiéndome también muy cansada.

-Son las nueve, deberíais de iros ya a casa, es tarde y aún os queda el camino de vuelta.

Asiento, ha sido un día bastante duro, y aún me queda volver a enfrentarme con papá.

-Venid, os voy a acompañar hasta arriba.

Caminamos hasta la entrada, desde esta sala no se encuentra tan lejos, allí sentado en un sofá se encuentra Brad.

-Brad os llevará a casa.

Genial, simplemente genial. Es sin duda lo que más deseo para acabar mi día aquí.

-Hasta mañana Dylan -me despido, con una sonrisa.

-Hasta mañana chicos -es lo último que oigo antes de salir de allí.

El camino hasta el coche, lo andamos en silencio, Elliot a mi lado y Brad unos pasos por delante de nosotros. El coche no está muy lejos, así que llegamos en seguida, me siento atrás junto con Elliot y no tarda en invadirnos el silencio incómodo.

Habíamos acordado que a las cinco pasarían a recogernos a casa , para que nos diese tiempo a cumplir nuestras obligaciones, es decir, hacer deberes y estudiar.

La casa de Elliot se encuentra más cerca que la mía, así que tengo que pasar diez minutos de pura incomodidad yo sola.

-¿Por qué no te gusto? -le pregunto a Brad, sus palabras llevaban rondándome todo el día.

-Porque acabas de llegar, y ya estás revolucionando todo, tengo la intuición de que vas a cambiar lo que nos ha costado con tanto trabajo construir.

-Pero eso es bueno -digo, extrañada.

-No dije que lo fueses a cambiar para bien, lo estropearás todo -me mira por el espejo retrovisor, acusador.

-Pero yo no he hecho nada, y tampoco creo que lo haga.

-En cuanto pongáis pies en el futuro, se darán cuenta de que no encajáis y seguro que nos descubren, será un desastre.

Es increíble como ese chico podía sacarme de quicio tan rápido.

-No puedes hablar sin saberlo, además si tan listo te crees, ¡ve tú! Ah, no, espera que no puedes -sonrío maliciosa.

Tengo el defecto de que, cuando me cabrean, digo cosas hirientes a los demás, incluso a las personas que más quiero, no lo puedo controlar.

-Espero que algún día, te encuentres con alguien como tú.

Ignoro su respuesta, aunque me cala hasta lo más hondo de mi corazón. A veces no es fácil ser una persona borde, porque por dentro, soy todo lo contrario. Porque las personas que somos así, solo queremos mostrar nuestras barreras para que no entren y así no hacernos daño, ya que nadie se atreve a cruzarlas, pero cuando lo hacen ¡es todo lo contrario! Por eso nos mostramos fríos, para que no cualquier persona entre y que quien lo haga, sea una persona maravillosa.


Poco después llego a casa, y tras apoyar la cabeza sobre la tierna almohada, quedo rendida ante morfeo.

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¡Hola lectores!

Pues espero que les guste, y comunicarles de que en las próximas dos semanas puede que no suba capi, por exámenes finales, que tengo que estudiar muchísimo, un beso, les quiere

Patri~ 

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