Parte
dos
El sonido de las agujas
del reloj empieza a hartarme, sigo el compás del molesto ruido con
el pie derecho. Ya han pasado dos horas, ¿cuánto más tendré que
esperar? Suspiro cansada cuando veo a la recepcionista salir.
-Puede pasar.
-Ya era hora -mi mirada es
frustrada, pero sin decir nada más camino hasta el despacho para
comenzar la entrevista.
Una mujer esbelta levanta
la cabeza cuando me hago presente, lleva el pelo recogido en una cola
alta y unas gafas cuadradas que no hacen justicia a sus ojos verdes.
-¿Russo? -pregunta,
mientras deja los papeles a un lado.
-Presente -alza una ceja
ante mi contestación. Que tonta soy, no estamos en el colegio.
-Siéntese, por favor.
Asiento, avergonzada y
hago lo que me dice.
-¿Por qué cree que
debería de contratarla?
-¿Le soy sincera o le
cuento el royo que suelta todo el mundo siempre?
-Sea sincera, por favor.
-Pues porque estoy en
paro, y soy muy joven, probablemente no dure ni un día contratada,
pero puedo llevarme a casa el día de trabajo.
-¿Por qué ha sido
despedida de tantos sitios? -ladeo la cabeza y sonrío.
-Pues porque soy gafe, la
persona más gafe que puede existir sin duda, yo no tengo un mal día,
tengo una mala vida.
-¿Cree que merece que la
contrate?
-Sinceramente, no, pero
tengo que presentarme a alguna entrevista si no quiero que mis padres
se me echen encima y me recuerden lo inútil que soy.
-¿Tiene usted algún
trauma?
-¿Perdón?
-Que si tiene usted algún
trauma, infantil o por el estilo.
-No, si la he escuchado a
la perfección, ¿por qué lo pregunta?
-No existen las personas
gafes, ni la mala suerte, nosotros creamos nuestro entorno con
nuestros pensamientos.
Suelto una carcajada que
resuena por todo el despacho.
-¿Y usted qué sabrá?
-mi pregunta ahora es seria, y rotunda.
-Soy psicóloga -su mirada
es de superioridad, inmediatamente la fulmino con la mirada.
-Eso no quiere decir que
lo sepas todo.
-Voy a dar la entrevista
por finalizada, como comprenderá, no está usted contratada.
Se levanta y me señala la
puerta con desprecio, como si mi presencia fuese demasiado vulgar
para su empresa.
-Ojalá tengas aunque sea
un sólo día la mala suerte que tengo yo, para callarte y dejar de
decir estupideces.
-No voy a permitir que me
hables así, bastante con que dejé que me tuteases sin darte
permiso.
-¿Permiso? ¿Pero quién
se cree que es? -mi risa vuelve a resonar.
-Márchese ahora mismo o
me veré obligada a llamar a seguridad.
-Adelante, hágalo, no le
tengo miedo.
-Señorita, no me haga
pulsar el botón -hago un gesto vulgar con el dedo, y eso hace que
pulse inmediatamente el botón.
Dos hombres altos y
fuertes, vestidos con chaqueta, llegan en ese momento a nuestra
altura.
-¿La está molestando?
-Llévensela.
-Es usted una guarra -no
puedo evitar decirlo, su boca se abre y cierra de la indignación -y
una amargada, acabará sola, ni si quiera los gatos la querrán.
¡Siesa, borde, aburrida, estirada!
Uno de los guardas me
agarra de las muñecas con fuerza y me saca del despacho pero eso no
impide que yo pare de decir barbaridades por la boca.
-¡Te arrepentirás de
esto! ¡El karma es muy malo, perra! -todos a nuestro al rededor
miran a la loca que llevan a rastras fuera del edificio mientras
comentan lo vulgar que soy -¡púdranse todos! ¡céntrense en sus
vidas y dejen de mirarme!
Podría callarme, pero mi
vida, al igual que yo, somos así, y eso no va a cambiar.
-¡Bruja! -grito a las
puertas del edificio, antes de que uno de los guardas me patee el
trasero y acabe comiendo tierra -¡que les den a todos!
Sentada en el suelo, con
los codos sollados por la caída al suelo, y gritando maldiciones a
todo aquel que pasa, es como transcurre mi mañana. Un bonito día.
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Aquí está la recompensa como les acabo de decir en el capítulo cinco de viaje para dos, muchas gracias a todos por el apoyo, un besito, les quiere
Patri~
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