Tatiana nos abraza y
continuamos nuestro recorrido. Su melena negra alcanza su cintura, su
piel es blanca y hace resaltar sus intensos ojos azules, es alta y
delgada, pero no demasiado.
Nos da dos besos a ambos
cuando nos ve, y rápidamente Mario empieza a contarle sobre ''el
chico misterioso'' y hacen preguntas que, en lugar de responder yo,
acaban respondiéndose ellos mismos con estúpidas teorías.
Pronto llegamos, subo los
escalones de dos en dos mientras dejo a los chicos atrás que siguen
hablando sin parar. Mi mirada se desplaza por los pupitres, y alcanzo
a sentarme en mi habitual lugar. La pesada mochila impacta contra la
mesa creando un pequeño estruendo. Dos chicas rubias están sentadas
en la última fila, una de ellas se contempla las uñas mientras la
otra le habla. Poco a poco el aula se va llenando, Mario y Tati no
tardan en llegar y sentarse en sus lugares.
Mario a mi lado, y Tati un
pupitre por delante. La profesora no tarda en llegar, lleva una
camisa y una falda de tubo, junto con sus altos tacones negros, es la
profesora más joven del centro, su cuerpo es esbelto, mientras que
los chicos la desnudan con la mirada, las chicas suspiran, envidiosas
por no ser ellas así. Cómo les gustaría a muchas de esas chicas
que algún chico le mostrase una mínima parte de atención que le
dedican a esa profesora.
Y ya que estamos hablando
sobre ella, también hay que dar el pequeño detalle de que da
matemáticas, y que por cierto, me tiene cierta tirria, y todo sea
dicho, el sentimiento es mutuo.
-Hurley, salga a la
pizarra a corregir el ejercicio número tres.
De treinta alumnos, mi
apellido siempre es el que reluce, y no en el buen sentido. Maldigo
mientras me acerco con la hoja de los cálculos, cojo la gastada tiza
que inmediatamente hace manchar mis manos de polvo blanco. Poco a
poco la verde pizarra se va llenando de números y cálculos que para
alguien que no ha dado clases, le puede parecer algo completamente
indescifrable.
-Siéntese, por favor
-sonrío satisfecha, al ver que no tiene nada malo que objetar
contra mí.
Me he librado, por poco,
pero lo he hecho. Un ensordecedor sonido llena la sala, mientras la
ronca y gastada voz del director se hace presente.
-Todos los alumnos se
deben de reunir en el salón de actos en diez minutos -anuncia, sin
decir nada más, dejando a todos perplejos.
El habitual murmullo se
hace presente, mientras recogemos las cosas y nos dirigimos hacia el
salón de actos.
-¿Qué crees que haya
pasado? -murmuran todos en el pasillo.
-¡Justamente teníamos
que perder matemáticas! -comentan varios chicos, mientras avanzan
indignados.
-Pues yo me alegro de
haber podido salir de ahí -susurro a Mario mientras ríe y niega con
la cabeza.
-No vas a cambiar nunca,
no sé por qué sigues empeñada en que te odia.
-¡Porque lo hace! No son
imaginaciones mías, deberías de creerme.
Agacho la cabeza, mientras
pasa sus brazos entorno a mi cuello y besa mi mejilla.
-Sabes que estoy de broma,
¡guapa!
-No seas pelota, que no
cuela.
Hace un puchero, y luego
hace su habitual cara de perro, que es imposible resistir.
-¡Pero mira que eres
tonto! Ven aquí -estampo mis labios en su mejilla haciendo un sonoro
ruido que lo deja sordo por unos segundos.
-Bruta, que eres una bruta
-dice, mientras coloca una mano en su oreja.
-No hablemos de ti y de
tus besos...
Tati ríe a nuestro lado,
luego me da un codazo, y no hace falta que me diga nada más para
saber a lo que se refiere. Rápidamente ambas estampamos otro beso a
cada lado de sus mejillas. Mientras se queja irritado, nosotras
reímos.
-Mira que sois pesadas.
-¿Dónde está la cosita
más bonita del mundo? ¿Dónde está? -le toco el pelo mientras
hablo, haciendo como si fuese un perro, cruza los brazos, coge aire,
y deja de respirar.
-¡Niño pequeño, niño
pequeño! -gritamos ambas a coro hasta que Mario finalmente no
aguanta más y se une a nuestras risas.
Y así somos nosotros, los
tres mejores amigos del mundo, ¿inmaduros? No, divertidos. Sólo
queremos disfrutar la vida ahora que podemos, antes de que sea
demasiado tarde para ello.
Llegamos al salón de
actos, se encuentra casi lleno, encontramos un pequeño hueco y nos
sentamos, ¿que querrán? Juego con mi cabello mientras esperamos,
entre tonterías y risas, a que alguien diga algo. En la sala sólo
se oyen preguntas sobre qué ha pasado y por qué nos han reunido a
todos.
El director sale de la
nada y se monta en el escenario, comprueba el micro y se sienta en
una silla, no es él quien habla. No hace falta que diga nada, para
saber quién es y qué quiere.
¡Brad estaba ahí, justo
delante de mí, a unos metros, con un papel en la mano y buscando
alguien entre la multitud! Y su vista no tarda en encontrarme, esos
ojos negros, ¿qué querrán de mí? Un escalofrío recorre mi cuerpo
cuando su voz ronca suena por los altavoces anunciando algo que yo ya
sospechaba.
*********************************************************************************
¡Hola!
Aquí les traigo un nuevo capítulo, espero que me perdonen porque es realmente corto, pero les he traído otra pequeña historia como recompensa, estoy muy agotada como para tener la mente centrada en escribir, y de todas formas ¡quería dejar con la intriga! ¿que querrá decir Brad? ¿allí, delante de todos? ¡sorpresa, sorpresa! Eso lo podrán averiguar la semana que viene, en un nuevo capítulo de viaje para dos. Muchos besos y mil gracias por leer, les quiere
Patri~
No hay comentarios:
Publicar un comentario