The story of my life

sábado, 15 de marzo de 2014

Me llaman la gafe. Historia uno

Recorro las calles con la mirada, con la esperanza de divisarlo. ¡Maldito ladrón! Hoy, justo hoy me tenían que atracar. Con los tacones en la mano, me lanzo a correr cuesta arriba, todas las miradas están fijas en mí, ¿quién es la loca descalza, despeinada, y con la falda rota? Y si ha su aspecto le sumamos, que a penas había logrado dormir esta noche, puedo decir que tengo un aspecto terrible. Para empezar, el despertador no había sonado, con las bullas no desayuné, al salir a la calle el viento me despeinó por completo, mientras me pintaba en el taxi, dio un frenazo y hizo que me pintase una línea de pintalabios a lo largo de la mejilla izquierda, después de bajarme enfadada del taxi, tuve que correr con los tacones, haciendo que uno de ellos se partiese al clavarse en una alcantarilla, mientras intentaba sacar el pie, un tipo me robó el bolso, y cuando pude salir, por culpa del impulso caí al suelo, la falda se rompió y manché toda la camisa de barro. Llevo media hora despierta, y ya quiero que acabe el día.

A lo lejos, ya logro divisar aquel enorme edificio, que se hace llamar el lugar donde trabajo, lugar que, por cierto, llego con mucho retraso y una pinta espantosa. ¡Si Juana la loca me viese, diría que soy su hija!

Muchos dirán que es solo un mal día, y que cuando mañana me levante, todo saldrá bien. ¿Saben qué? Se equivocan, y mucho. Cada día, pasa algo diferente, y cada día, es peor que el anterior.
La mirada de la directora es de desaprobación total, era de esperar que no durase ni una semana en el trabajo, ni si quiera sé como pude sacarme una carrera.

-Señorita Russo, preséntese en mi despacho ahora mismo -su voz es exigente, lleva un moño recto, su cabello es rubio, pero lleva tanta laca que su brillo se siente invadido por ella. Porta una falda por encima de las rodillas color gris, una chaqueta negra y unos zapatos negros. Doña estirada me lleva hacia su despacho que, por supuesto, está perfectamente ordenado.

Me hace sentarme en una de las sillas frente a su escritorio, va dando vueltas por el despacho, su cara se estira más conforme me ve, y sus ojos desprenden un odio y una repugnancia al completo.

-¿Por qué se ha presentado tarde y con esas pintas?

-Yo...

-No, no me lo diga -murmura entre dientes.

-¿Entonces para qué pregunta? -abre y cierra la boca muchas veces, sus ojos echan chispas y parece que de un momento a otro va a explotar.

Sí, se me olvidó comentar que tengo el don de no callarme nada, por eso suelo meterme en muchos líos, debería de aprender a callarme la boca, o al menos, a pensar antes de hablar, pero como dije, debería.

-Queda usted despedida -me señala la puerta con el dedo índice, me alza la voz al decirlo.

Me encojo de hombros y camino sin rechistar, supongo que es la costumbre, cuando uno lleva un año siendo despedido de todos los lugares y muchas veces sin aguantar un minuto, se acostumbra.


Pero por supuesto, no puedo salir de un lugar con la poca dignidad que me queda. Doy tres pasos tras salir del despacho, y no puedo continuar más porque mi pie choca contra el otro, haciendo que caiga al suelo de boca. Pero mayor fue mi sorpresa, al comprobar que ya no tenía la falda rota, sino que ahora, la camisa también. ¡Mi sujetador de Hello Kitty ha quedado a la vista de cientos de personas que ríen a carcajadas!


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¡Hola!

Aviso de que esto no tiene nada que ver con ''viaje para dos'' ni ninguna otra historia, esto que acabo de decir tampoco es el principio de una. He decidido que voy a subir de vez en cuando pequeñas anécdotas de un personaje imaginario, alocadas y divertidas. Ninguna va a tener que ver con la otra, subo esto porque me gusta, no tengo por qué subir cada semana, ni hay día fijo. Espero que les guste y que les divierta tanto como a mí escribirlas, ¡hasta el viernes! Un beso, les quiere

Patri~  

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