Recorro las calles con la mirada, con
la esperanza de divisarlo. ¡Maldito ladrón! Hoy, justo hoy me
tenían que atracar. Con los tacones en la mano, me lanzo a correr
cuesta arriba, todas las miradas están fijas en mí, ¿quién es la
loca descalza, despeinada, y con la falda rota? Y si ha su aspecto le
sumamos, que a penas había logrado dormir esta noche, puedo decir
que tengo un aspecto terrible. Para empezar, el despertador no había
sonado, con las bullas no desayuné, al salir a la calle el viento me
despeinó por completo, mientras me pintaba en el taxi, dio un
frenazo y hizo que me pintase una línea de pintalabios a lo largo de
la mejilla izquierda, después de bajarme enfadada del taxi, tuve que
correr con los tacones, haciendo que uno de ellos se partiese al
clavarse en una alcantarilla, mientras intentaba sacar el pie, un
tipo me robó el bolso, y cuando pude salir, por culpa del impulso
caí al suelo, la falda se rompió y manché toda la camisa de barro.
Llevo media hora despierta, y ya quiero que acabe el día.
A lo lejos, ya logro divisar aquel
enorme edificio, que se hace llamar el lugar donde trabajo, lugar
que, por cierto, llego con mucho retraso y una pinta espantosa. ¡Si
Juana la loca me viese, diría que soy su hija!
Muchos dirán que es solo un mal día,
y que cuando mañana me levante, todo saldrá bien. ¿Saben qué? Se
equivocan, y mucho. Cada día, pasa algo diferente, y cada día, es
peor que el anterior.
La mirada de la directora es de
desaprobación total, era de esperar que no durase ni una semana en
el trabajo, ni si quiera sé como pude sacarme una carrera.
-Señorita Russo, preséntese en mi
despacho ahora mismo -su voz es exigente, lleva un moño recto, su
cabello es rubio, pero lleva tanta laca que su brillo se siente
invadido por ella. Porta una falda por encima de las rodillas color
gris, una chaqueta negra y unos zapatos negros. Doña estirada me
lleva hacia su despacho que, por supuesto, está perfectamente
ordenado.
Me hace sentarme en una de las sillas
frente a su escritorio, va dando vueltas por el despacho, su cara se
estira más conforme me ve, y sus ojos desprenden un odio y una
repugnancia al completo.
-¿Por qué se ha presentado tarde y
con esas pintas?
-Yo...
-No, no me lo diga -murmura entre
dientes.
-¿Entonces para qué pregunta? -abre y
cierra la boca muchas veces, sus ojos echan chispas y parece que de
un momento a otro va a explotar.
Sí, se me olvidó comentar que tengo
el don de no callarme nada, por eso suelo meterme en muchos líos,
debería de aprender a callarme la boca, o al menos, a pensar antes
de hablar, pero como dije, debería.
-Queda usted despedida -me señala la
puerta con el dedo índice, me alza la voz al decirlo.
Me encojo de hombros y camino sin
rechistar, supongo que es la costumbre, cuando uno lleva un año
siendo despedido de todos los lugares y muchas veces sin aguantar un
minuto, se acostumbra.
Pero por supuesto, no puedo salir de un
lugar con la poca dignidad que me queda. Doy tres pasos tras salir
del despacho, y no puedo continuar más porque mi pie choca contra el
otro, haciendo que caiga al suelo de boca. Pero mayor fue mi
sorpresa, al comprobar que ya no tenía la falda rota, sino que
ahora, la camisa también. ¡Mi sujetador de Hello Kitty ha quedado a
la vista de cientos de personas que ríen a carcajadas!
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¡Hola!
Aviso de que esto no tiene nada que ver con ''viaje para dos'' ni ninguna otra historia, esto que acabo de decir tampoco es el principio de una. He decidido que voy a subir de vez en cuando pequeñas anécdotas de un personaje imaginario, alocadas y divertidas. Ninguna va a tener que ver con la otra, subo esto porque me gusta, no tengo por qué subir cada semana, ni hay día fijo. Espero que les guste y que les divierta tanto como a mí escribirlas, ¡hasta el viernes! Un beso, les quiere
Patri~
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