Antes de hablar, sonríe
travieso. Mira la hoja de papel que lleva en las manos antes de
hablar, carraspea y mira al suelo tímidamente, para alguien que no
lo conoce puede quedar un gesto desapercibido, pero para mí, que ya
he tenido el suficiente contacto como para conocerlo, sé que es
fingido.
-Buenos días -se lanza a
decir por fin, mientras coloca el micrófono correctamente tras haber
dado varios movimientos en señal de caer al suelo – me llamo
Luciano Perspedinio, y soy el director de un gran importante centro
de educación.
Se oyen varias
exclamaciones por la sala, su mirada se vuelve a encontrar con la
mía, y muy a mi pesar sé que pronto voy a oír mi nombre.
-Se preguntarán qué es
lo que hago aquí -vuelve a mirar hacia la multitud -pues ya se los
voy a aclarar, estamos seleccionando un chico de cada centro al azar
para llevarlo a estudiar a nuestras instituciones, en las que tendrán
una buena calidez y un mejor estudio.
El murmullo crece, ¿de
qué está hablando? ¿habrá chicos guapos? ¿quién será el
elegido? ¿para qué se quieren llevar a uno de nosotros? Y muchas
más preguntas se arremolinan en la sala, el corazón me late con
rapidez, pese a saber ya cuál es la persona, y que por desgracia soy
yo.
¿Estará el director
también metido en todo este lío de viajar al futuro? ¿Cómo puede
permitir que se lleven a un alumno así sin más, sin investigarlo?
¡Esto es una estupidez! ¡no me lo puedo creer! Como si no fuese
suficiente tener que pasar tantas horas en aquel extraño lugar,
ahora también me sacan del instituto. Adiós vida social.
-Las instituciones son
internas -la gota que colma el vaso, sin duda, es ésta – y para no
alargarnos más, voy a decir el nombre del elegido, a esa persona se
le explicará todo con más detalles.
Corazones acelerados y
miradas asustadas se encuentran por todos lados, la mano de Mario
agarra la mía, todos esperan, impacientes para saber el nombre.
Cierro los ojos y aprieto la mano con más fuerza, hasta escuchar mi
nombre. Se oyen varios suspiros, y rápidamente noto todas las
miradas en mí, abro los ojos, despacio, con miedo de ver lo que me
espera.
La mano de Mario sigue
entorno a la mía, más fuerte que nunca.
-Debe de haber un error
-murmura -espera, ahora dirán otro nombre y todo habrá terminado,
es un mal entendido.
-Mario, no van a decir
otro nombre -susurro con dulzura.
-No... Hemos escuchado
mal, seguro que es eso.
Todas las miradas siguen
fijas en mí, mientras observan como mi mano va tomando un color
rojizo debido al fuerte agarre que tiene Mario en mí.
-Mario, suelta, tengo que
irme.
Mis ojos se aguan, cuando
veo resbalar una lágrima suya.
-Eh, que no me voy para
siempre, ni lejos -le digo, mientras clavo mi codo en su costado.
-Pero sin ti nada tiene
sentido aquí -murmura, mientras baja la cabeza.
Suena el suspiro de Brad
en el escenario, no me importa hacerle esperar, abrazo a Mario
mientras le doy un beso en la mejilla, probablemente, el último en
mucho tiempo.
Me levanto y camino, con
la cabeza bien alta, hasta el escenario. No, no voy a llorar, al
menos no aquí, no delante de la persona que quiere hacerme la vida
imposible.
La gente hace huecos a mi
al rededor para dejarme pasar hasta el escenario, Brad me tiende el
brazo, que acepto con amargura. Intento no mirar hacia Mario, él
es... Es muy especial para mí, entra en la lista de personas
importantes, esa diminuta lista que se cuenta con los dedos de una
mano.
-Muchas gracias por su
atención, ahora pueden retomar las clases, la señorita Hurley
vendrá conmigo.
Me muerdo la lengua, por
no soltar una hartada de insultos hacia su persona, mientras en mi
mente se reproducen varias escenas de cómo asesinarlo. El salón de
actos queda vacío en cuestión de unos minutos, las luces se apagan
y quedamos en un completo y oscuro silencio. Camino, sin decir nada
hasta la salida mientras escucho sus pasos tras de mí, y en cuanto
salgo sigo caminando hasta la salida del centro, lo siento detrás
pero no lo espero, el conserje me abre la verja y salgo fuera, veo el
coche negro con el que me llevaron a aquel extraño lugar y no puedo
evitar darle una patada.
-No te desquites con mi
coche -dice mientras se acerca más veloz.
-Cállate -mi voz suena
enfadada, a causa de hablar entre dientes, coloco la frente en la
parte más alta del coche para no tener que ver a Brad, ya que estoy
segura de que si lo hago, la patada ésta vez irá dirigida hacia él.
-No la pagues conmigo,
mocosa, madura un poco y compórtate.
-¿Que madure?
-inmediatamente me giro para hacerle frente- lo que tiene que madurar
aquí es tu cerebro, ya me gustaría a mi que nuestras vidas se
intercambiasen aunque fuese tan sólo cinco minutos, para que te
sintieses como me siento yo ahora.
Da dos pasos al frente
hasta quedar a unos centímetros de mí, quien habla entre dientes
ésta vez es él.
-Mira niña, háblame con
respeto o créeme que quién se quedará sin cerebro vas a ser tú.
-¿A quién llamas niña
tú? -me acerco más a él mientras hablo - ¿quién te crees que
eres? No tienes ningún poder sobre mí, nunca lo has tenido ni lo
vas a tener. ¿De qué vas con ese royo de yo soy superior a ti? ¿Qué
crees, que eres un anciano sabio que tiene consejos para darme?
Apuesto a que no me sacas ni cuatro años.
Su mirada echa fuego, es
una de estas miradas que jamás logras borrar de tu mente, porque te
transmiten sentimientos que pueden causar daños en ti, tanto odio
acumulado hace temblar a mi cuerpo.
-Yo tú cerraba esa boca,
no estás más guapa, pero al menos dejan de escaparse tus neuronas.
-Oh, lo siento, sólo
trataba de que llegase aunque sea una a tu cerebro, pero visto lo
visto, vas a seguir sin tener una.
Hace una mueca detestable,
poco a poco Brad me había encerrado, estaba entre su cuerpo y el
coche, o como se suele decir, entre la espada y la pared. ¡Y vaya
espada! Si con esa mirada, ya podría echar a arder medio mundo.
-Deja de invadir mi
espacio personal -mi respiración es entrecortada mientras lo digo,
mis ojos vuelan entorno a los suyos.
Se acerca más a mí, pero
rápidamente se aleja unos pasos, enfadado consigo mismo, mientras
entra en el coche y me indica que lo siga.
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¡Hola!
Aquí está el capítulo *___* la verdad es que he disfrutado mucho escribiéndolo, ha sido bastante intenso, y es que me encanta, pero en serio, me encanta escribir cuando dos personajes tienen piques, es algo que me apasiona y que me sale simplemente sin pensar, lo que es base de historia puedo tardar básicamente más de una hora para 1000 palabras, pero en cuanto se me plantea la ocasión, siempre me gusta meter estas cosas porque se me hace más ameno y fluido, y porque una novela mía sin peleas, pues bueno, no es mía xD pierde su esencia. Ya aviso de que la semana que viene va a ser imposible subir, porque bueno viene una francesa de intercambio y no voy a poder tener tiempo para mí, si eso subiré de me llaman la gafe, que aunque parezca mentira puedo escribir en cinco minutos lo que en veinte para esta. Y ya nos despedimos aquí, espero que les haya gustado, un millón de gracias, un beso, les quiere
Patri~
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