Hay momentos en la vida,
que deberían de ser eliminados. Uno de ellos, debe de ser el sonido
del despertador a las seis de la mañana, malditas clases. Como todas
las mañanas, maldigo a quien dijo que los estudiantes debíamos de
ir tan pronto a clases, ¿qué clase de mente cruel inventó esa
estúpida norma? Y también esa otra de ir de lunes a viernes, con
dar clases los sábados y los domingos, basta y sobra. Aunque otra
cosa que debería de estar prohibida, ¡es tener que ir a clases en
invierno! El frío es insoportable. Pero si tuviésemos en cuenta mi
plano para dar clases, directamente no daríamos.
-Buenos días -mi voz
suena ronca, camino cegada con los párpados aún a medio abrir hacia
la cocina.
-Buenos días -mi padre
está sentado en un taburete de la cocina, lee el periódico mientras
toma una taza de café recién hecho, su bata color azul, está
bastante gastada. En las comisuras de sus labios se extiende una gran
mancha de café.
Mientras desayuno, me
planteo si sacar el tema, o guardar completo silencio. Finalmente
opto por lo segundo, me arreglo rápidamente y tras escuchar el
timbre, salgo de casa. Bajo las escaleras al trote y tras abrir la
gran cancela de hierro, veo a Mario.
-¡Bombón! -me saluda.
Lleva unos pantalones azules ajustados y su camiseta rosa preferida.
-¡Buenos días, guapo!
-me acerco hasta él, me da dos besos y un abrazo.
-¿Dónde has estado
metida? Desde que saliste de clases no volví a saber de ti. Nena, ya
no me cuentas nada.
-No digas burradas, es que
he estado estudiando.
Su mirada es de negación
total, no me ha creído en lo absoluto. ¡Malditos mejores amigos! No
se les puede ocultar nada.
-Nena, no te burles de mi,
que sabes que yo de tonto no tengo un pelo -coloca su mano en la
cintura mientras lo dice, y con la otra hace gestos de desaprobación
-está muy mal que me quieras mentir, que lo sepas.
Suspiro, es completamente
imposible mentirle, nota cuando incluso mi hola por un mensaje es
distinto, ¡malditos instintos!
-Sabes que puedes contarme
lo que sea, soy tu mejor amigo, no te voy a juzgar en lo absoluto
-prosigue con su discurso, yo mantengo la cabeza gacha, no le puedo
contar la verdad.
-Me estoy viendo con un
chico -suelto, casi sin pensar en lo que digo.
Su grito se escucha en un
radio de doscientos kilómetros, mientras da saltitos de un lado a
otro y mueve los brazos en todas direcciones.
-No grites, Mario. Que
vergüenza, todos nos están mirando -pero en lugar de seguir mis
súplicas prosigue entre saltitos y grititos, mientras me lanza un
montón de preguntas.
-¿Es guapo? ¿Quién es?
¿Lo conozco? ¿Cómo se llama? ¿Va a nuestra clase? ¿Es un chico
misterioso? -mi cerebro intenta asimilar tanta pregunta, pero es
imposible.
En menudo lío me acababa
de meter yo sola.
-Alto, alto, Mario
relájate -desde la ''confesión'' no había parado de hablar, su
discurso es realmente parecido al del Rey, solo que en este caso, va
mucho más rápido, a una velocidad inalcanzable.
-Ya era hora de que te
echases novio, nena, ya casi pensaba que eras lesbiana.
Conforme habla, su pluma
se va acentuando más, haciendo que más que un chico, parezca una
gallina. Finalmente decido ignorar su discurso, hasta que descansa
para que el oxígeno entre en sus pulmones.
-¿Puedo hablar ahora?
-pregunto, él asiente, mientras hace como si su boca fuese una
cerradura, con la que cierra con llave, y tira ésta última.
Mi cabeza da vueltas, ¿le
debo dar datos reales de algún chico? En todo caso, no puede ser
alguien que él conozca, pero, ¿quién? Tal vez...
-Se llama Elliot, lo
conocí a través de mi hermana, es castaño y tiene unos ojos
verdes impresionantes, no somos nada, por si lo vas a preguntar -digo
en cuanto veo que va a abrir la boca -tampoco sé si tiene novia -le
vuelvo a advertir, y cierra la boca.
-Pero... ¿Es guapo? -sus
ojos azules brillan conforme habla.
-Que sí, pesado.
-Nena, yo solo me intereso
por ti, quiero conocerlo.
-¿Qué? Ni lo sueñes.
-No puedo dejar a mi mejor
amiga a la merced de cualquier chico.
-Pero haber, Mario, ¡es
que yo no voy a salir con ese chico! No somos nada.
-Pero lo vais a ser.
-¿Por qué dices eso?
-pregunto, extrañada.
-Porque a ti te gusta, tus
ojos brillan cuando hablas de él.
Suelto una gran carcajada
que hace que varias personas de nuestro alrededor se giren para ver
qué pasa.
-Es la mayor tontería que
he oído en mi vida.
-No tiene gracia -dice
mientras me señala acusadoramente, luego se cruza de brazos y sube
una ceja en señal de que está cabreado, pero se une a mis risas.
-Es imposible contenerse
conmigo.
-Vaya, pero que modesta
que eres.
-Lo sé.
-¿Sabes una cosa? Me has
quitado un gran peso de encima, pensaba que eras lesbiana y que
acabarías con Tati, y después las dos me abandonaríais a vivir
vuestro romance.
Vuelvo a reír, aún más
fuerte que antes, y las mismas personas de antes se vuelven mientras
me miran mal, deben de pensar que estoy loca.
-Retiro lo dicho, esta es
la mayor tontería que he oído en mi vida. En primer lugar, no soy
lesbiana, en segundo ¡nadie te va a apartar de mi lado! Eres mi
mejor amigo, y siempre lo serás.
Me abraza, mientras finge
secarse unas lagrimitas, le doy un golpe en el hombro y paramos ante
el portal de Tatiana.
En realidad, somos tres
amigos muy raros, Mario es gay, y Tatiana es lesbiana, y supongo que,
yo soy la distinta para ellos. Nunca me ha dado miedo de que mi amiga
se enamorase de mí, tampoco me importa el sentido de sus
sexualidades, cuando yo los conocí, ya sabía lo que eran, y eso
jamás me hizo echar para atrás. No cambiaría a los mejores amigos
del mundo por una estupidez de ésta sociedad.
La mejor amistad no es la
más perfecta, sino la más imperfecta y alocada. Y eso, sin duda, lo
cumplimos nosotros.
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¡Hola!
Siento mucho que sea un capítulo tan corto y aburrido, pero estoy saturada de exámenes finales, y es imposible, no sé ni como pude sacar este pequeño hueco para escribir. ¡Millones de gracias por leer! Intentaré subir la semana que viene, pero si lo hago probablemente sea un capi como este, un besito, les quiere,
Patri~
Patri~
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