Extraño,
es el cambio que puede suponer en tu vida conocer a una persona, de
repente, quien antes era un completo desconocido, ahora lo es todo
para ti. Pasando, del hola por un mensaje, a las noches en vela junto
al teléfono, del un ratito más, a no irte, del dame un abrazo,a un
no me sueltes nunca, del seamos amigos, al no te alejes de mí. Y es
que el ser humano es así, juzga sin conocer, pero en cuanto conoce,
no puede irse sin más, nos encariñamos, nos enamoramos, y el mundo
es así, seamos chicos o chicas, al fin y al cabo para todos es
igual.
Desde
los que sienten mariposas hasta los que sienten dinosaurios. Mundo
cruel, nos das a la persona perfecta y sin embargo no dejas que
nosotros seamos la suya. Y para terminar de matarnos, a ellos, les
das su persona perfecta ¡pero qué cruel que nosotros nos quedemos
sin ninguna! Y para rematar, como si no fuese ya suficiente, ¡lo
único que nuestros ojos logran ver es dolor!
Y
así, mirando sus bonitos ojos color miel, empiezo a comprender ¡que
no debo rendirme! Porque aunque sea duro y el reto elevado, ¿por qué
iba yo a dejar escapar a mi persona perfecta? Cuando ni si quiera él
tiene la suya, porque quizás hoy no, pero en un futuro puedo llegar
a serlo yo.
Mi
mano acaricia sus cabellos una y otra vez, sin descanso,
correspondiendo a su sonrisa, intentando imitar el delicioso brillo
de sus ojos, porque oh mundo, aunque no me des su corazón con esta
vista me conformo yo.
-Jazmyn
-susurra Justin, sus ojos jamás se despegan de los míos.
-¿Uhmm?
-murmuro, atolondrada.
-Yo...
-y no termina, porque una melodía nos hace sobresaltar, y ahora ya
nunca sabré lo que quería decir.
Suspiro,
Justin se acerca al teléfono, empieza a murmurar palabras
inteligibles desde mi perspectiva, mientras rendida, decido darme una
ducha, relajada pero rápida.
Cuando
salgo Justin ha cambiado su pijama, me sonríe y mi corazón se
agita.
-¿Qué
tal un desayuno francés? -dice pícaro, mientras levanta una ceja,
no puedo evitar soltar una risita.
-¡Genial!
Me encantaría probar algo típico de aquí.
-Pues
vamos, entonces -me tiende el brazo derecho que yo agarro con gusto.
Salimos
de la habitación y bajamos por las empinadas escaleras, están
cubiertas de una alfombra roja típica de película, y las paredes
forradas de una madera oscura, varios cuadros de expresiones confusas
se arremolinan a nuestro alrededor, pequeñas lámparas de luz
amarillenta se encuentran a cada tramo de escaleras que pasamos.
Justin
mantiene unas palabras con la recepcionista y finalmente salimos del
hotel, mejor dicho... ¡del enorme hotel! Caminamos sin rumbo unas
manzanas, hasta llegar a una cafetería que tiene aspecto bastante
reconfortante, una mujer que ronda los cuarenta se acerca a nosotros
en cuanto nos sentamos.
-Aquí
les dejo el menú -dice, su sonrisa es amable, pero para mi gusto, un
poco falsa.
-Gracias
– murmura Justin, pero sin prestarle mucha atención realmente,
porque sus ojos no se apartan de mi en ningún momento.
Mi
vista se fija en unas mesas hacia nuestra izquierda, una chica con
una melena larga y rizada de un tono rojizo, de ojos grandes y verdes
me hace quedar perpleja ¡vaya belleza la suya! Vaya, así a
cualquiera se le puede bajar la moral. La vista de Justin debe de
seguir la mía, porque tras dejarla puesta unos segundos murmura,
entre pequeñas pausas.
-Es
guapa.
-Sí,
mucho.
-Pero
no más que tú.
Tras
sus palabras mis ojos antes perdidos en la lejanía de aquella
belleza pelirroja, ahora acaban fijos en un mar miel resplandeciente.
-Sé
que no- mis palabras suenan más tristes de lo que realmente
pretendo, ya que yo no me siento así.
-Yo
nunca mentiría sobre una cosa así – una cortina de pelos hace
desaparecer a Justin de mi vista, aunque solo durante unos segundos,
porque tras ver como me tapan gran parte de la cara acerca sus manos
y aparta la melena para dejar despejada mi vista, pero en lugar de
quitar sus manos de mí tras eso, las deja sobre mi mandíbula, pasa
la mano de arriba hacia abajo en unas caricias dulces que me producen
leves cosquillas, mi mirada se encuentra con el dulce miel de la
suya, cristalinos los ojos mientras me acerco, sus caricias cada vez
más dulces hacen que a mi corazón le crezcan unas pequeñas alas y
comience a volar en torno su pequeño hueco, mis ojos se cierran
ante su tacto, pero él me obliga a abrirlos, aunque difícil es
mantener la vista fija en él sin que me recorran todo tipo de
sentimientos y sensaciones desde la más típica a la más
extravagante, porque así me hace sentir él, típica, pero a la vez
especial ¡si tú supieras lo que daría yo por ti! ¡por sentir
estas caricias cada noche, cada día! Y en un arrebato de locura y
confusión, mis labios buscan los suyos para al fin romper las
barreras y desafiar al mundo,porque esa pequeña distancia de tan
solo unos centímetros me estaba matando y eso yo no lo podía
permitir más. Pero mayor fue mi euforia al comprobar que había sido
correspondida, y mi corazón antes manteniendo en su pequeño hueco
ahora se escapa hacia el horizonte rebosante de alegría y felicidad,
porque así es como yo me siento ¡y qué carajos que si digo que
nadie me podrá arrebatar este pequeño momento de felicidad! Pero
como todo lo bueno, se acaba, el aire se hace necesario en mis
pulmones, y despacio me alejo de él, más mis ojos jamás dejaron de
contemplar sus rosados labios, y al parecer, los suyos tampoco,
porque en cuanto doy el movimiento de separación final, vuelve a
atraerme hacia él y me besa, como si el mundo se acabase, como si
fuese un espejismo o un sueño a punto de acabar, y mi corazón, se
vuelve a depositar en su lugar, ya que su cometido acababa de acabar.
Era correspondida, y no de cualquier manera.
O eso
es lo que mi tonto corazón y yo esperamos, porque si no es así, las
alas construidas se destrozarán y grandes grietas se crearán,
grietas que jamás se cerrarán, pero ni una lágrima prometí que
iba a derramar, así que en tal caso, tendría que soportar todo lo
que me viniese encima. Pero es mi cuento, mi pequeño cuento de hadas
que aunque solo dure unas semanas, son sin duda, las mejores de mi
vida.
Cuando
el aire se vuelve a hacer necesario, ambos nos separamos, me mira
durante unos segundos, sus ojos tienen un brillo especial y luego me
besa, pero no en los labios, me besa en la frente, posa sus labios
unos segundos ahí, dejando esa pequeña zona un tanto húmeda, y
luego se aleja.
-¿Han
decidido lo que van a tomar? -tan concentrada estaba en Justin, que
ni cuenta me di de donde estábamos.
-¿Qué
tal unas crêpes?
Y ese
fue, sin duda, el único momento mágico del desayuno, porque luego
de que Lucy (lo leí en la placa que llevaba colgada de la camisa)
nos interrumpiera, la magia ya se había esfumado.
***
No sé
cuanto tiempo fue, pero cuando me di cuenta ¡ya estábamos en el
avión! Y no sé si fue gracias a que estaba tan concentrada y
nerviosa porque el robo se estaba produciendo en ese momento, o
porque había superado mis miedos, pero aquel terror de la primera
vez que monté en el avión ya se había esfumado.
-Tienes
una sonrisa preciosa -me vuelvo hacia Justin, radiante, para
agradecer el cumplido pero me doy cuenta de que no es a mi, sino a
una pequeña niña de al rededor de unos siete años que se encuentra
a unos pasos de nosotros.
Lo
miro cabreada, yo cargando con las maletas y él diciéndole piropos
a una niña, muy bonito.
-¡Justin!
-le grito, da un respingo del susto.
-¿Qué
pasa? -se da la vuelta, se quita las gafas de Sol y me mira confuso.
-¿Es
que no piensas ayudarme con las maletas? ¡Vaya hombre!
-Dame
anda, que no vales para nada -murmura mientras niega con la cabeza,
abro y cierro la boca muchas veces y cabreada, tiro con más fuerza
de la maleta, para llevarle la contraria a Justin y demostrar que sí
valgo y para mucho más de lo que él cree.
-No,
ahora la pienso llevar yo -mi mirada echa chispas.
-No
seas cabezona, lo decía de broma – frunzo el ceño, asiento, pero
continuo tirando de la pesada maleta.
-No
me mires así, no te la pienso dar, no te voy a dar esa satisfacción
-me paro en seco y mientras pronuncio esas palabras lo señalo con el
dedo y él ríe.
-En
algún momento te cansarás y rogarás que lleve la maleta -lo dice
de forma creída y eso solo hace que aumente mi cabreo, Justin posa
sus manos detrás de la cabeza mientras sonríe.
-Eh,
tú, mis mundo, que te olvidas de tu maleta – paso por su lado
dejándolo atrás mientras maldice y corre tras su maleta, sonrío
triunfal.
Pero
mi satisfacción no dura mucho porque un minuto después ya me ha
alcanzado he intenta adelantarme, pero me niego rotundamente a darle
el gusto así que, aún estando completamente agotada aligero el
paso, mis respiraciones se empiezan a acelerar y mis brazos se cansan
del gran peso que soportan, pero no por eso me dejo vencer.
-¿Dónde
vas? -grita Justin, sus palabras suenan lejanas, así que paro en
seco y veo que él se dirige dirección contraria, con tanto tirar de
la maleta se me había olvidado que ni si quiera sabía hacia donde
me dirigía, y tragando mi orgullo doy media vuelta y me coloco a su
lado, le tiendo la maleta y camino hacia el coche que ya logro
visualizar, Justin sonríe triunfal pero le doy un pequeño pisotón
que le hace cambiar la sonrisa por una mueca.
Finalmente
llegamos al coche, donde cansada me siento y espero que Justin
arranque, en un abrir y cerrar de ojos, lo cuál es un poco irónico
porque me había quedado dormida nada más sentarme, habíamos
llegado a casa.
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¡Hola!
No se lo esperaban, ¿verdad? Justamente hoy por fin me arreglaron el ordenador, así que dejé todas las cosas que tenía que hacer (que no eran pocas) para ponerme a escribir, ya sé que no es un capítulo muy interesante, pero estaba inspirada en temas amorosos, así que me salió así, creo que se debe a la cercanía de la fecha de San Valentín. Espero que les guste, ¡mil gracias por leer! Por cierto advierto de que no pude revisar el capítulo a fondo, así que perdón por si hay fallos o faltas, un beso, les quiere
Patri~
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