The story of my life

viernes, 28 de marzo de 2014

Viaje para dos. Capítulo seis

Antes de hablar, sonríe travieso. Mira la hoja de papel que lleva en las manos antes de hablar, carraspea y mira al suelo tímidamente, para alguien que no lo conoce puede quedar un gesto desapercibido, pero para mí, que ya he tenido el suficiente contacto como para conocerlo, sé que es fingido.

-Buenos días -se lanza a decir por fin, mientras coloca el micrófono correctamente tras haber dado varios movimientos en señal de caer al suelo – me llamo Luciano Perspedinio, y soy el director de un gran importante centro de educación.

Se oyen varias exclamaciones por la sala, su mirada se vuelve a encontrar con la mía, y muy a mi pesar sé que pronto voy a oír mi nombre.

-Se preguntarán qué es lo que hago aquí -vuelve a mirar hacia la multitud -pues ya se los voy a aclarar, estamos seleccionando un chico de cada centro al azar para llevarlo a estudiar a nuestras instituciones, en las que tendrán una buena calidez y un mejor estudio.

El murmullo crece, ¿de qué está hablando? ¿habrá chicos guapos? ¿quién será el elegido? ¿para qué se quieren llevar a uno de nosotros? Y muchas más preguntas se arremolinan en la sala, el corazón me late con rapidez, pese a saber ya cuál es la persona, y que por desgracia soy yo.

¿Estará el director también metido en todo este lío de viajar al futuro? ¿Cómo puede permitir que se lleven a un alumno así sin más, sin investigarlo? ¡Esto es una estupidez! ¡no me lo puedo creer! Como si no fuese suficiente tener que pasar tantas horas en aquel extraño lugar, ahora también me sacan del instituto. Adiós vida social.

-Las instituciones son internas -la gota que colma el vaso, sin duda, es ésta – y para no alargarnos más, voy a decir el nombre del elegido, a esa persona se le explicará todo con más detalles.

Corazones acelerados y miradas asustadas se encuentran por todos lados, la mano de Mario agarra la mía, todos esperan, impacientes para saber el nombre. Cierro los ojos y aprieto la mano con más fuerza, hasta escuchar mi nombre. Se oyen varios suspiros, y rápidamente noto todas las miradas en mí, abro los ojos, despacio, con miedo de ver lo que me espera.
La mano de Mario sigue entorno a la mía, más fuerte que nunca.

-Debe de haber un error -murmura -espera, ahora dirán otro nombre y todo habrá terminado, es un mal entendido.

-Mario, no van a decir otro nombre -susurro con dulzura.

-No... Hemos escuchado mal, seguro que es eso.

Todas las miradas siguen fijas en mí, mientras observan como mi mano va tomando un color rojizo debido al fuerte agarre que tiene Mario en mí.

-Mario, suelta, tengo que irme.

Mis ojos se aguan, cuando veo resbalar una lágrima suya.

-Eh, que no me voy para siempre, ni lejos -le digo, mientras clavo mi codo en su costado.

-Pero sin ti nada tiene sentido aquí -murmura, mientras baja la cabeza.

Suena el suspiro de Brad en el escenario, no me importa hacerle esperar, abrazo a Mario mientras le doy un beso en la mejilla, probablemente, el último en mucho tiempo.
Me levanto y camino, con la cabeza bien alta, hasta el escenario. No, no voy a llorar, al menos no aquí, no delante de la persona que quiere hacerme la vida imposible.
La gente hace huecos a mi al rededor para dejarme pasar hasta el escenario, Brad me tiende el brazo, que acepto con amargura. Intento no mirar hacia Mario, él es... Es muy especial para mí, entra en la lista de personas importantes, esa diminuta lista que se cuenta con los dedos de una mano.

-Muchas gracias por su atención, ahora pueden retomar las clases, la señorita Hurley vendrá conmigo.

Me muerdo la lengua, por no soltar una hartada de insultos hacia su persona, mientras en mi mente se reproducen varias escenas de cómo asesinarlo. El salón de actos queda vacío en cuestión de unos minutos, las luces se apagan y quedamos en un completo y oscuro silencio. Camino, sin decir nada hasta la salida mientras escucho sus pasos tras de mí, y en cuanto salgo sigo caminando hasta la salida del centro, lo siento detrás pero no lo espero, el conserje me abre la verja y salgo fuera, veo el coche negro con el que me llevaron a aquel extraño lugar y no puedo evitar darle una patada.

-No te desquites con mi coche -dice mientras se acerca más veloz.

-Cállate -mi voz suena enfadada, a causa de hablar entre dientes, coloco la frente en la parte más alta del coche para no tener que ver a Brad, ya que estoy segura de que si lo hago, la patada ésta vez irá dirigida hacia él.

-No la pagues conmigo, mocosa, madura un poco y compórtate.

-¿Que madure? -inmediatamente me giro para hacerle frente- lo que tiene que madurar aquí es tu cerebro, ya me gustaría a mi que nuestras vidas se intercambiasen aunque fuese tan sólo cinco minutos, para que te sintieses como me siento yo ahora.

Da dos pasos al frente hasta quedar a unos centímetros de mí, quien habla entre dientes ésta vez es él.

-Mira niña, háblame con respeto o créeme que quién se quedará sin cerebro vas a ser tú.

-¿A quién llamas niña tú? -me acerco más a él mientras hablo - ¿quién te crees que eres? No tienes ningún poder sobre mí, nunca lo has tenido ni lo vas a tener. ¿De qué vas con ese royo de yo soy superior a ti? ¿Qué crees, que eres un anciano sabio que tiene consejos para darme? Apuesto a que no me sacas ni cuatro años.

Su mirada echa fuego, es una de estas miradas que jamás logras borrar de tu mente, porque te transmiten sentimientos que pueden causar daños en ti, tanto odio acumulado hace temblar a mi cuerpo.

-Yo tú cerraba esa boca, no estás más guapa, pero al menos dejan de escaparse tus neuronas.

-Oh, lo siento, sólo trataba de que llegase aunque sea una a tu cerebro, pero visto lo visto, vas a seguir sin tener una.

Hace una mueca detestable, poco a poco Brad me había encerrado, estaba entre su cuerpo y el coche, o como se suele decir, entre la espada y la pared. ¡Y vaya espada! Si con esa mirada, ya podría echar a arder medio mundo.

-Deja de invadir mi espacio personal -mi respiración es entrecortada mientras lo digo, mis ojos vuelan entorno a los suyos.

Se acerca más a mí, pero rápidamente se aleja unos pasos, enfadado consigo mismo, mientras entra en el coche y me indica que lo siga.

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¡Hola!

Aquí está el capítulo *___* la verdad es que he disfrutado mucho escribiéndolo, ha sido bastante intenso, y es que me encanta, pero en serio, me encanta escribir cuando dos personajes tienen piques, es algo que me apasiona y que me sale simplemente sin pensar, lo que es base de historia puedo tardar básicamente más de una hora para 1000 palabras, pero en cuanto se me plantea la ocasión, siempre me gusta meter estas cosas porque se me hace más ameno y fluido,  y porque una novela mía sin peleas, pues bueno, no es mía xD pierde su esencia. Ya aviso de que la semana que viene va a ser  imposible subir, porque bueno viene una francesa de intercambio y no voy a poder tener tiempo para mí, si eso subiré de me llaman la gafe, que aunque parezca mentira puedo escribir en cinco minutos lo que en veinte para esta. Y ya nos despedimos aquí, espero que les haya gustado, un millón de gracias, un beso, les quiere

Patri~


viernes, 21 de marzo de 2014

Me llaman la gafe. Historia dos

Parte dos

El sonido de las agujas del reloj empieza a hartarme, sigo el compás del molesto ruido con el pie derecho. Ya han pasado dos horas, ¿cuánto más tendré que esperar? Suspiro cansada cuando veo a la recepcionista salir.

-Puede pasar.

-Ya era hora -mi mirada es frustrada, pero sin decir nada más camino hasta el despacho para comenzar la entrevista.

Una mujer esbelta levanta la cabeza cuando me hago presente, lleva el pelo recogido en una cola alta y unas gafas cuadradas que no hacen justicia a sus ojos verdes.

-¿Russo? -pregunta, mientras deja los papeles a un lado.

-Presente -alza una ceja ante mi contestación. Que tonta soy, no estamos en el colegio.

-Siéntese, por favor.

Asiento, avergonzada y hago lo que me dice.

-¿Por qué cree que debería de contratarla?

-¿Le soy sincera o le cuento el royo que suelta todo el mundo siempre?

-Sea sincera, por favor.

-Pues porque estoy en paro, y soy muy joven, probablemente no dure ni un día contratada, pero puedo llevarme a casa el día de trabajo.

-¿Por qué ha sido despedida de tantos sitios? -ladeo la cabeza y sonrío.

-Pues porque soy gafe, la persona más gafe que puede existir sin duda, yo no tengo un mal día, tengo una mala vida.

-¿Cree que merece que la contrate?

-Sinceramente, no, pero tengo que presentarme a alguna entrevista si no quiero que mis padres se me echen encima y me recuerden lo inútil que soy.

-¿Tiene usted algún trauma?

-¿Perdón?

-Que si tiene usted algún trauma, infantil o por el estilo.

-No, si la he escuchado a la perfección, ¿por qué lo pregunta?

-No existen las personas gafes, ni la mala suerte, nosotros creamos nuestro entorno con nuestros pensamientos.

Suelto una carcajada que resuena por todo el despacho.

-¿Y usted qué sabrá? -mi pregunta ahora es seria, y rotunda.

-Soy psicóloga -su mirada es de superioridad, inmediatamente la fulmino con la mirada.

-Eso no quiere decir que lo sepas todo.

-Voy a dar la entrevista por finalizada, como comprenderá, no está usted contratada.

Se levanta y me señala la puerta con desprecio, como si mi presencia fuese demasiado vulgar para su empresa.

-Ojalá tengas aunque sea un sólo día la mala suerte que tengo yo, para callarte y dejar de decir estupideces.

-No voy a permitir que me hables así, bastante con que dejé que me tuteases sin darte permiso.

-¿Permiso? ¿Pero quién se cree que es? -mi risa vuelve a resonar.

-Márchese ahora mismo o me veré obligada a llamar a seguridad.

-Adelante, hágalo, no le tengo miedo.

-Señorita, no me haga pulsar el botón -hago un gesto vulgar con el dedo, y eso hace que pulse inmediatamente el botón.

Dos hombres altos y fuertes, vestidos con chaqueta, llegan en ese momento a nuestra altura.

-¿La está molestando?

-Llévensela.

-Es usted una guarra -no puedo evitar decirlo, su boca se abre y cierra de la indignación -y una amargada, acabará sola, ni si quiera los gatos la querrán. ¡Siesa, borde, aburrida, estirada!

Uno de los guardas me agarra de las muñecas con fuerza y me saca del despacho pero eso no impide que yo pare de decir barbaridades por la boca.

-¡Te arrepentirás de esto! ¡El karma es muy malo, perra! -todos a nuestro al rededor miran a la loca que llevan a rastras fuera del edificio mientras comentan lo vulgar que soy -¡púdranse todos! ¡céntrense en sus vidas y dejen de mirarme!

Podría callarme, pero mi vida, al igual que yo, somos así, y eso no va a cambiar.

-¡Bruja! -grito a las puertas del edificio, antes de que uno de los guardas me patee el trasero y acabe comiendo tierra -¡que les den a todos!

Sentada en el suelo, con los codos sollados por la caída al suelo, y gritando maldiciones a todo aquel que pasa, es como transcurre mi mañana. Un bonito día.

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Aquí está la recompensa como les acabo de decir en el capítulo cinco de viaje para dos, muchas gracias a todos por el apoyo, un besito, les quiere

Patri~


Viaje para dos. Capítulo cinco

Tatiana nos abraza y continuamos nuestro recorrido. Su melena negra alcanza su cintura, su piel es blanca y hace resaltar sus intensos ojos azules, es alta y delgada, pero no demasiado.
Nos da dos besos a ambos cuando nos ve, y rápidamente Mario empieza a contarle sobre ''el chico misterioso'' y hacen preguntas que, en lugar de responder yo, acaban respondiéndose ellos mismos con estúpidas teorías.

Pronto llegamos, subo los escalones de dos en dos mientras dejo a los chicos atrás que siguen hablando sin parar. Mi mirada se desplaza por los pupitres, y alcanzo a sentarme en mi habitual lugar. La pesada mochila impacta contra la mesa creando un pequeño estruendo. Dos chicas rubias están sentadas en la última fila, una de ellas se contempla las uñas mientras la otra le habla. Poco a poco el aula se va llenando, Mario y Tati no tardan en llegar y sentarse en sus lugares.

Mario a mi lado, y Tati un pupitre por delante. La profesora no tarda en llegar, lleva una camisa y una falda de tubo, junto con sus altos tacones negros, es la profesora más joven del centro, su cuerpo es esbelto, mientras que los chicos la desnudan con la mirada, las chicas suspiran, envidiosas por no ser ellas así. Cómo les gustaría a muchas de esas chicas que algún chico le mostrase una mínima parte de atención que le dedican a esa profesora.

Y ya que estamos hablando sobre ella, también hay que dar el pequeño detalle de que da matemáticas, y que por cierto, me tiene cierta tirria, y todo sea dicho, el sentimiento es mutuo.

-Hurley, salga a la pizarra a corregir el ejercicio número tres.

De treinta alumnos, mi apellido siempre es el que reluce, y no en el buen sentido. Maldigo mientras me acerco con la hoja de los cálculos, cojo la gastada tiza que inmediatamente hace manchar mis manos de polvo blanco. Poco a poco la verde pizarra se va llenando de números y cálculos que para alguien que no ha dado clases, le puede parecer algo completamente indescifrable.

-Siéntese, por favor -sonrío satisfecha, al ver que no tiene nada malo que objetar contra mí.

Me he librado, por poco, pero lo he hecho. Un ensordecedor sonido llena la sala, mientras la ronca y gastada voz del director se hace presente.

-Todos los alumnos se deben de reunir en el salón de actos en diez minutos -anuncia, sin decir nada más, dejando a todos perplejos.

El habitual murmullo se hace presente, mientras recogemos las cosas y nos dirigimos hacia el salón de actos.

-¿Qué crees que haya pasado? -murmuran todos en el pasillo.

-¡Justamente teníamos que perder matemáticas! -comentan varios chicos, mientras avanzan indignados.

-Pues yo me alegro de haber podido salir de ahí -susurro a Mario mientras ríe y niega con la cabeza.

-No vas a cambiar nunca, no sé por qué sigues empeñada en que te odia.

-¡Porque lo hace! No son imaginaciones mías, deberías de creerme.

Agacho la cabeza, mientras pasa sus brazos entorno a mi cuello y besa mi mejilla.

-Sabes que estoy de broma, ¡guapa!

-No seas pelota, que no cuela.

Hace un puchero, y luego hace su habitual cara de perro, que es imposible resistir.

-¡Pero mira que eres tonto! Ven aquí -estampo mis labios en su mejilla haciendo un sonoro ruido que lo deja sordo por unos segundos.

-Bruta, que eres una bruta -dice, mientras coloca una mano en su oreja.

-No hablemos de ti y de tus besos...

Tati ríe a nuestro lado, luego me da un codazo, y no hace falta que me diga nada más para saber a lo que se refiere. Rápidamente ambas estampamos otro beso a cada lado de sus mejillas. Mientras se queja irritado, nosotras reímos.

-Mira que sois pesadas.

-¿Dónde está la cosita más bonita del mundo? ¿Dónde está? -le toco el pelo mientras hablo, haciendo como si fuese un perro, cruza los brazos, coge aire, y deja de respirar.

-¡Niño pequeño, niño pequeño! -gritamos ambas a coro hasta que Mario finalmente no aguanta más y se une a nuestras risas.

Y así somos nosotros, los tres mejores amigos del mundo, ¿inmaduros? No, divertidos. Sólo queremos disfrutar la vida ahora que podemos, antes de que sea demasiado tarde para ello.

Llegamos al salón de actos, se encuentra casi lleno, encontramos un pequeño hueco y nos sentamos, ¿que querrán? Juego con mi cabello mientras esperamos, entre tonterías y risas, a que alguien diga algo. En la sala sólo se oyen preguntas sobre qué ha pasado y por qué nos han reunido a todos.

El director sale de la nada y se monta en el escenario, comprueba el micro y se sienta en una silla, no es él quien habla. No hace falta que diga nada, para saber quién es y qué quiere.

¡Brad estaba ahí, justo delante de mí, a unos metros, con un papel en la mano y buscando alguien entre la multitud! Y su vista no tarda en encontrarme, esos ojos negros, ¿qué querrán de mí? Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando su voz ronca suena por los altavoces anunciando algo que yo ya sospechaba.




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¡Hola!

Aquí les traigo un nuevo capítulo, espero que me perdonen  porque es realmente corto, pero les he traído otra pequeña historia como recompensa, estoy muy agotada como para tener la mente centrada en escribir, y de todas formas ¡quería dejar con la intriga! ¿que querrá decir Brad? ¿allí, delante de todos? ¡sorpresa, sorpresa! Eso lo podrán averiguar la semana que viene, en un nuevo capítulo de viaje para dos. Muchos besos y mil gracias por leer,  les quiere

Patri~

sábado, 15 de marzo de 2014

Me llaman la gafe. Historia uno

Recorro las calles con la mirada, con la esperanza de divisarlo. ¡Maldito ladrón! Hoy, justo hoy me tenían que atracar. Con los tacones en la mano, me lanzo a correr cuesta arriba, todas las miradas están fijas en mí, ¿quién es la loca descalza, despeinada, y con la falda rota? Y si ha su aspecto le sumamos, que a penas había logrado dormir esta noche, puedo decir que tengo un aspecto terrible. Para empezar, el despertador no había sonado, con las bullas no desayuné, al salir a la calle el viento me despeinó por completo, mientras me pintaba en el taxi, dio un frenazo y hizo que me pintase una línea de pintalabios a lo largo de la mejilla izquierda, después de bajarme enfadada del taxi, tuve que correr con los tacones, haciendo que uno de ellos se partiese al clavarse en una alcantarilla, mientras intentaba sacar el pie, un tipo me robó el bolso, y cuando pude salir, por culpa del impulso caí al suelo, la falda se rompió y manché toda la camisa de barro. Llevo media hora despierta, y ya quiero que acabe el día.

A lo lejos, ya logro divisar aquel enorme edificio, que se hace llamar el lugar donde trabajo, lugar que, por cierto, llego con mucho retraso y una pinta espantosa. ¡Si Juana la loca me viese, diría que soy su hija!

Muchos dirán que es solo un mal día, y que cuando mañana me levante, todo saldrá bien. ¿Saben qué? Se equivocan, y mucho. Cada día, pasa algo diferente, y cada día, es peor que el anterior.
La mirada de la directora es de desaprobación total, era de esperar que no durase ni una semana en el trabajo, ni si quiera sé como pude sacarme una carrera.

-Señorita Russo, preséntese en mi despacho ahora mismo -su voz es exigente, lleva un moño recto, su cabello es rubio, pero lleva tanta laca que su brillo se siente invadido por ella. Porta una falda por encima de las rodillas color gris, una chaqueta negra y unos zapatos negros. Doña estirada me lleva hacia su despacho que, por supuesto, está perfectamente ordenado.

Me hace sentarme en una de las sillas frente a su escritorio, va dando vueltas por el despacho, su cara se estira más conforme me ve, y sus ojos desprenden un odio y una repugnancia al completo.

-¿Por qué se ha presentado tarde y con esas pintas?

-Yo...

-No, no me lo diga -murmura entre dientes.

-¿Entonces para qué pregunta? -abre y cierra la boca muchas veces, sus ojos echan chispas y parece que de un momento a otro va a explotar.

Sí, se me olvidó comentar que tengo el don de no callarme nada, por eso suelo meterme en muchos líos, debería de aprender a callarme la boca, o al menos, a pensar antes de hablar, pero como dije, debería.

-Queda usted despedida -me señala la puerta con el dedo índice, me alza la voz al decirlo.

Me encojo de hombros y camino sin rechistar, supongo que es la costumbre, cuando uno lleva un año siendo despedido de todos los lugares y muchas veces sin aguantar un minuto, se acostumbra.


Pero por supuesto, no puedo salir de un lugar con la poca dignidad que me queda. Doy tres pasos tras salir del despacho, y no puedo continuar más porque mi pie choca contra el otro, haciendo que caiga al suelo de boca. Pero mayor fue mi sorpresa, al comprobar que ya no tenía la falda rota, sino que ahora, la camisa también. ¡Mi sujetador de Hello Kitty ha quedado a la vista de cientos de personas que ríen a carcajadas!


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¡Hola!

Aviso de que esto no tiene nada que ver con ''viaje para dos'' ni ninguna otra historia, esto que acabo de decir tampoco es el principio de una. He decidido que voy a subir de vez en cuando pequeñas anécdotas de un personaje imaginario, alocadas y divertidas. Ninguna va a tener que ver con la otra, subo esto porque me gusta, no tengo por qué subir cada semana, ni hay día fijo. Espero que les guste y que les divierta tanto como a mí escribirlas, ¡hasta el viernes! Un beso, les quiere

Patri~  

viernes, 14 de marzo de 2014

Viaje para dos. Capítulo cuatro

Hay momentos en la vida, que deberían de ser eliminados. Uno de ellos, debe de ser el sonido del despertador a las seis de la mañana, malditas clases. Como todas las mañanas, maldigo a quien dijo que los estudiantes debíamos de ir tan pronto a clases, ¿qué clase de mente cruel inventó esa estúpida norma? Y también esa otra de ir de lunes a viernes, con dar clases los sábados y los domingos, basta y sobra. Aunque otra cosa que debería de estar prohibida, ¡es tener que ir a clases en invierno! El frío es insoportable. Pero si tuviésemos en cuenta mi plano para dar clases, directamente no daríamos.

-Buenos días -mi voz suena ronca, camino cegada con los párpados aún a medio abrir hacia la cocina.

-Buenos días -mi padre está sentado en un taburete de la cocina, lee el periódico mientras toma una taza de café recién hecho, su bata color azul, está bastante gastada. En las comisuras de sus labios se extiende una gran mancha de café.

Mientras desayuno, me planteo si sacar el tema, o guardar completo silencio. Finalmente opto por lo segundo, me arreglo rápidamente y tras escuchar el timbre, salgo de casa. Bajo las escaleras al trote y tras abrir la gran cancela de hierro, veo a Mario.

-¡Bombón! -me saluda. Lleva unos pantalones azules ajustados y su camiseta rosa preferida.

-¡Buenos días, guapo! -me acerco hasta él, me da dos besos y un abrazo.

-¿Dónde has estado metida? Desde que saliste de clases no volví a saber de ti. Nena, ya no me cuentas nada.

-No digas burradas, es que he estado estudiando.

Su mirada es de negación total, no me ha creído en lo absoluto. ¡Malditos mejores amigos! No se les puede ocultar nada.

-Nena, no te burles de mi, que sabes que yo de tonto no tengo un pelo -coloca su mano en la cintura mientras lo dice, y con la otra hace gestos de desaprobación -está muy mal que me quieras mentir, que lo sepas.

Suspiro, es completamente imposible mentirle, nota cuando incluso mi hola por un mensaje es distinto, ¡malditos instintos!

-Sabes que puedes contarme lo que sea, soy tu mejor amigo, no te voy a juzgar en lo absoluto -prosigue con su discurso, yo mantengo la cabeza gacha, no le puedo contar la verdad.

-Me estoy viendo con un chico -suelto, casi sin pensar en lo que digo.

Su grito se escucha en un radio de doscientos kilómetros, mientras da saltitos de un lado a otro y mueve los brazos en todas direcciones.

-No grites, Mario. Que vergüenza, todos nos están mirando -pero en lugar de seguir mis súplicas prosigue entre saltitos y grititos, mientras me lanza un montón de preguntas.

-¿Es guapo? ¿Quién es? ¿Lo conozco? ¿Cómo se llama? ¿Va a nuestra clase? ¿Es un chico misterioso? -mi cerebro intenta asimilar tanta pregunta, pero es imposible.

En menudo lío me acababa de meter yo sola.

-Alto, alto, Mario relájate -desde la ''confesión'' no había parado de hablar, su discurso es realmente parecido al del Rey, solo que en este caso, va mucho más rápido, a una velocidad inalcanzable.

-Ya era hora de que te echases novio, nena, ya casi pensaba que eras lesbiana.

Conforme habla, su pluma se va acentuando más, haciendo que más que un chico, parezca una gallina. Finalmente decido ignorar su discurso, hasta que descansa para que el oxígeno entre en sus pulmones.

-¿Puedo hablar ahora? -pregunto, él asiente, mientras hace como si su boca fuese una cerradura, con la que cierra con llave, y tira ésta última.

Mi cabeza da vueltas, ¿le debo dar datos reales de algún chico? En todo caso, no puede ser alguien que él conozca, pero, ¿quién? Tal vez...

-Se llama Elliot, lo conocí a través de mi hermana, es castaño y tiene unos ojos verdes impresionantes, no somos nada, por si lo vas a preguntar -digo en cuanto veo que va a abrir la boca -tampoco sé si tiene novia -le vuelvo a advertir, y cierra la boca.

-Pero... ¿Es guapo? -sus ojos azules brillan conforme habla.

-Que sí, pesado.

-Nena, yo solo me intereso por ti, quiero conocerlo.

-¿Qué? Ni lo sueñes.

-No puedo dejar a mi mejor amiga a la merced de cualquier chico.

-Pero haber, Mario, ¡es que yo no voy a salir con ese chico! No somos nada.

-Pero lo vais a ser.

-¿Por qué dices eso? -pregunto, extrañada.

-Porque a ti te gusta, tus ojos brillan cuando hablas de él.

Suelto una gran carcajada que hace que varias personas de nuestro alrededor se giren para ver qué pasa.

-Es la mayor tontería que he oído en mi vida.

-No tiene gracia -dice mientras me señala acusadoramente, luego se cruza de brazos y sube una ceja en señal de que está cabreado, pero se une a mis risas.

-Es imposible contenerse conmigo.

-Vaya, pero que modesta que eres.

-Lo sé.

-¿Sabes una cosa? Me has quitado un gran peso de encima, pensaba que eras lesbiana y que acabarías con Tati, y después las dos me abandonaríais a vivir vuestro romance.

Vuelvo a reír, aún más fuerte que antes, y las mismas personas de antes se vuelven mientras me miran mal, deben de pensar que estoy loca.

-Retiro lo dicho, esta es la mayor tontería que he oído en mi vida. En primer lugar, no soy lesbiana, en segundo ¡nadie te va a apartar de mi lado! Eres mi mejor amigo, y siempre lo serás.

Me abraza, mientras finge secarse unas lagrimitas, le doy un golpe en el hombro y paramos ante el portal de Tatiana.

En realidad, somos tres amigos muy raros, Mario es gay, y Tatiana es lesbiana, y supongo que, yo soy la distinta para ellos. Nunca me ha dado miedo de que mi amiga se enamorase de mí, tampoco me importa el sentido de sus sexualidades, cuando yo los conocí, ya sabía lo que eran, y eso jamás me hizo echar para atrás. No cambiaría a los mejores amigos del mundo por una estupidez de ésta sociedad.

La mejor amistad no es la más perfecta, sino la más imperfecta y alocada. Y eso, sin duda, lo cumplimos nosotros.


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¡Hola!

Siento mucho que sea un capítulo tan corto y aburrido, pero estoy saturada de exámenes finales, y es imposible, no sé ni como pude sacar este pequeño hueco para escribir. ¡Millones de gracias por leer! Intentaré subir la semana que viene, pero si lo hago probablemente sea un capi como este, un besito, les quiere, 

Patri~


sábado, 8 de marzo de 2014

Viaje para dos. Capítulo tres

Un paso a la izquierda, otro a la derecha, abajo, golpe en la espinilla, salto, golpe, golpe, patada y disparo.

-¡Muy bien Iris! Eso ha estado genial.

Acababa de machacar al muñeco de prácticas, eso era todo un logro. Sobretodo si tenemos en cuenta que el muñeco tiene vida, y se llama Elliot.

-¿Puedo quitarme ya esto? -pregunta, mientras saca la cabeza del acolchado.

-Tú no has estado tan bien Elliot, dale el traje a Iris, haber si conseguimos mejorar tu táctica de defensa.

-No es mi culpa, es imposible moverse con eso -señala el traje, mientras poco a poco va dejando a la vista su cuerpo.

-Tengo la ligera impresión de que, la princesa va a salvar al príncipe -digo entre burlas.

-Cállate, o me veré obligado a dejarte encerrada en el castillo.

-Eso si logras tocarme antes de caer en redondo al suelo.

-Ven y dime eso a la cara, Hurley.

Doy dos pasos hasta quedar a su altura, topando nariz con nariz.

-¿De verdad quieres quedar en ridículo?

-No me tientes, vaya a ser que te lleves una sorpresa.

Me separo unos centímetros de él, ladeo la cabeza y sonrío, engreído.

-Adelante.

Me vuelvo, para caminar los metros que antes había caminado, para volver a mi lugar, cuando una mano agarra mi cintura, me gira y me tira al suelo, haciendo que mi espalda choque con el frío suelo.

-¿Y ahora qué? Haber si te crees tan fuerte.

-¡Me has atacado por la espalda y cuando estaba distraída!

-Pues intenta salir de mi agarre – está tumbado sobre mí, ejerciendo una fuerza mayor de la que yo tengo.

Mi rodilla busca dar con el blanco, pero ve la intención en mis ojos, y la para.

-Vale, está bien, tú ganas ¡pero suéltame!

Sonríe, triunfal, y se quita de encima, Dylan aplaude mientras sonríe y nos da la enhorabuena. Me levanto lentamente sintiendo un dolor agudo en la espalda, teniendo que volver a sentarme, mi respiración es agitada por el esfuerzo.

-¿Estás bien, Iris? -Dylan se acerca al ver que me vuelvo a tumbar.

-No, creo que no. Mi espalda.

-Está bien, no te preocupes, solo ha sido un golpe -niego con la cabeza sintiendo como el dolor va creciendo poco a poco.

Dylan me levanta sin ningún esfuerzo, como si fuese una pluma. Salimos de aquella habitación y caminamos por aquel recinto donde hay tanta gente, todas las miradas se posan en nosotros, Elliot camina en silencio a nuestro lado. Tras un pequeño recorrido para frente a una de las puertas de cristal, da unos golpecitos y entramos. Me tumba en una camilla sin decir nada a la mujer que me mira con ojos grandes y sorprendidos.

-Se ha llevado un gran golpe contra el suelo al ser derribada.

La mujer asiente sin decir nada y se acerca hasta mi. Corre una cortina entorno a nosotras para que nadie más nos pueda ver, me quita la camiseta y hace que le de la espalda, extiende un líquido viscoso desde los hombros hasta la parte baja de mi espalda, luego deja que el líquido desaparezca, me vuelve a poner la camiseta y vuelve a quitar las cortinas.

Lo sorprendente de todo eso, es que ya no siento ningún dolor, se me ha pasado. Dylan le da las gracias y volvemos hasta la sala de defensa personal.

-¿Qué era eso? -pregunto, aún perpleja.

-Es medicina del futuro, solo tienes que repartir un poco de ese líquido por la zona que te duele para que se cure.

-¡Cómo mola! ¿Y cuándo dices que van a inventar eso?

-Entorno al año 3500.

-Vaya, aún falta para eso.

-Pues un poco, la verdad.

Elliot se mantiene en silencio todo el rato. Se sienta en el suelo, cansado, mientras cierra los ojos.

-¿Qué horas es? -le pregunto a Dylan, sintiéndome también muy cansada.

-Son las nueve, deberíais de iros ya a casa, es tarde y aún os queda el camino de vuelta.

Asiento, ha sido un día bastante duro, y aún me queda volver a enfrentarme con papá.

-Venid, os voy a acompañar hasta arriba.

Caminamos hasta la entrada, desde esta sala no se encuentra tan lejos, allí sentado en un sofá se encuentra Brad.

-Brad os llevará a casa.

Genial, simplemente genial. Es sin duda lo que más deseo para acabar mi día aquí.

-Hasta mañana Dylan -me despido, con una sonrisa.

-Hasta mañana chicos -es lo último que oigo antes de salir de allí.

El camino hasta el coche, lo andamos en silencio, Elliot a mi lado y Brad unos pasos por delante de nosotros. El coche no está muy lejos, así que llegamos en seguida, me siento atrás junto con Elliot y no tarda en invadirnos el silencio incómodo.

Habíamos acordado que a las cinco pasarían a recogernos a casa , para que nos diese tiempo a cumplir nuestras obligaciones, es decir, hacer deberes y estudiar.

La casa de Elliot se encuentra más cerca que la mía, así que tengo que pasar diez minutos de pura incomodidad yo sola.

-¿Por qué no te gusto? -le pregunto a Brad, sus palabras llevaban rondándome todo el día.

-Porque acabas de llegar, y ya estás revolucionando todo, tengo la intuición de que vas a cambiar lo que nos ha costado con tanto trabajo construir.

-Pero eso es bueno -digo, extrañada.

-No dije que lo fueses a cambiar para bien, lo estropearás todo -me mira por el espejo retrovisor, acusador.

-Pero yo no he hecho nada, y tampoco creo que lo haga.

-En cuanto pongáis pies en el futuro, se darán cuenta de que no encajáis y seguro que nos descubren, será un desastre.

Es increíble como ese chico podía sacarme de quicio tan rápido.

-No puedes hablar sin saberlo, además si tan listo te crees, ¡ve tú! Ah, no, espera que no puedes -sonrío maliciosa.

Tengo el defecto de que, cuando me cabrean, digo cosas hirientes a los demás, incluso a las personas que más quiero, no lo puedo controlar.

-Espero que algún día, te encuentres con alguien como tú.

Ignoro su respuesta, aunque me cala hasta lo más hondo de mi corazón. A veces no es fácil ser una persona borde, porque por dentro, soy todo lo contrario. Porque las personas que somos así, solo queremos mostrar nuestras barreras para que no entren y así no hacernos daño, ya que nadie se atreve a cruzarlas, pero cuando lo hacen ¡es todo lo contrario! Por eso nos mostramos fríos, para que no cualquier persona entre y que quien lo haga, sea una persona maravillosa.


Poco después llego a casa, y tras apoyar la cabeza sobre la tierna almohada, quedo rendida ante morfeo.

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¡Hola lectores!

Pues espero que les guste, y comunicarles de que en las próximas dos semanas puede que no suba capi, por exámenes finales, que tengo que estudiar muchísimo, un beso, les quiere

Patri~