The story of my life

viernes, 30 de mayo de 2014

Viaje para dos. Capítulo diez

La misma pregunta recorre mi mente una y otra vez, ¿quién es esa chica? Y es que por más que haya querido aclararme a mí misma de que solo ha sido un espejismo, o una persona normal, nada de ello tiene sentido. Elliot la vio, quedando descartada la primera hipótesis, y respecto a la segunda, todo es confuso, porque ¿desde cuando los seres humanos son tan perfectos y bellos? Desde siempre, nos han enseñado que la perfección no existe, y que en tal caso, tiene el nombre de Dios.

Cierro los ojos, personas a mi alrededor hablan sin parar, susurrando, en voz alta o simplemente gritando, no me importa. Tan solo quiero evadirme del mundo, aunque tan solo sea por unos segundos, sentir paz y serenidad, quiero sentirme como me sentí allí. Pero por más que lo intento, ni si quiera se acerca.

-Iris -me llama Michael, lentamente abro un ojo y luego el otro, para contemplar su rostro con inicios de arrugas -¿estás lista? -asiento, impaciente por poder llegar a aquel lugar.

Me levanto del sofá y sigo a Elliot que se encuentra a unos pasos por delante de mí. Antes he visto su rostro, al parecer tampoco ha dormido, sus grandes y oscuras ojeras lo delatan, también lo hacen su rostro decaído y sus ojos rojos y llorosos.

-¿Puedo preguntarte algo? -la pregunta va para Michael, es tan solo una de las que tanto he pensado a lo largo de la noche.

-Adelante -murmulla, amablemente, pero su tono es rechinante.

-Si el futuro puede cambiar con un simple pestañeo que haga una persona, cualquier decisión que tomen, ¿cómo vamos a encontrar a nuestros hermanos si cada vez que viajemos al futuro, estaremos en un lugar diferente, si nunca podremos regresar al mismo lugar que fuimos la otra vez ya que ese futuro no volverá a existir, por lo tanto, tampoco al que ellos viajaron?

Me mira, entre pensativo y asombrado. La pregunta le ha pillado con la guardia baja.

-Es una pregunta compleja, pero a la vez sencilla de responder. Simplemente porque nuestros portales eligen un futuro de entre todos, siempre el mejor, y no lo cambia a menos que nosotros pidamos otro al azar, y eso, por supuesto que no lo hemos cambiado. Pasamos años investigando diferentes futuros hasta quedarnos con el mejor, todos ellos quedan registrados y podemos volver cuando queramos, de esta forma, podemos coger lo mejor de cada uno y poder llevarlo todo a nuestro presente para pasarlo a un mejor futuro, ya que tendremos lo mejor de cada alternativa, conjunto en uno.

-¿A eso se dedican todas estas personas? Quiero decir, ¿el único objetivo es ese?

-No exactamente, pero sí que es uno de ellos.

-¿Y cuáles son los otros? -mi curiosidad incrementa conforme la conversación avanza, necesito saciarla, beber para calmar mi sed.

-Eso, es información confidencial -me mira, con los ojos entrecerrados y una maldad impregnada y escondida entre sus palabras, que escupe como una serpiente para envenenar.

Llegamos a la sala, que está justamente como la recuerdo, tal y como estaba ayer. Suspiro, mientras Michael prepara todo para poder irnos.

-¿Cuánto tiempo vamos a estar? -Elliot habla por primera vez desde que llegamos, su voz es ronca y cansada, confirmando más mis sospechas.

-Una hora.

Ambos nos asombramos, pero ninguno se niega. Quiero saber más de ese lugar, de esa muchacha, necesito encontrar respuesta a todas mis preguntas, contemplar ese lugar, volver a ver la perfección y sentir la paz que ayer sentí, que solamente allí puedo sentir.

-Ya está todo listo, no os alejéis mucho del portal y recordad, observad y guardad en la memoria todo lo que podáis.

Asentimos, entro yo primero, sintiendo la misma pesadez en el estómago, la negrura que me atrapa y me consume poco a poco, el mareo y las cosquillas en los pies. Hasta que toco la suave nieve, lentamente abro los ojos, cegados por la claridad. Siento un peso caer a mi lado, Elliot se sacude la nieve y yo entierro mis manos en ellas, suave, fría y bonita nieve.
Mis ojos buscan desesperados la figura de aquella chica, y la encuentran, me levanto rápidamente, sacudo mis pantalones y ando, primero despacio, pero poco a poco voy acelerando. Noto el sonido de unos pies atrás, y una mano caliente agarrar mi brazo.

-¿Qué haces? No podemos alejarnos demasiado de aquí, ¿recuerdas?

-Solo quiero alcanzar el extremo de aquella orilla -murmuro, mientras tiro de mi brazo, quedando su mano en el aire, enfriándose poco a poco por el frío y el espesor de la nieve.

-¿Por qué quieres llegar allí? ¡Es completamente imposible! El lago está helado, si intentas pasar probablemente el hielo se quebrajará y acabarás en el agua helada, quedarás empapada por una hora ¿eres consciente de lo que viene después?

Suspiro, cambio el peso de mi cuerpo al otro pie, empiezo a cansarme de él.

-Tú haz lo que quieras, por mí como si quieres quedarte aquí sentado toda la hora.

Vuelvo a caminar, pero sigo escuchando sus pasos detrás.

-No te voy a dejar sola.

-No me va a pasar nada, no soy una niña de la que tengas que cuidar.

-Yo no he dicho eso.

-Prácticamente, lo has insinuado.

-No, a lo que yo me refería, es a que esto es cosa de dos, y pienso acompañarte hasta el final, por muy peligroso y arriesgado que sea.

Su respiración es agitada mientras lo dice, y una capa blanca nos envuelve cuando ambos suspiramos.

-Entonces, sígueme -murmuro, rompiendo nuestras miradas entrelazadas, para seguir avanzando.

La veo, la siento. Está cerca, mueve las manos de un lado a otro entre la nieve, construye pequeños muñecos de nieve, y los destruye, hace un ángel, y lo borra cayendo sobre él. Y entonces estamos frente a frente, separadas por unos simples metros de hielo.

-¡Hola! -grito, intentando llamar su atención. No responde, me mira, su sonrisa es maligna, y entonces desaparece.

Doy un salto hacia atrás, asustada, y Elliot repite mi gesto.

-¿Qué ha sido eso? -pregunta, abriendo y cerrando los ojos muchas veces, para comprobar si lo que ha visto es real.

-No lo sé -el corazón me late intensamente, se agita en su pequeño hueco mientras la adrenalina corre por mis venas, corre, como yo.

Corro entre los árboles, perdiéndome entre la espesura de la nieve, sintiendo como el viento roza mi nombre. Está detrás de mí, lo sé, por sus pasos débiles y ágiles, no como los de Elliot, que son fuertes y estruendosos. Entonces me doy la vuelta, mantiene la misma sonrisa de antes, que hace agitar mi corazón aún más.

-¿Quién eres? -pregunto, sintiendo como cada vello de mi piel se eriza.

-Creo que esa pregunta, tendría que hacerla yo -tiene un retintín al hablar, su tono es chirriante para mis oídos, melodioso, dulce, es contradictorio, pero a la vez maravilloso.

-Soy Iris -mis ojos se desplazan lejos, donde veo la sombra de Elliot llegar.

Su sonrisa no se borra, tampoco lo hace cuando Elliot pasa por su lado y coloca su mano sobre mi hombro.

-¿Y tú? -pregunto, ansiosa, desesperada por saberlo.

-Deberías saberlo -dice, alzando una ceja, molesta conmigo y consigo misma por no lograr que todos sepan su nombre.

-Pues como ya ves, no es así -Elliot aprieta mi hombro,en señal de que deje de hablar.

No sabemos a quién nos enfrentamos, o mejor dicho, a qué.

-Soy Asidia, ¿quién es el muchacho que te acompaña? -pregunta jocosa, y sin saber por qué, intento taparlo con mi endeble y diminuto cuerpo.

-Soy Elliot -finalmente dice, haciendo que vuelva a sonreír de esa manera tan fúnebre, y entonces, vuelve a desaparecer.




*********************************************************************************
¡Hola!

Aquí les traigo, después de un largo mes, un nuevo capítulo. Siento mucho no haber podido subir, pero ya les dije que me iba a Francia, después de acampada, eso, exámenes y recuperar el tiempo perdido, se me hace complicado. ¡Y ahora esperan las dos peores semanas! No garantizo que suba, porque como he dicho, son las dos peores semanas, tengo que estudiar un montón, no hay día que no tenga examen y no puedo estar pensando en escribir, ni si quiera debería de haber escrito esto. Pero sinceramente necesitaba despejar mi mente, despegarme de los libros y dejar que fluya la inspiración. Intentaré subir pronto, en verano prometo subir más a menudo. ¡Un besazo y mil gracias por esperarme tan pacientemente! Les quiere,

Patri~

lunes, 28 de abril de 2014

Viaje para dos. Capítulo nueve

Mi corazón se acelera. Una semana. Eso es lo que ha pasado desde que llegué aquí por primera vez, y tras varias clases de defensa y preparaciones :ya estamos listos. O al menos, deberíamos. Pero no hay tiempo para asegurarnos de que lo estamos, porque de lo contrario podría ser demasiado tarde y sinceramente, mi mente y mi cuerpo no reaccionan de acuerdo con ésta elección, el dolor y el miedo es poderoso, pero más aún lo es el amor. Mi cabeza gira a una velocidad mágica, miles de recuerdos recorren mi mente, porque quien está a punto de salvar a mi hermana, o de tener la oportunidad de hacerlo, soy yo. Sólo yo.

Y el miedo, de perder mi vida por el camino, o de simplemente no llegar a salvar la suya, es tan grande, pero tan tan grande, que ni la persona más fuerte lo podría soportar. Y no, no voy a llorar por más que las lágrimas pidan salir de mí.

-¿Estás lista? -es Elliot quien habla, me mira con tristeza, pero a la vez puedo ver el miedo a través de sus ojos, está tan asustado como yo.

-No lo sé -mi voz suena rota, pero no puedo dejar que me delate, carraspeo y vuelvo a decir la frase con más claridad -¿y tú?

-No lo sé -dice, imitando mi frase. Agarro su mano con fuerza, transmitiéndole todo el cariño que puedo.

-Todo saldrá bien -es lo único que puedo murmurar, antes de que mi forzada sonrisa no se mantenga más en su lugar y desaparezca.

-Estoy seguro de eso -y es él quien sonríe, pero su sonrisa no es falsa como la mía, es verdadera, una sonrisa que transmite paz y serenidad, con la que tranquilamente podrías soñar toda la noche y aún así, no cansarte de ella.

Suspiro, mi cabeza se mantiene cabizbaja, hasta que él, con toda la suavidad del mundo, como si mi rostro fuese de porcelana, lo sube, y lentamente seca una lágrima traicionera, que yo no sabía que existía.

-Gracias -murmuro. No tengo respuesta, pero no me molesta, ya que el silencio que nos invade no es incómodo, sino reconfortante.

Se oye el ruido de la puerta, y un trajeado Michael entra tras ella.

-Seguidme -su tono no es amigable, ni simpático, ni si quiera tranquilizador, pero no queda más remedio que hacerle caso y avanzar.

Y ya no hay marcha atrás, porque después de escaleras, y escaleras y más escaleras, llegamos hasta la temible sala.
La mano de Michael se desliza por una pantalla táctil, marcando una fecha que aunque no me diga, ya sé cual es.

-¿Preparados? -tengo la tentación de negar con la cabeza, pero finalmente asiento -Voy a ajustar el tiempo a un minuto, observad todo lo que podáis y no os alejéis del portal, e inmediatamente luego vendréis y me informaréis de lo que habéis visto.

-De acuerdo -decimos ambos mientras nos acercamos al azulado portal.

Y de un instante a otro, me encuentro flotando en una espesa negrura mientras mi cuerpo da vueltas y siento una extraña sensación en el estómago, que me hace temblar, hasta que finalmente acabo aterrizando en un duro y frío suelo.

Una capa blanca recorre todo, y mi pelo poco a poco va tomando ese bonito color. Altos árboles se alzan a nuestro alrededor y el paisaje es tan bello, que hace revolcar a mi corazón. No me importaría quedarme aquí por siempre. Pero presiento que ese por siempre sólo durará unos minutos como el frío de la nieve me siga calando. A unos metros de nosotros hay un asombroso lago, que poco a poco se va congelando y va adquiriendo el color del lugar. Noto la presencia de Elliot a mi lado, pero ambos estamos demasiado ocupados admirando el paisaje como para decir palabra alguna, y sin darnos cuenta, el minuto pasa. Pero antes de eso, puedo observar a una bella muchacha, al fondo del lago, su piel es tan blanca como la nieve que nos rodea, sus ojos, por más lejos que nos encontremos, transmiten el brillante azul. Su pelo es largo y negro, haciendo destacar aún más sus bonitos ojos, y lleva un bonito vestido color rojo acompañado de sus labios del mismo color. Y como un espejismo, de repente desaparece, dejándome completamente confusa.

Entristecida, por desaparecer de aquel bonito lugar y a la vez extrañada por la aparición de aquella muchacha, tengo que volver al blanco de las feas paredes y no al de aquella mágica y especial nieve, entro a aquel maldito portal, que tanto me llega a trastornar.

Y tras relatar todo aquello que nuestra pupilas pudieron captar, nos dejan descansar para mañana volver a por más.

Y ya en mi cama, no puedo evitar soñar con aquella muchacha.


*********************************************************************************

¡Hola!

Antes que todo, perdón por no haber subido el viernes, pero es que estaba de feria y lo último que he pisado ha sido mi casa, ya de vuelta a la rutina pues aquí les subo el capi del viernes, aviso de que en dos semanas me voy a Francia de intercambio y no podré subir capítulo, para que luego no me reclamen xD pues nada, que siento que sea corto, espero que les guste, un besazo, les quiere

Patri~

sábado, 19 de abril de 2014

Viaje para dos. Capítulo ocho

Miradas curiosas observan quién es la chica que arrastra los pies por el pasillo, cuando observan quién es, pasan a ser despectivas. Sonrisas de bienvenida, que por mi parte podrían devolverse al lugar de donde han venido.
Y al fondo, justo en la esquina de la derecha, se encuentra mi salvación.

-¡Elliot! -saludo cuando me acerco, me responde con una sonrisa y dos besos, que acaban quedando marcados en mis mejillas aún después de haber sido dados.

-¡Buenos días Iris! -mi sonrisa se ensancha, y a modo de respuesta le paso la mano por el pelo.

Avanzamos por los blancos pasillos hasta una sala desconocida, esta vez, en lugar de bajar escaleras, las subimos. Tan sólo son dos plantas, pero parece un camino interminable de subir.

-Tened cuidado con el último escalón, tiene truco -murmura quejoso Brad.

-¿Qué quieres decir? -mi ceja intenta alzarse en modo de no entender, pero acabo haciendo un mohín extraño con la cara que hace reír a Sofía, una de las chicas que nos acompaña.

-Quiero decir que si lo pisáis, caeréis al vacío. Y sólo los más astutos saben salir de allí.

-¿Y eso por qué? Alguien podría bajar corriendo y sin darse cuenta pisarlo.

-Es para que no pase gente no deseada.

-Podría caer uno de los vuestros.

-Que hubiese tenido cuidado.

-Podrías ser tú -murmuro frustrada.

-Culpa mía entonces, un pequeño castigo.

-¿Realmente piensas que un pequeño despiste merece ser pagado con la muerte?

-Te está tomando el pelo -insinúa Elliot en mi oído.

-Cualquier fallo debe ser castigado -su tono está impregnado de frialdad, nada que ver con el tono usado en el coche.

-Somos humanos, por lo tanto no somos perfectos y cometemos errores, no por ello debemos ser castigados de manera tal cruel.

-Estamos diseñados para mejorar, si tú no sabes usar esa habilidad que tienes, probablemente serás poco productiva.

-Poco productivo vas a ser tú como te deje estéril de una patada.

Se oyen pequeñas risas de fondo, que me animan a seguir atacando a Brad, el cual parece ser el peor simio de la historia.

-¿Y vosotros de qué os reís? -se vuelve enfadado, echando chispas con la mirada que hacen parar las risas de fondo.

-Se ríen de ti- al contrario que ellos, mi cabeza no queda gacha, sino más alta, dispuesta a ganar este asalto.

-Tú no te metas, esto no va contigo.

-Oh, créeme, va más conmigo que con ellos.

Murmura cosas que no se pueden entender, y doy así, por ganada la victoria. Después, llegamos al temible escalón.

-¿Realmente crees que ese escalón nos tragará si lo pisamos? -me pregunta Elliot.

-Lo dudo mucho, seguro que lo dice para meternos miedo.

-Sí, tienes razón.

-Os equivocáis, este escalón os engullirá como pongáis un sólo pié encima de él.

-No nos asustas, ni tú ni tus malos trucos.

-Adelante, probadlo.

-No sé si deberíais -murmura Sofía

-Bien, a la de tres nos apoyamos los dos sobre él -mis palabras van dirigidas a Elliot, y ambos decididos no hacer caso de las súplicas de Sofía.

-Uno.

-Dos.

-Y...

-¡Tres!

Saltamos a la vez sobre el blanco escalón, e inmediatamente siento como floto en el aire y caigo al vacío. Caigo, caigo y caigo. Y no dejo de caer.

-¡Elliot! -grito, tras dar varios manotazos y no encontrarlo a mi lado.

-Estoy aquí -su voz suena a unos metros de mí, y nadando en el vacío, consigo llegar hasta él.

-¿Alguna idea de cómo salir de aquí? -las mariposas del miedo a la caída siguen habitando en mí.

-Pensaba que la tenías tú.

Todo lo que veo es oscuridad, y lo único que siento aparte de la fuerte corriente que me arrastra al vacío, es la mano de Elliot.

-Brad ha dicho que sólo los más listos salen de aquí, además de que si fuese muy peligroso, no hubiese dejado nunca que ambos cayésemos.

-Pero... ¿cómo vamos a salir de aquí?

-No lo sé, piensa.

Suelto lentamente su mano y nado en el vacío, vacío que no parece ocupar más que unos diez metros en total de ancho. Hablamos de que competimos contra gente que tiene artilugios del futuro, y para mí, la psicología se basa en el mayor avance para armas y trampas que usar, por lo que dudo mucho que no hayan avanzado en esa materia. Lo que quiere decir que hay un 50% de probabilidades de que esto se trate de un cuadrado, en el que aparte de medir diez metros de ancho, también los mida de largo. La sensación de caída puede ser una mala pasada de nuestro cerebro. Todo es psicológico, el miedo lo es, incluso el alcohol puede llegar a serlo.

El primer paso para salir de aquí, puede consistir en mentalizarme de que no existe ninguna caída, para que las molestas mariposas se vayan. El segundo, en tratar de encontrar el artilugio que haga volar nuestro cuerpo. Y estoy segura de que sólo es una máquina que nos deja flotando, y que no nos deja movernos ni hacia arriba ni hacia bajo, por lo tanto, debe de haber alguna trampilla o clase de interruptor en los laterales.

Me deslizo con rapidez hasta la pared más cercana, es lisa y suave, paso ambas manos por ella de arriba hacia abajo, hasta donde mi cuerpo puede alcanzar, nada, tampoco hay nada en la segunda, ni en la tercera. Ni en la cuarta, pero justo en el borde de la última, cuando comunica con la primera, la pared da la sensación de ser más rugosa. Primero un golpe, y luego otro, para comprobar que lo que suena es hueco. Me desplazo hacia la izquierda, doy un golpe, pero no suena nada, lo que comprueba mi teoría.

-Elliot ven aquí -tarda tan sólo unos segundos en llegar hasta mi lado -¿puedes golpear aquí hasta romperlo? -mi mano alcanza la suya, sudorosa y caliente, y la coloca justo en el punto rugoso.

-Puedo intentarlo.

Me aparto un poco para dejar que golpee la pared, hasta que finalmente, lo consigue, y lo que empieza por una pequeña raja, acaba siendo un gran hueco, por el que cabemos ambos. Primero entro yo, parece una trampilla de ventilación, y efectivamente, lo es. Tras un golpe seco, tiro las rejillas que encuentro tras varios minutos de exploración, y el pequeño cuadrado deja ver la gran sala en la que estuve la última vez, además de estar completamente llena. De un salto me coloco frente a todos, y tras mí, Elliot.

-Buenos días -alzo la voz mientras lo digo, además se posa en mí una gran sonrisa de satisfacción al ver las caras perplejas de todos.

Me acerco a una silla libre y me siento, todas las miradas siguen fijas en mí, un leve murmullo acaba siendo un gran barullo.

-¡Silencio por favor! - es Michael quien grita haciendo callar a todos.

Me acomodo, esperando las preguntas.

-Impresionante Iris... -murmura -nunca nadie había conseguido salir con tanta rapidez, incluso las mentes más listas han tardado horas en salir de ahí, ¿cómo lo has averiguado?

-El cerebro es la mejor arma que el humano puede usar -explico lentamente -era de esperar que en el futuro las nuevas generaciones se diesen cuenta de eso, y de que pueden hacer más daño atacando psicológicamente, que físicamente.

-Increíble, simplemente increíble. Me alegro de saber que una persona tan inteligente como tú esté con nosotros.

-No te equivoques, yo no estoy con vosotros, no soy de los vuestros, yo sólo vengo a salvar a mi hermana -lo señalo, acusadoramente.

-Contigo, seguro que será mucho más fácil.

Y cómo me gustaría a mí que así fuese.



*********************************************************************************

¡Hola!

Ya sé que hoy es sábado, y que debería de haber subido ayer, pero tengo un buen motivo y es... Bueno no voy a engañaros, me daba mucha pereza xD y sí, lo tenía ya escrito, pero subir este significaba escribir el siguiente para tener la pequeña reserva de la semana que viene, así que hoy me armé de valor y vencí a la pereza, aunque admito que el próximo capítulo es un poco (sisi, un poco...) corto. Eso sí, lleno de misterios porque en el próximo capítulo ¡por fin nuestros protagonistas se adentran en el año 5000! En el capi 10 prometo poner mucho más sobre el nuevo sitio, y sucederán muchas cositas...Eso si se me ocurren antes, ya sabéis que la  novela se va desarrollando conforme escribo y que cada capítulo tiene la esencia de mi estado de ánimo. Si estoy enfadada: hay peleas. Si hay bromas: estoy contenta. Si hay amor: eso es porque soy una romántica más que nada :p .Y finalmente, si hay desamor o tristeza: es porque realmente estoy mal. 
Un millón de gracias por leer y aguantarme cada semana, un besazo enorme y una gran abarzo, les quiere

Patri~

sábado, 12 de abril de 2014

Me llaman la gafe. Historia tres

Mi mirada recorre las estanterías del supermercado de arriba abajo, atún, tomate y patatas son algunos de los ingredientes que voy cogiendo. El carrito está completamente lleno cuando me coloco en la cola para pagar, espero, impaciente hasta mi turno. Poco a poco voy colocando en bolsas las cosas, que luego meto dentro del carro para pagar y poder volver más deprisa a casa.

-Son ciento treinta y dos euros con cincuenta -señala la mujer que está detrás de la caja, lleva recogida una coleta alta que se mueve al son de sus movimientos.

-Muy bien -mi mandíbula se descuadra un poco al escuchar el precio, suerte que cogí ciento cincuenta por si las moscas. O mejor dicho, que debería de haber cogido, ¡porque el monedero no está! ¡no está!

-¿Hay algún problema? -dice la mujer esperando, con el ticket en la mano.

-¿Qué? No, no, ninguno.

Mis manos se deslizan con rapidez por el bolso, buscando el monedero rosa pastel que me compré hace dos semanas. Pero sin obtener ningún resultado, maldigo varias veces y me golpeo en la cabeza, al recordar que tonta de mí, seguramente lo había dejado en el coche.

-Perdón señorita, pero tengo que seguir trabajando -señala su reloj, impaciente, no aparta su mirada de mí en ningún momento.

-Me he dejado el monedero en el coche, si me deja ir a buscarlo...

-No pretenderá robar, ¿verdad? ¡Seguridad! -pulsa un botón rojo, y al fondo aparecen dos hombres corpulentos.

Asustada, agarro el carro con una mano, y el bolso con otra, haciendo una maniobra para dar la vuelta y empezar a correr. Esquivo a niños pequeños y madres al teléfono, abuelas con bastones y adolescentes abrazados. Mi huida provoca un caos en el supermercado, y de un momento a otro, todos me dan caza.

Diviso las puertas a unos metros de mí, y las cruzo con agilidad, chocando con una mujer subida a unas escaleras, que acaba en el suelo.

-¡Perdón, perdón! -grito mientras consigo pasar las puertas y pisar el duro asfalto, el coche está a unos simples pasos de mí, lo abro con el mando y cojo las bolsas antes de llegar para tirarlas al vuelo en los asientos traseros, le doy una patada al carrito y arranco a toda velocidad, y tras un giro brusco, consigo salir de los aparcamientos dejando a los guardas atrás.

En unos minutos consigo llegar a casa y depositar las bolsas en la mesa de la cocina, suspirando coloco una mano en mi frente, secando el pesado sudor, saco el móvil de uno de los bolsillos y... ¡Descubro el monedero justo en el otro!


¡Bendita sea mi buena suerte! 

*********************************************************************************

¡Hola!

Aquí les traigo un capítulo de estas pequeñas mini historias, espero que les guste. Iba a subir el capítulo ocho de viaje para dos en recompensa de las muchas visitas que está teniendo últimamente el blog, pero he decidido dejarlo guardado porque en breves empieza aquí la feria y prefiero tenerlo reservado por si no puedo escribir, poder subir. Mil gracias por aguantar mis historias, espero que les haya gustado, un besazo y un abrazo, les quiere

Patri~

jueves, 10 de abril de 2014

Viaje para dos. Capítulo siete

Tensión. Esa es la palabra indicada para describir el momento. Mis desgastadas zapatillas chocan contra el suelo, mientras mi dedo da leves golpes en la húmeda ventana. Silencio sería la palabra perfecta para indicar el modo en el que nos encontramos, pero mentiría, ya que el molesto ruido de una vieja radio, más el de mis piés y dedos es el que suena, pero nada más aparte de eso.

-¿Quieres parar? - sus palabras son bordes y firmes.

-Cuando quites eso -señalo la radio, que en apariencias, podría decir que en cualquier momento se va a romper a pedazos.

-Mi coche, mis normas -su tono es firme, y el ''mi'' suena bastante reforzado.

-Mi cuerpo, mis normas -lo imito en torno de burla.

Su mirada hace que se me hiele la sangre, siempre lo hace, es fría y dura, expresa un odio eterno y profundo, tanto, que da miedo. Miedo de no saber por qué, si nunca le hice nada. Miedo de su comportamiento, de que sea capaz de cualquier cosa, su mirada es tan oscura, que me esperaría cualquier cosa.
¿Por qué me odia? Esa es la pregunta, y sé que cada noche, y cada día, me preguntaré lo mismo. Nunca me han odiado, no de esta manera. Hay personas que consideran que otra la odia por meras tonterías, porque les miran mal, les contestan borde, pero esto... No tiene nada que ver, supera mis expectativas, nunca pensé que pudiese odiarme tanto alguien, y más aún, sin motivo aparente.

Aprieta las manos contra el volante, tanto, que se le marcan los nudillos. No me mira, y eso me alivia, porque soportar esos ojos negros chispeantes puede llegar a ser muy duro, tanto, que estoy segura de que otra persona no hubiese aguantado un segundo a su lado.

-¿Qué ha sido todo ese royo del centro interno? -pregunto, curiosa de saber toda la verdad.

-No es ningún royo, como tú lo llamas, es la pura verdad.

-Bueno, verdad verdad... No sé yo.

-Ciertamente si que vas a ir a un centro interno, lo único que no es cierto de ahí, es mi nombre, que soy el director, y que ha sido un sorteo.

-¿Y el director ha permitido todo esto? -el corazón se me acelera, al pensar que dentro de la gran mentira que es mi vida, hay otra más.

-Es complicado -murmura, se despeina con una mano, y con la otra gira el volante en una curva.

-Pues explicate -mi voz no permite réplicas.

-Digamos que hemos tenido un donativo con el centro. Un pequeño donativo.

-Define pequeño -mi cara es de perplejidad total.

-Nada, no es una suma importante.

-Define pequeño -vuelvo a decir.

Vuelve la cabeza hacia mi lado y sonríe, se vuelve a pasar la mano por el pelo y luego vuelve a mirar hacia la carretera.

-Un par.

-¿Un par de qué?

-Un par de miles.

-Estás de broma, ¿verdad? -niega con la cabeza, y mi boca se abre y cierra muchas veces -me parece increible que se dejen comprar así -murmuro indignada -alguien debería de hacer algo.

Ríe entre dientes mientras niega con la cabeza.

-¿Y tú vas a ir a denunciarle después de haberlo comprado? -ésta vez su sonrisa es de puro dientes, dientes blancos y perfectos, que lo hacen ver joven y risueño.

-¡Yo no lo he comprado! -mis mofletes se inflan como los de un pez, y él vuelve a reír, mientras mis mejillas se vuelven sonrojadas -no tiene gracia.

-Bueno, técnicamente lo has hecho -niego un montón de veces indignada, y él sigue riendo.

-Yo no hago cosas ilegales -murmuro, mis mejillas arden de vergüenza.

-Pues en dos días, has debido de hacer quinientas.

-Me he dado cuenta -agacho la cabeza, y cuando la subo, sonrío -¿qué es eso del centro interno?

-Oh, nada importante, uno con monjas y calabozos para dormir, no sin rezar una oración cada media hora, por supuesto.

-¿Qué? -mi cara va pasando de rojo, al azul para luego quedarse en morado.

Sus carcajadas resuenan por todo el coche, más mi cara sigue siendo del color de una berenjena.

-Es una broma -niega con la cabeza, y yo suspiro ingidnada.

-No es gracioso -me cruzo de brazos, como una niña pequeña.

-Para mí sí.

Su risa hace que me una a él, pero el trayecto se acaba, y lo que había sido un rato divertido, acaba siendo el peor infierno.

Mi infierno.



*********************************************************************************

¡Hola! 

Aquí les traigo un nuevo capi ^^ lo siento por no subir la semana pasada, pero ya avisé de que no iba a poder. Y bueno, como pequeña recompensa lo subí un día antes, jueves. Dar millones de gracias por todas las visitas que ha tenido el blog en mi ausencia. Y decir que la semana que viene habrá capítulo, no estoy un cien por cien segura, pero sí un noventa :) espero que les haya gustado, sé que es cortito, pero entre que no he tenido tiempo y que no estoy pasando un buen momento, pues nada. Muchas gracias por leer cada semana mis tonterías y soportarme, un besazo y un abrazo enorme, les quiere

Patri~ 

viernes, 28 de marzo de 2014

Viaje para dos. Capítulo seis

Antes de hablar, sonríe travieso. Mira la hoja de papel que lleva en las manos antes de hablar, carraspea y mira al suelo tímidamente, para alguien que no lo conoce puede quedar un gesto desapercibido, pero para mí, que ya he tenido el suficiente contacto como para conocerlo, sé que es fingido.

-Buenos días -se lanza a decir por fin, mientras coloca el micrófono correctamente tras haber dado varios movimientos en señal de caer al suelo – me llamo Luciano Perspedinio, y soy el director de un gran importante centro de educación.

Se oyen varias exclamaciones por la sala, su mirada se vuelve a encontrar con la mía, y muy a mi pesar sé que pronto voy a oír mi nombre.

-Se preguntarán qué es lo que hago aquí -vuelve a mirar hacia la multitud -pues ya se los voy a aclarar, estamos seleccionando un chico de cada centro al azar para llevarlo a estudiar a nuestras instituciones, en las que tendrán una buena calidez y un mejor estudio.

El murmullo crece, ¿de qué está hablando? ¿habrá chicos guapos? ¿quién será el elegido? ¿para qué se quieren llevar a uno de nosotros? Y muchas más preguntas se arremolinan en la sala, el corazón me late con rapidez, pese a saber ya cuál es la persona, y que por desgracia soy yo.

¿Estará el director también metido en todo este lío de viajar al futuro? ¿Cómo puede permitir que se lleven a un alumno así sin más, sin investigarlo? ¡Esto es una estupidez! ¡no me lo puedo creer! Como si no fuese suficiente tener que pasar tantas horas en aquel extraño lugar, ahora también me sacan del instituto. Adiós vida social.

-Las instituciones son internas -la gota que colma el vaso, sin duda, es ésta – y para no alargarnos más, voy a decir el nombre del elegido, a esa persona se le explicará todo con más detalles.

Corazones acelerados y miradas asustadas se encuentran por todos lados, la mano de Mario agarra la mía, todos esperan, impacientes para saber el nombre. Cierro los ojos y aprieto la mano con más fuerza, hasta escuchar mi nombre. Se oyen varios suspiros, y rápidamente noto todas las miradas en mí, abro los ojos, despacio, con miedo de ver lo que me espera.
La mano de Mario sigue entorno a la mía, más fuerte que nunca.

-Debe de haber un error -murmura -espera, ahora dirán otro nombre y todo habrá terminado, es un mal entendido.

-Mario, no van a decir otro nombre -susurro con dulzura.

-No... Hemos escuchado mal, seguro que es eso.

Todas las miradas siguen fijas en mí, mientras observan como mi mano va tomando un color rojizo debido al fuerte agarre que tiene Mario en mí.

-Mario, suelta, tengo que irme.

Mis ojos se aguan, cuando veo resbalar una lágrima suya.

-Eh, que no me voy para siempre, ni lejos -le digo, mientras clavo mi codo en su costado.

-Pero sin ti nada tiene sentido aquí -murmura, mientras baja la cabeza.

Suena el suspiro de Brad en el escenario, no me importa hacerle esperar, abrazo a Mario mientras le doy un beso en la mejilla, probablemente, el último en mucho tiempo.
Me levanto y camino, con la cabeza bien alta, hasta el escenario. No, no voy a llorar, al menos no aquí, no delante de la persona que quiere hacerme la vida imposible.
La gente hace huecos a mi al rededor para dejarme pasar hasta el escenario, Brad me tiende el brazo, que acepto con amargura. Intento no mirar hacia Mario, él es... Es muy especial para mí, entra en la lista de personas importantes, esa diminuta lista que se cuenta con los dedos de una mano.

-Muchas gracias por su atención, ahora pueden retomar las clases, la señorita Hurley vendrá conmigo.

Me muerdo la lengua, por no soltar una hartada de insultos hacia su persona, mientras en mi mente se reproducen varias escenas de cómo asesinarlo. El salón de actos queda vacío en cuestión de unos minutos, las luces se apagan y quedamos en un completo y oscuro silencio. Camino, sin decir nada hasta la salida mientras escucho sus pasos tras de mí, y en cuanto salgo sigo caminando hasta la salida del centro, lo siento detrás pero no lo espero, el conserje me abre la verja y salgo fuera, veo el coche negro con el que me llevaron a aquel extraño lugar y no puedo evitar darle una patada.

-No te desquites con mi coche -dice mientras se acerca más veloz.

-Cállate -mi voz suena enfadada, a causa de hablar entre dientes, coloco la frente en la parte más alta del coche para no tener que ver a Brad, ya que estoy segura de que si lo hago, la patada ésta vez irá dirigida hacia él.

-No la pagues conmigo, mocosa, madura un poco y compórtate.

-¿Que madure? -inmediatamente me giro para hacerle frente- lo que tiene que madurar aquí es tu cerebro, ya me gustaría a mi que nuestras vidas se intercambiasen aunque fuese tan sólo cinco minutos, para que te sintieses como me siento yo ahora.

Da dos pasos al frente hasta quedar a unos centímetros de mí, quien habla entre dientes ésta vez es él.

-Mira niña, háblame con respeto o créeme que quién se quedará sin cerebro vas a ser tú.

-¿A quién llamas niña tú? -me acerco más a él mientras hablo - ¿quién te crees que eres? No tienes ningún poder sobre mí, nunca lo has tenido ni lo vas a tener. ¿De qué vas con ese royo de yo soy superior a ti? ¿Qué crees, que eres un anciano sabio que tiene consejos para darme? Apuesto a que no me sacas ni cuatro años.

Su mirada echa fuego, es una de estas miradas que jamás logras borrar de tu mente, porque te transmiten sentimientos que pueden causar daños en ti, tanto odio acumulado hace temblar a mi cuerpo.

-Yo tú cerraba esa boca, no estás más guapa, pero al menos dejan de escaparse tus neuronas.

-Oh, lo siento, sólo trataba de que llegase aunque sea una a tu cerebro, pero visto lo visto, vas a seguir sin tener una.

Hace una mueca detestable, poco a poco Brad me había encerrado, estaba entre su cuerpo y el coche, o como se suele decir, entre la espada y la pared. ¡Y vaya espada! Si con esa mirada, ya podría echar a arder medio mundo.

-Deja de invadir mi espacio personal -mi respiración es entrecortada mientras lo digo, mis ojos vuelan entorno a los suyos.

Se acerca más a mí, pero rápidamente se aleja unos pasos, enfadado consigo mismo, mientras entra en el coche y me indica que lo siga.

*********************************************************************************

¡Hola!

Aquí está el capítulo *___* la verdad es que he disfrutado mucho escribiéndolo, ha sido bastante intenso, y es que me encanta, pero en serio, me encanta escribir cuando dos personajes tienen piques, es algo que me apasiona y que me sale simplemente sin pensar, lo que es base de historia puedo tardar básicamente más de una hora para 1000 palabras, pero en cuanto se me plantea la ocasión, siempre me gusta meter estas cosas porque se me hace más ameno y fluido,  y porque una novela mía sin peleas, pues bueno, no es mía xD pierde su esencia. Ya aviso de que la semana que viene va a ser  imposible subir, porque bueno viene una francesa de intercambio y no voy a poder tener tiempo para mí, si eso subiré de me llaman la gafe, que aunque parezca mentira puedo escribir en cinco minutos lo que en veinte para esta. Y ya nos despedimos aquí, espero que les haya gustado, un millón de gracias, un beso, les quiere

Patri~


viernes, 21 de marzo de 2014

Me llaman la gafe. Historia dos

Parte dos

El sonido de las agujas del reloj empieza a hartarme, sigo el compás del molesto ruido con el pie derecho. Ya han pasado dos horas, ¿cuánto más tendré que esperar? Suspiro cansada cuando veo a la recepcionista salir.

-Puede pasar.

-Ya era hora -mi mirada es frustrada, pero sin decir nada más camino hasta el despacho para comenzar la entrevista.

Una mujer esbelta levanta la cabeza cuando me hago presente, lleva el pelo recogido en una cola alta y unas gafas cuadradas que no hacen justicia a sus ojos verdes.

-¿Russo? -pregunta, mientras deja los papeles a un lado.

-Presente -alza una ceja ante mi contestación. Que tonta soy, no estamos en el colegio.

-Siéntese, por favor.

Asiento, avergonzada y hago lo que me dice.

-¿Por qué cree que debería de contratarla?

-¿Le soy sincera o le cuento el royo que suelta todo el mundo siempre?

-Sea sincera, por favor.

-Pues porque estoy en paro, y soy muy joven, probablemente no dure ni un día contratada, pero puedo llevarme a casa el día de trabajo.

-¿Por qué ha sido despedida de tantos sitios? -ladeo la cabeza y sonrío.

-Pues porque soy gafe, la persona más gafe que puede existir sin duda, yo no tengo un mal día, tengo una mala vida.

-¿Cree que merece que la contrate?

-Sinceramente, no, pero tengo que presentarme a alguna entrevista si no quiero que mis padres se me echen encima y me recuerden lo inútil que soy.

-¿Tiene usted algún trauma?

-¿Perdón?

-Que si tiene usted algún trauma, infantil o por el estilo.

-No, si la he escuchado a la perfección, ¿por qué lo pregunta?

-No existen las personas gafes, ni la mala suerte, nosotros creamos nuestro entorno con nuestros pensamientos.

Suelto una carcajada que resuena por todo el despacho.

-¿Y usted qué sabrá? -mi pregunta ahora es seria, y rotunda.

-Soy psicóloga -su mirada es de superioridad, inmediatamente la fulmino con la mirada.

-Eso no quiere decir que lo sepas todo.

-Voy a dar la entrevista por finalizada, como comprenderá, no está usted contratada.

Se levanta y me señala la puerta con desprecio, como si mi presencia fuese demasiado vulgar para su empresa.

-Ojalá tengas aunque sea un sólo día la mala suerte que tengo yo, para callarte y dejar de decir estupideces.

-No voy a permitir que me hables así, bastante con que dejé que me tuteases sin darte permiso.

-¿Permiso? ¿Pero quién se cree que es? -mi risa vuelve a resonar.

-Márchese ahora mismo o me veré obligada a llamar a seguridad.

-Adelante, hágalo, no le tengo miedo.

-Señorita, no me haga pulsar el botón -hago un gesto vulgar con el dedo, y eso hace que pulse inmediatamente el botón.

Dos hombres altos y fuertes, vestidos con chaqueta, llegan en ese momento a nuestra altura.

-¿La está molestando?

-Llévensela.

-Es usted una guarra -no puedo evitar decirlo, su boca se abre y cierra de la indignación -y una amargada, acabará sola, ni si quiera los gatos la querrán. ¡Siesa, borde, aburrida, estirada!

Uno de los guardas me agarra de las muñecas con fuerza y me saca del despacho pero eso no impide que yo pare de decir barbaridades por la boca.

-¡Te arrepentirás de esto! ¡El karma es muy malo, perra! -todos a nuestro al rededor miran a la loca que llevan a rastras fuera del edificio mientras comentan lo vulgar que soy -¡púdranse todos! ¡céntrense en sus vidas y dejen de mirarme!

Podría callarme, pero mi vida, al igual que yo, somos así, y eso no va a cambiar.

-¡Bruja! -grito a las puertas del edificio, antes de que uno de los guardas me patee el trasero y acabe comiendo tierra -¡que les den a todos!

Sentada en el suelo, con los codos sollados por la caída al suelo, y gritando maldiciones a todo aquel que pasa, es como transcurre mi mañana. Un bonito día.

*********************************************************************************
Aquí está la recompensa como les acabo de decir en el capítulo cinco de viaje para dos, muchas gracias a todos por el apoyo, un besito, les quiere

Patri~


Viaje para dos. Capítulo cinco

Tatiana nos abraza y continuamos nuestro recorrido. Su melena negra alcanza su cintura, su piel es blanca y hace resaltar sus intensos ojos azules, es alta y delgada, pero no demasiado.
Nos da dos besos a ambos cuando nos ve, y rápidamente Mario empieza a contarle sobre ''el chico misterioso'' y hacen preguntas que, en lugar de responder yo, acaban respondiéndose ellos mismos con estúpidas teorías.

Pronto llegamos, subo los escalones de dos en dos mientras dejo a los chicos atrás que siguen hablando sin parar. Mi mirada se desplaza por los pupitres, y alcanzo a sentarme en mi habitual lugar. La pesada mochila impacta contra la mesa creando un pequeño estruendo. Dos chicas rubias están sentadas en la última fila, una de ellas se contempla las uñas mientras la otra le habla. Poco a poco el aula se va llenando, Mario y Tati no tardan en llegar y sentarse en sus lugares.

Mario a mi lado, y Tati un pupitre por delante. La profesora no tarda en llegar, lleva una camisa y una falda de tubo, junto con sus altos tacones negros, es la profesora más joven del centro, su cuerpo es esbelto, mientras que los chicos la desnudan con la mirada, las chicas suspiran, envidiosas por no ser ellas así. Cómo les gustaría a muchas de esas chicas que algún chico le mostrase una mínima parte de atención que le dedican a esa profesora.

Y ya que estamos hablando sobre ella, también hay que dar el pequeño detalle de que da matemáticas, y que por cierto, me tiene cierta tirria, y todo sea dicho, el sentimiento es mutuo.

-Hurley, salga a la pizarra a corregir el ejercicio número tres.

De treinta alumnos, mi apellido siempre es el que reluce, y no en el buen sentido. Maldigo mientras me acerco con la hoja de los cálculos, cojo la gastada tiza que inmediatamente hace manchar mis manos de polvo blanco. Poco a poco la verde pizarra se va llenando de números y cálculos que para alguien que no ha dado clases, le puede parecer algo completamente indescifrable.

-Siéntese, por favor -sonrío satisfecha, al ver que no tiene nada malo que objetar contra mí.

Me he librado, por poco, pero lo he hecho. Un ensordecedor sonido llena la sala, mientras la ronca y gastada voz del director se hace presente.

-Todos los alumnos se deben de reunir en el salón de actos en diez minutos -anuncia, sin decir nada más, dejando a todos perplejos.

El habitual murmullo se hace presente, mientras recogemos las cosas y nos dirigimos hacia el salón de actos.

-¿Qué crees que haya pasado? -murmuran todos en el pasillo.

-¡Justamente teníamos que perder matemáticas! -comentan varios chicos, mientras avanzan indignados.

-Pues yo me alegro de haber podido salir de ahí -susurro a Mario mientras ríe y niega con la cabeza.

-No vas a cambiar nunca, no sé por qué sigues empeñada en que te odia.

-¡Porque lo hace! No son imaginaciones mías, deberías de creerme.

Agacho la cabeza, mientras pasa sus brazos entorno a mi cuello y besa mi mejilla.

-Sabes que estoy de broma, ¡guapa!

-No seas pelota, que no cuela.

Hace un puchero, y luego hace su habitual cara de perro, que es imposible resistir.

-¡Pero mira que eres tonto! Ven aquí -estampo mis labios en su mejilla haciendo un sonoro ruido que lo deja sordo por unos segundos.

-Bruta, que eres una bruta -dice, mientras coloca una mano en su oreja.

-No hablemos de ti y de tus besos...

Tati ríe a nuestro lado, luego me da un codazo, y no hace falta que me diga nada más para saber a lo que se refiere. Rápidamente ambas estampamos otro beso a cada lado de sus mejillas. Mientras se queja irritado, nosotras reímos.

-Mira que sois pesadas.

-¿Dónde está la cosita más bonita del mundo? ¿Dónde está? -le toco el pelo mientras hablo, haciendo como si fuese un perro, cruza los brazos, coge aire, y deja de respirar.

-¡Niño pequeño, niño pequeño! -gritamos ambas a coro hasta que Mario finalmente no aguanta más y se une a nuestras risas.

Y así somos nosotros, los tres mejores amigos del mundo, ¿inmaduros? No, divertidos. Sólo queremos disfrutar la vida ahora que podemos, antes de que sea demasiado tarde para ello.

Llegamos al salón de actos, se encuentra casi lleno, encontramos un pequeño hueco y nos sentamos, ¿que querrán? Juego con mi cabello mientras esperamos, entre tonterías y risas, a que alguien diga algo. En la sala sólo se oyen preguntas sobre qué ha pasado y por qué nos han reunido a todos.

El director sale de la nada y se monta en el escenario, comprueba el micro y se sienta en una silla, no es él quien habla. No hace falta que diga nada, para saber quién es y qué quiere.

¡Brad estaba ahí, justo delante de mí, a unos metros, con un papel en la mano y buscando alguien entre la multitud! Y su vista no tarda en encontrarme, esos ojos negros, ¿qué querrán de mí? Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando su voz ronca suena por los altavoces anunciando algo que yo ya sospechaba.




*********************************************************************************
¡Hola!

Aquí les traigo un nuevo capítulo, espero que me perdonen  porque es realmente corto, pero les he traído otra pequeña historia como recompensa, estoy muy agotada como para tener la mente centrada en escribir, y de todas formas ¡quería dejar con la intriga! ¿que querrá decir Brad? ¿allí, delante de todos? ¡sorpresa, sorpresa! Eso lo podrán averiguar la semana que viene, en un nuevo capítulo de viaje para dos. Muchos besos y mil gracias por leer,  les quiere

Patri~

sábado, 15 de marzo de 2014

Me llaman la gafe. Historia uno

Recorro las calles con la mirada, con la esperanza de divisarlo. ¡Maldito ladrón! Hoy, justo hoy me tenían que atracar. Con los tacones en la mano, me lanzo a correr cuesta arriba, todas las miradas están fijas en mí, ¿quién es la loca descalza, despeinada, y con la falda rota? Y si ha su aspecto le sumamos, que a penas había logrado dormir esta noche, puedo decir que tengo un aspecto terrible. Para empezar, el despertador no había sonado, con las bullas no desayuné, al salir a la calle el viento me despeinó por completo, mientras me pintaba en el taxi, dio un frenazo y hizo que me pintase una línea de pintalabios a lo largo de la mejilla izquierda, después de bajarme enfadada del taxi, tuve que correr con los tacones, haciendo que uno de ellos se partiese al clavarse en una alcantarilla, mientras intentaba sacar el pie, un tipo me robó el bolso, y cuando pude salir, por culpa del impulso caí al suelo, la falda se rompió y manché toda la camisa de barro. Llevo media hora despierta, y ya quiero que acabe el día.

A lo lejos, ya logro divisar aquel enorme edificio, que se hace llamar el lugar donde trabajo, lugar que, por cierto, llego con mucho retraso y una pinta espantosa. ¡Si Juana la loca me viese, diría que soy su hija!

Muchos dirán que es solo un mal día, y que cuando mañana me levante, todo saldrá bien. ¿Saben qué? Se equivocan, y mucho. Cada día, pasa algo diferente, y cada día, es peor que el anterior.
La mirada de la directora es de desaprobación total, era de esperar que no durase ni una semana en el trabajo, ni si quiera sé como pude sacarme una carrera.

-Señorita Russo, preséntese en mi despacho ahora mismo -su voz es exigente, lleva un moño recto, su cabello es rubio, pero lleva tanta laca que su brillo se siente invadido por ella. Porta una falda por encima de las rodillas color gris, una chaqueta negra y unos zapatos negros. Doña estirada me lleva hacia su despacho que, por supuesto, está perfectamente ordenado.

Me hace sentarme en una de las sillas frente a su escritorio, va dando vueltas por el despacho, su cara se estira más conforme me ve, y sus ojos desprenden un odio y una repugnancia al completo.

-¿Por qué se ha presentado tarde y con esas pintas?

-Yo...

-No, no me lo diga -murmura entre dientes.

-¿Entonces para qué pregunta? -abre y cierra la boca muchas veces, sus ojos echan chispas y parece que de un momento a otro va a explotar.

Sí, se me olvidó comentar que tengo el don de no callarme nada, por eso suelo meterme en muchos líos, debería de aprender a callarme la boca, o al menos, a pensar antes de hablar, pero como dije, debería.

-Queda usted despedida -me señala la puerta con el dedo índice, me alza la voz al decirlo.

Me encojo de hombros y camino sin rechistar, supongo que es la costumbre, cuando uno lleva un año siendo despedido de todos los lugares y muchas veces sin aguantar un minuto, se acostumbra.


Pero por supuesto, no puedo salir de un lugar con la poca dignidad que me queda. Doy tres pasos tras salir del despacho, y no puedo continuar más porque mi pie choca contra el otro, haciendo que caiga al suelo de boca. Pero mayor fue mi sorpresa, al comprobar que ya no tenía la falda rota, sino que ahora, la camisa también. ¡Mi sujetador de Hello Kitty ha quedado a la vista de cientos de personas que ríen a carcajadas!


*********************************************************************************
¡Hola!

Aviso de que esto no tiene nada que ver con ''viaje para dos'' ni ninguna otra historia, esto que acabo de decir tampoco es el principio de una. He decidido que voy a subir de vez en cuando pequeñas anécdotas de un personaje imaginario, alocadas y divertidas. Ninguna va a tener que ver con la otra, subo esto porque me gusta, no tengo por qué subir cada semana, ni hay día fijo. Espero que les guste y que les divierta tanto como a mí escribirlas, ¡hasta el viernes! Un beso, les quiere

Patri~  

viernes, 14 de marzo de 2014

Viaje para dos. Capítulo cuatro

Hay momentos en la vida, que deberían de ser eliminados. Uno de ellos, debe de ser el sonido del despertador a las seis de la mañana, malditas clases. Como todas las mañanas, maldigo a quien dijo que los estudiantes debíamos de ir tan pronto a clases, ¿qué clase de mente cruel inventó esa estúpida norma? Y también esa otra de ir de lunes a viernes, con dar clases los sábados y los domingos, basta y sobra. Aunque otra cosa que debería de estar prohibida, ¡es tener que ir a clases en invierno! El frío es insoportable. Pero si tuviésemos en cuenta mi plano para dar clases, directamente no daríamos.

-Buenos días -mi voz suena ronca, camino cegada con los párpados aún a medio abrir hacia la cocina.

-Buenos días -mi padre está sentado en un taburete de la cocina, lee el periódico mientras toma una taza de café recién hecho, su bata color azul, está bastante gastada. En las comisuras de sus labios se extiende una gran mancha de café.

Mientras desayuno, me planteo si sacar el tema, o guardar completo silencio. Finalmente opto por lo segundo, me arreglo rápidamente y tras escuchar el timbre, salgo de casa. Bajo las escaleras al trote y tras abrir la gran cancela de hierro, veo a Mario.

-¡Bombón! -me saluda. Lleva unos pantalones azules ajustados y su camiseta rosa preferida.

-¡Buenos días, guapo! -me acerco hasta él, me da dos besos y un abrazo.

-¿Dónde has estado metida? Desde que saliste de clases no volví a saber de ti. Nena, ya no me cuentas nada.

-No digas burradas, es que he estado estudiando.

Su mirada es de negación total, no me ha creído en lo absoluto. ¡Malditos mejores amigos! No se les puede ocultar nada.

-Nena, no te burles de mi, que sabes que yo de tonto no tengo un pelo -coloca su mano en la cintura mientras lo dice, y con la otra hace gestos de desaprobación -está muy mal que me quieras mentir, que lo sepas.

Suspiro, es completamente imposible mentirle, nota cuando incluso mi hola por un mensaje es distinto, ¡malditos instintos!

-Sabes que puedes contarme lo que sea, soy tu mejor amigo, no te voy a juzgar en lo absoluto -prosigue con su discurso, yo mantengo la cabeza gacha, no le puedo contar la verdad.

-Me estoy viendo con un chico -suelto, casi sin pensar en lo que digo.

Su grito se escucha en un radio de doscientos kilómetros, mientras da saltitos de un lado a otro y mueve los brazos en todas direcciones.

-No grites, Mario. Que vergüenza, todos nos están mirando -pero en lugar de seguir mis súplicas prosigue entre saltitos y grititos, mientras me lanza un montón de preguntas.

-¿Es guapo? ¿Quién es? ¿Lo conozco? ¿Cómo se llama? ¿Va a nuestra clase? ¿Es un chico misterioso? -mi cerebro intenta asimilar tanta pregunta, pero es imposible.

En menudo lío me acababa de meter yo sola.

-Alto, alto, Mario relájate -desde la ''confesión'' no había parado de hablar, su discurso es realmente parecido al del Rey, solo que en este caso, va mucho más rápido, a una velocidad inalcanzable.

-Ya era hora de que te echases novio, nena, ya casi pensaba que eras lesbiana.

Conforme habla, su pluma se va acentuando más, haciendo que más que un chico, parezca una gallina. Finalmente decido ignorar su discurso, hasta que descansa para que el oxígeno entre en sus pulmones.

-¿Puedo hablar ahora? -pregunto, él asiente, mientras hace como si su boca fuese una cerradura, con la que cierra con llave, y tira ésta última.

Mi cabeza da vueltas, ¿le debo dar datos reales de algún chico? En todo caso, no puede ser alguien que él conozca, pero, ¿quién? Tal vez...

-Se llama Elliot, lo conocí a través de mi hermana, es castaño y tiene unos ojos verdes impresionantes, no somos nada, por si lo vas a preguntar -digo en cuanto veo que va a abrir la boca -tampoco sé si tiene novia -le vuelvo a advertir, y cierra la boca.

-Pero... ¿Es guapo? -sus ojos azules brillan conforme habla.

-Que sí, pesado.

-Nena, yo solo me intereso por ti, quiero conocerlo.

-¿Qué? Ni lo sueñes.

-No puedo dejar a mi mejor amiga a la merced de cualquier chico.

-Pero haber, Mario, ¡es que yo no voy a salir con ese chico! No somos nada.

-Pero lo vais a ser.

-¿Por qué dices eso? -pregunto, extrañada.

-Porque a ti te gusta, tus ojos brillan cuando hablas de él.

Suelto una gran carcajada que hace que varias personas de nuestro alrededor se giren para ver qué pasa.

-Es la mayor tontería que he oído en mi vida.

-No tiene gracia -dice mientras me señala acusadoramente, luego se cruza de brazos y sube una ceja en señal de que está cabreado, pero se une a mis risas.

-Es imposible contenerse conmigo.

-Vaya, pero que modesta que eres.

-Lo sé.

-¿Sabes una cosa? Me has quitado un gran peso de encima, pensaba que eras lesbiana y que acabarías con Tati, y después las dos me abandonaríais a vivir vuestro romance.

Vuelvo a reír, aún más fuerte que antes, y las mismas personas de antes se vuelven mientras me miran mal, deben de pensar que estoy loca.

-Retiro lo dicho, esta es la mayor tontería que he oído en mi vida. En primer lugar, no soy lesbiana, en segundo ¡nadie te va a apartar de mi lado! Eres mi mejor amigo, y siempre lo serás.

Me abraza, mientras finge secarse unas lagrimitas, le doy un golpe en el hombro y paramos ante el portal de Tatiana.

En realidad, somos tres amigos muy raros, Mario es gay, y Tatiana es lesbiana, y supongo que, yo soy la distinta para ellos. Nunca me ha dado miedo de que mi amiga se enamorase de mí, tampoco me importa el sentido de sus sexualidades, cuando yo los conocí, ya sabía lo que eran, y eso jamás me hizo echar para atrás. No cambiaría a los mejores amigos del mundo por una estupidez de ésta sociedad.

La mejor amistad no es la más perfecta, sino la más imperfecta y alocada. Y eso, sin duda, lo cumplimos nosotros.


*********************************************************************************
¡Hola!

Siento mucho que sea un capítulo tan corto y aburrido, pero estoy saturada de exámenes finales, y es imposible, no sé ni como pude sacar este pequeño hueco para escribir. ¡Millones de gracias por leer! Intentaré subir la semana que viene, pero si lo hago probablemente sea un capi como este, un besito, les quiere, 

Patri~