La misma pregunta recorre
mi mente una y otra vez, ¿quién es esa chica? Y es que por más que
haya querido aclararme a mí misma de que solo ha sido un espejismo,
o una persona normal, nada de ello tiene sentido. Elliot la vio,
quedando descartada la primera hipótesis, y respecto a la segunda,
todo es confuso, porque ¿desde cuando los seres humanos son tan
perfectos y bellos? Desde siempre, nos han enseñado que la
perfección no existe, y que en tal caso, tiene el nombre de Dios.
Cierro los ojos, personas
a mi alrededor hablan sin parar, susurrando, en voz alta o
simplemente gritando, no me importa. Tan solo quiero evadirme del
mundo, aunque tan solo sea por unos segundos, sentir paz y serenidad,
quiero sentirme como me sentí allí. Pero por más que lo intento,
ni si quiera se acerca.
-Iris -me llama Michael,
lentamente abro un ojo y luego el otro, para contemplar su rostro con
inicios de arrugas -¿estás lista? -asiento, impaciente por poder
llegar a aquel lugar.
Me levanto del sofá y
sigo a Elliot que se encuentra a unos pasos por delante de mí. Antes
he visto su rostro, al parecer tampoco ha dormido, sus grandes y
oscuras ojeras lo delatan, también lo hacen su rostro decaído y sus
ojos rojos y llorosos.
-¿Puedo preguntarte algo?
-la pregunta va para Michael, es tan solo una de las que tanto he
pensado a lo largo de la noche.
-Adelante -murmulla,
amablemente, pero su tono es rechinante.
-Si el futuro puede
cambiar con un simple pestañeo que haga una persona, cualquier
decisión que tomen, ¿cómo vamos a encontrar a nuestros hermanos si
cada vez que viajemos al futuro, estaremos en un lugar diferente, si
nunca podremos regresar al mismo lugar que fuimos la otra vez ya que
ese futuro no volverá a existir, por lo tanto, tampoco al que ellos
viajaron?
Me mira, entre pensativo y
asombrado. La pregunta le ha pillado con la guardia baja.
-Es una pregunta compleja,
pero a la vez sencilla de responder. Simplemente porque nuestros
portales eligen un futuro de entre todos, siempre el mejor, y no lo
cambia a menos que nosotros pidamos otro al azar, y eso, por supuesto
que no lo hemos cambiado. Pasamos años investigando diferentes
futuros hasta quedarnos con el mejor, todos ellos quedan registrados
y podemos volver cuando queramos, de esta forma, podemos coger lo
mejor de cada uno y poder llevarlo todo a nuestro presente para
pasarlo a un mejor futuro, ya que tendremos lo mejor de cada
alternativa, conjunto en uno.
-¿A eso se dedican todas
estas personas? Quiero decir, ¿el único objetivo es ese?
-No exactamente, pero sí
que es uno de ellos.
-¿Y cuáles son los
otros? -mi curiosidad incrementa conforme la conversación avanza,
necesito saciarla, beber para calmar mi sed.
-Eso, es información
confidencial -me mira, con los ojos entrecerrados y una maldad
impregnada y escondida entre sus palabras, que escupe como una
serpiente para envenenar.
Llegamos a la sala, que
está justamente como la recuerdo, tal y como estaba ayer. Suspiro,
mientras Michael prepara todo para poder irnos.
-¿Cuánto tiempo vamos a
estar? -Elliot habla por primera vez desde que llegamos, su voz es
ronca y cansada, confirmando más mis sospechas.
-Una hora.
Ambos nos asombramos, pero
ninguno se niega. Quiero saber más de ese lugar, de esa muchacha,
necesito encontrar respuesta a todas mis preguntas, contemplar ese
lugar, volver a ver la perfección y sentir la paz que ayer sentí,
que solamente allí puedo sentir.
-Ya está todo listo, no
os alejéis mucho del portal y recordad, observad y guardad en la
memoria todo lo que podáis.
Asentimos, entro yo
primero, sintiendo la misma pesadez en el estómago, la negrura que
me atrapa y me consume poco a poco, el mareo y las cosquillas en los
pies. Hasta que toco la suave nieve, lentamente abro los ojos,
cegados por la claridad. Siento un peso caer a mi lado, Elliot se
sacude la nieve y yo entierro mis manos en ellas, suave, fría y
bonita nieve.
Mis ojos buscan
desesperados la figura de aquella chica, y la encuentran, me levanto
rápidamente, sacudo mis pantalones y ando, primero despacio, pero
poco a poco voy acelerando. Noto el sonido de unos pies atrás, y una
mano caliente agarrar mi brazo.
-¿Qué haces? No podemos
alejarnos demasiado de aquí, ¿recuerdas?
-Solo quiero alcanzar el
extremo de aquella orilla -murmuro, mientras tiro de mi brazo,
quedando su mano en el aire, enfriándose poco a poco por el frío y
el espesor de la nieve.
-¿Por qué quieres llegar
allí? ¡Es completamente imposible! El lago está helado, si
intentas pasar probablemente el hielo se quebrajará y acabarás en
el agua helada, quedarás empapada por una hora ¿eres consciente de
lo que viene después?
Suspiro, cambio el peso de
mi cuerpo al otro pie, empiezo a cansarme de él.
-Tú haz lo que quieras,
por mí como si quieres quedarte aquí sentado toda la hora.
Vuelvo a caminar, pero
sigo escuchando sus pasos detrás.
-No te voy a dejar sola.
-No me va a pasar nada, no
soy una niña de la que tengas que cuidar.
-Yo no he dicho eso.
-Prácticamente, lo has
insinuado.
-No, a lo que yo me
refería, es a que esto es cosa de dos, y pienso acompañarte hasta
el final, por muy peligroso y arriesgado que sea.
Su respiración es agitada
mientras lo dice, y una capa blanca nos envuelve cuando ambos
suspiramos.
-Entonces, sígueme
-murmuro, rompiendo nuestras miradas entrelazadas, para seguir
avanzando.
La veo, la siento. Está
cerca, mueve las manos de un lado a otro entre la nieve, construye
pequeños muñecos de nieve, y los destruye, hace un ángel, y lo
borra cayendo sobre él. Y entonces estamos frente a frente,
separadas por unos simples metros de hielo.
-¡Hola! -grito,
intentando llamar su atención. No responde, me mira, su sonrisa es
maligna, y entonces desaparece.
Doy un salto hacia atrás,
asustada, y Elliot repite mi gesto.
-¿Qué ha sido eso?
-pregunta, abriendo y cerrando los ojos muchas veces, para comprobar
si lo que ha visto es real.
-No lo sé -el corazón me
late intensamente, se agita en su pequeño hueco mientras la
adrenalina corre por mis venas, corre, como yo.
Corro entre los árboles,
perdiéndome entre la espesura de la nieve, sintiendo como el viento
roza mi nombre. Está detrás de mí, lo sé, por sus pasos débiles
y ágiles, no como los de Elliot, que son fuertes y estruendosos.
Entonces me doy la vuelta, mantiene la misma sonrisa de antes, que
hace agitar mi corazón aún más.
-¿Quién eres? -pregunto,
sintiendo como cada vello de mi piel se eriza.
-Creo que esa pregunta,
tendría que hacerla yo -tiene un retintín al hablar, su tono es
chirriante para mis oídos, melodioso, dulce, es contradictorio, pero
a la vez maravilloso.
-Soy Iris -mis ojos se
desplazan lejos, donde veo la sombra de Elliot llegar.
Su sonrisa no se borra,
tampoco lo hace cuando Elliot pasa por su lado y coloca su mano sobre
mi hombro.
-¿Y tú? -pregunto,
ansiosa, desesperada por saberlo.
-Deberías saberlo -dice,
alzando una ceja, molesta conmigo y consigo misma por no lograr que
todos sepan su nombre.
-Pues como ya ves, no es
así -Elliot aprieta mi hombro,en señal de que deje de hablar.
No sabemos a quién nos
enfrentamos, o mejor dicho, a qué.
-Soy Asidia, ¿quién es
el muchacho que te acompaña? -pregunta jocosa, y sin saber por qué,
intento taparlo con mi endeble y diminuto cuerpo.
-Soy Elliot -finalmente
dice, haciendo que vuelva a sonreír de esa manera tan fúnebre, y
entonces, vuelve a desaparecer.
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¡Hola!
Aquí les traigo, después de un largo mes, un nuevo capítulo. Siento mucho no haber podido subir, pero ya les dije que me iba a Francia, después de acampada, eso, exámenes y recuperar el tiempo perdido, se me hace complicado. ¡Y ahora esperan las dos peores semanas! No garantizo que suba, porque como he dicho, son las dos peores semanas, tengo que estudiar un montón, no hay día que no tenga examen y no puedo estar pensando en escribir, ni si quiera debería de haber escrito esto. Pero sinceramente necesitaba despejar mi mente, despegarme de los libros y dejar que fluya la inspiración. Intentaré subir pronto, en verano prometo subir más a menudo. ¡Un besazo y mil gracias por esperarme tan pacientemente! Les quiere,
Patri~